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'Elisa K' y los riesgos de la memoria

Elisa es una niña de 11 años que suele pasar algunos fines de semana en casa de su padre. Uno de ellos, un amigo de éste, la viola

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Hay cosas horribles que pasan los domingos. Elisa es una niña de 11 años que suele pasar algunos fines de semana en casa de su padre. Uno de ellos, un amigo de este la viola, pero ella sólo recuerda que le promete una pulsera si deja de llorar. Aquel domingo se le queda pegado como una molestia. 14 años después, el recuerdo vuelve y la golpea.

Elisa K, codirigida por Judith Colell y Jordi Cadenas, ha llegado a la competición de San Sebastián sin hacer ruido, como le toca a un filme como este, que huye del escándalo y apuesta por el riesgo y la honestidad. No encontrarán en él un cine de denuncia directa, ni nada parecido al cine social. Este no es un filme explícito.

Lo que han hecho Colell y Cadenas es un cuento de 70 minutos que parte de un relato de Lolita Bosch, y que funciona como un artefacto minúsculo, a golpe de elipsis, y de una escrupulosa voluntad de estilo en dos tramos: uno para el suceso y la niñez, otro distinto para la llegada del recuerdo a los 24 años.

En la primera parte, la que corresponde a la infancia que transcurre en los primeros 45 minutos de película, Jordi Cadenas asume la dirección y plantea un relato en blanco y negro, contado en off por un narrador en tercera persona, que va anunciando los hechos segundos antes de que sucedan. 'Recuerdo que cuando leí el cuento de Lolita Bosch y llegué a la frase: En cinco minutos Elisa será violada', aquello me golpeó, qué barbaridad, pensé', confiesa el codirector. 'Era fundamental dejar esa narración', estima. Y a la vez, usar el fuera de campo, no enseñar. El resultado es distancia, frialdad y, al tiempo, una emoción en espera, que se va acumulando. Porque luego, cuando toma la dirección Judith Colell, la cosa explota.

Elisa estalla cuando recuerda y, con ella, también lo hace el espectador. 'Tiene un brote psicótico y pasa por muchas fases, primero se desdobla, luego quiere provocarse un dolor más fuerte', explica la actriz Aina Clotet. La dirección cambia radicalmente bajo la mano de Colell. De los planos generales de la primera parte, del blanco y negro y la parsimonia, pasamos al color y a una cámara pegada a la piel de la protagonista. 'Cada parte tiene el estilo muy marcado de cada uno', apunta Colell.

Por si quedara alguna duda: no es una película sobre una violación, sino sobre la memoria. 'Que no lo recuerdes no quiere decir que no sucediera', suelta la codirectora. La frase ya no figura en los carteles de la película, aunque a Colell le gustaría recuperarla. 'La tendencia que tenemos de tapar y no enfrentarnos a los temas en esta sociedad es terrible. Aquí hablamos de este hecho traumático, pero se puede extrapolar', dice. Elisa K. es la historia de 'un olvido y de un recuerdo que resurge', apunta.

En definitiva, una película frágil que habla sobre nuestra fragilidad. Como hizo Poetry, de Lee Chandong, como hizo el filme de Carles Bosch sobre Maragall.

Para la sección oficial, el martes fue un buen día.