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Un español en la jungla del mercado

Manual de supervivencia. Cómo se mueve un director independiente en el principal mercado mundial del cine

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Lo primero que hay que saber para vender una película española en el Festival de Toronto, uno de los mayores centros mundiales de compraventa de filmes, es que no hay que tomarse al pie de la letra las teorías de Michael Moore sobre los canadienses. En Bowling for Columbine (2002), el documentalista estadounidense contaba que en Canadá es costumbre dejar abiertas las puertas de las casas. 'No hay nada que temer', le decían. Nada, en efecto, quizás porque los ladrones están demasiado ajetreados desvalijando españoles como para molestarse en saquear a sus propios compatriotas. A la jefa de prensa de La mitad de Óscar, nuevo filme de Manuel Martín Cuenca (Almería, 1964), le robaron el ordenador el pasado viernes a los 20 segundos de pisar suelo canadiense.

Pero Martín Cuenca no se amilanó. Quizás porque, tras una primera toma de contacto, pudo comprobar en primera persona que uno puede funcionar sin portátil en esta muestra. Y hasta sin móvil: 'Ninguno de los teléfonos que llevo encima funcionan aquí', contaba el director entre risas el día de su llegada, como si, en lugar de un afamado cineasta autor de obras como La flaqueza del bolchevique (2003) y Últimos testigos: Carrillo, comunista (2008), fuera un clon de Paco Martínez Soria perdido entre las decenas de rascacielos de esta ciudad.

Es más, por poder, uno puede hasta venirse a Toronto con el botijo y las gallinas a cuestas. No hay ningún problema. Porque lo importante aquí, lo que no puede hacer uno en ningún caso, es venir sin un agente de ventas internacionales que se encargue de mover tu película. Sin este tipo a tu cargo, tu paso por Toronto podría convertirse en un remake de terror de La ciudad no es para mí. No te enterarías de nada, no te comerías una rosca, sería el caos.

Millón y pico

Pero, claro, cuando lo que vienes a mostrar aquí es una obra independiente de un millón y pico de euros de presupuesto, conseguir un agente de ventas internacionales no resulta tan simple como abrir las páginas amarillas por la letra A. Digamos que es el agente el que te tiene que buscar a ti. En otras palabras: que le tiene que gustar tu película.

La mitad de Óscar, protagonizada por Verónica Echegui, Rodrigo Sáenz de Heredia y Antonio de la Torre, no tenía agente hasta que fue elegida en la sección oficial del festival canadiense, donde se proyecta hoy por primera vez al público. 'Toronto ha sido mano de santo. Sólo por el hecho de venir aquí surgieron agentes internacionales interesados en ver la película. Si no hubiéramos venido, jamás hubiéramos conseguido uno. Mis dos filmes anteriores tenían más presupuesto y no tuvieron', explica el cineasta.

FiGa Films, una agencia especializada en nuevo cine latino, se entusiasmó con la obra de Martín Cuenca. El agente de la película española se llama Sandro Fiorin, un brasileño afincado en Los Ángeles que gestiona tres películas en Toronto. Una de ellas, la mexicana Veranos de Goliat, ganó el sábado el premio al mejor filme en la sección Horizontes de la Mostra de Venecia. Fiorin es, en palabras de Martín Cuenca, 'el hombre que conoce a todo el mundo'. El guerrero que, cual explorador que te guía machete en mano por la selva del mercado, te lleva de las fiestas a las reuniones, y te presenta a un montón de personas. Y también es un hombre con una misión: seleccionar los festivales internacionales a los que debería acceder La mitad de Óscar para conseguir proyección internacional. Y ventas.

'Lo más importante cuando eres independiente es encontrar dónde está tu público. Hay todo un circuito internacional interesado en este tipo de películas. Y el agente es el que te asesora sobre cuál es el adecuado. Desde que he llegado aquí tengo la placentera sensación de estar en manos de alguien que controla cómo se mueve el cotarro del cine independiente a nivel mundial', explica entusiasmado el director.

'En realidad, en Toronto, donde se proyectan casi 400 películas, prácticamente sólo se realizan ventas inmediatas de las grandes producciones. Para el resto de filmes el festival sólo es (que no es precisamente poco) el punto de partida desde el que empezar a posicionarse lo mejor posible los siguientes meses, hasta que llegue el festival de Cannes en mayo', razona Fiorin.

El agente tiene ya muy clara cuál sería la ruta ideal de festivales internacionales por la que debería transitar la obra española, que ya ha sido elegida para participar en la sección oficial de Gijón. 'Piensas en cosas como si sería más conveniente que la película fuera seleccionada en Sundance un festival con mucha atención mediática, pero donde corres el riesgo de pasar desapercibido, o en el menos famoso de San Francisco, el más antiguo del país y con mucho prestigio dentro del cine de autor, donde quizás pueda encontrar mejor su nicho de mercado. Sundance es una muestra más juvenil y creo que el público objetivo de La mitad de Óscar es un poco más adulto. Luego estaría bien pasar por Chicago, Nueva York y Miami, una muestra muy importante para el cine latinoamericano. Tampoco nos podemos olvidar del BAFICI de Buenos Aires', resume.

En todas estas ciudades del mundo podrían tener los próximos meses la oportunidad de seguir las tribulaciones de los personajes de La mitad de Óscar, la historia de un guardia de seguridad de una salina perdida de Almería cuya vida parece consistir únicamente en ir todos los días al trabajo, ponerse el uniforme y mirar al vacío. Pero que sufre en silencio el drama de un amor 'imposible, agónico, difícil de encajar', cuenta su director. 'Una relación al límite de las que sólo pueden surgir en la frontera, donde es más fácil que uno pueda romper los tabúes', añade.

Ahora sólo falta que los espectadores del mundo puedan tener acceso al filme. 'Toronto es el lugar adecuado para encontrar tu público. El sitio desde el que la película parte para encontrar su lugar', añade Martín Cuenca. El cineasta, uno de los miembros más activos del colectivo Cineastas contra la Orden, que reclama que las políticas cinematográficas del Ministerio de Cultura no se guíen sólo por criterios mercantiles, parece sentirse muy cómodo con el tamaño pequeño de su nueva obra. 'Parece que tu siguiente película siempre tiene que ser más grande que la anterior. Pero siguiendo esa lógica perversa puedes acabar convirtiéndote en el hombre más vendido del universo', zanja un cineasta con poco espíritu de vendedor, pero que ha atravesado el océano, pese a su feroz miedo a los aviones, para intentar vender su película al planeta.