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El FBI sale del armario

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J. Edgar

Director: Clint Eastwood
Nacionalidad: EEUU
Género: Drama / Biopic
Reparto: Leonardo Dicaprio, Naomi Watts
Duración: 137 minutos

En síntesis

J. Edgar Hoover entró a trabajar muy joven en el Departamento de Justicia y ejerció de director del FBI desde 1924 hasta su muerte en 1972. A lo largo de su trayectoria, sólo confió en tres personas: su dominante madre, Anna Marie, su fiel secretaria Helen Gandy y su asistente y más que amigo Clyde Tolson.

Comentario

La imagen de J. Edgar Hoover contemplando con cierta envidia desde un balcón el desfile de la victoria de un presidente recién electo se repite a lo largo de este biopic de uno los personajes más siniestros del siglo XX. Clint Eastwood, otra vez en plena forma después de los baches que supusieron Invictus' y Más allá de la vida', se suma con este filme a las crónicas que retratan la historia de Estados Unidos a partir de esos personajes que manejan el poder desde la sombra, y de una manera más efectiva y duradera que los representantes democráticos oficiales, desde el Ciudadano Kane' de Orson Welles a buena parte de las series de HBO.

En una opción arriesgada, Eastwood y su guionista Dustin Lance Blank (responsable también del libreto de Milk', de Gus Van Sant) deciden contar la vida y milagros del director del FBI desde la perspectiva del propio protagonista y así apuntarse de paso a las biografías interesadas en el lado más íntimo de los personajes públicos. Pero, al contrario de lo que sucede a otros biopics tipo La dama de hierro', aquí el director no se deja fascinar por el objeto de su película. A pesar de que el filme deje claro alguno de los logros de Hoover, como el de instaurar la metodología científica en las investigaciones criminales, también lo retrata como el hombre que inoculó el virus del miedo permanente en el ánimo de los ciudadanos norteamericanos para justificar cualquier medida de seguridad y el que utilizó todo tipo de malas artes (esas grabaciones secretas) para zafarse del control político. Eastwood rehúye la biografía lineal y se mueve constantemente adelante y atrás en el tiempo en un vaivén que desvela las contradicciones en las que incurre el personaje pero también su inmovilismo frente a los aires nuevos. Y si el W. R. Hearst de Welles dedicaba su último suspiro a una arcadia infantil imposible de recuperar ni con todo el poder del mundo, el Hoover de Eastwood muere prisionero de esa doble moral de cierta sociedad norteamericana que él mismo ha contribuido a alimentar.

Algunos peros

Pocas cosas chirrían en J. Edgar', la más evidente: el artificioso uso del maquillaje. También hay un momento en que la posesiva relación madre-hijo adquiere un tono Psicosis' peligrosamente autoparódico. Y cuando, próximo a su conclusión, la película se traslada de lo político a lo íntimo, Eastwood se atreve con una de las secuencias más arriesgadas,  por lo sentimental, de su filmografía: la profesión de amor crepuscular entre Hoover y Tolson, que tampoco le funciona del todo.