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Guía para no perderte los mejores festivales que le quedan al verano

Agosto ofrece citas imperdibles lejos de la primera fila mediática. Esto es algo más que una lista de las caras b festivaleras de 2017.

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La Pegatina, en el festival Río Babel. / HARA AMORÓS

Con un coche y una tienda de campaña se podrían recorrer todos los festivales periféricos que crecen como setas justo cuando el verano empieza a dejarse sentir. Las pulseritas de moda ya no están solo en los hoteles todo incluido de Punta Cana; en España hay una nueva moda de turismo asentada desde hace años a la que se apuntan jóvenes -cada vez más jóvenes- y que conjuga música en directo, fiesta y, si hay suerte, parajes con encanto próximos al mar Mediterráneo o a los Pirineos. No es extraño que en algunos círculos surja la duda de si realmente hay tanto público para la ingente cantidad de fechas en estos tiempos en los que la temporada festivalera se estira mucho más que la de la aceituna.

En los últimos coletazos del mes de julio, casi todos los grandes eventos musicales de renombre han terminado: el FIB fue el último en recoger bártulos y apilar los residuos que dejaron atrás las más de 170.000 personas que se reunieron en Benicàssim el pasado fin de semana. El sábado tocaron los Red Hot Chili Peppers -con cifra récord de asistencia- e inauguraron “una nueva era dorada para el festival que queremos que dure mucho”, en palabras de su director, Melvin Benn.

También rompió los números otro de los grandes macroeventos de la electrónica de baile y las nuevas tendencias musicales que precisamente cumple el próximo año su edición número 25. El Sónar reunió el pasado mes de junio a 123.000 personas en Barcelona para ver los directos de Justice, la aparición estelar de Björk en formato dj set o el live de Fran Lenaers. Otro clásico de la capital condal que sopla 17 velas es el Primavera Sound, y quizá se lleva la palma en cuanto a afluencia ya que congrega a más de 200.000 espectadores de 125 países distintos.

Los ha habido también primerizos que nacieron directamente haciéndole competencia al FIB. El pasado fin de semana también se celebró en Madrid el festival Río Babel y sumó a unas 25.000 personas en una fiesta en la que se bailó al ritmo de los directos de Estopa, Amparanoia, Residente de Calle13 o Niño de Elche.

De Cartagena a los Pirineos

Pero mientras quede verano, habrá buenos festivales que viven sin ver la sombra de los gigantes. Este fin de semana termina Pirineos Sur, unas de las citas musicales más longevas del panorama musical, solo quizá por detrás del festival de Jazz de Vitoria, según palabras de Rubén Gutiérrez d'Aster, su responsable de Comunicación. La propuesta conjuga artistas internacionales que profesan ese concepto musical tan amplio como ambiguo que son las músicas de raíz. “Apostamos por la diversidad cultural y lo llevamos haciendo desde el año 92, cuando no había tanta inmigración”, sostiene Begoña Puértolas, directora ejecutiva del festival. No pretende ser un festival folklórico pero sí una muestra de músicas populares evolucionadas con el tiempo gracias a instrumentos como la electrónica.

Al ser un festival largo, de 17 días, huye de las típicas aglomeraciones de los macroeventos concentrados en dos o tres días y ofrece un paraje de inmensa belleza perdido en mitad de los Pirineos, entre las estaciones de Formigal y Panticosa. Su escenario principal flota en las aguas del pantano de Lanuza (Huesca) y tiene capacidad para 5.300 personas. “En los 90 venía mucha gente joven que ahora lo hace en familia; el público cambia mucho, depende de si actúa Diego El Cigala o Crystal Fighters”, sigue Puértolas. Por eso han implementado medidas adaptadas a los tiempos, como dejar entrar gratis a los niños menores de nueve años. El cartel lo completan desde las argentinas Kumbia Queers -esta edición se centra en las músicas de raíz latinoamericana- hasta Franco Battiato o Residente, cantante de Calle13.

La Mar de Músicas es otro de esos festivales sui generis que se celebra en Cartagena (Murcia) este fin de semana. La edición de 2017 también está centrada en las músicas latinoamericanas y su cartel hace un recorrido por distintos estilos y variantes. Destaca, especialmente, el cubano Pablo Milanés, quien se llevó el premio especial de festival y lo celebró con un concierto en compañía de Rozalén, Jorge Marazu y Víctor Manuel. Aunque las entradas se agotaron pronto, Radio3 lo retransmitió en directo en un programa especial conducido por Lara López, exdirectora de la emisora y presentadora de Músicas posibles.

“La Mar de Músicas es, probablemente, el mejor festival de World music de Europa”, subraya la propia Lara López para Público. La programación musical se complementa con otro tipo de actividades culturales que permiten empaparte del país -en este año, continente- invitado. “Hace veintitantos años que hablamos de cómo los artistas hoy apuestan por mezclar las músicas tradicionales con la electrónica”, resalta la conocida locutora; algo que se ve muy bien en las músicas latinoamericanas. No se podría entender, por ejemplo, lo que hacen bandas emergentes de la escena chilena como Gepe sin haber escuchado antes a Violeta Parra, o los nuevos ritmos colombianos sin tener en cuenta a Aterciopelados, sigue. A muchos de estos sonidos “España les ha puesto el micrófono delante casi antes que la propia América Latina”.

Exhibición de break en el festival O Marisquiño.

Pero hay para todos los gustos. Los hay que inician la cuenta atrás desde su página web y aderezan la música en directo y en diferido junto a la cultura urbana y una decena de competiciones de deportes. El O Marisquiño nació como un campeonato de skate pero 17 años después ya se autodefine como “el mayor evento de deporte urbano del sur de Europa” y se celebra del 11 al 13 de agosto en un enclave privilegiado, como es la ciudad de Vigo. Dentro de las competiciones de deportes de acción que acontecen destaca, por lo curioso, una de ellas, conocida como el descenso urbano: una carrera de bicicleta desde las calles del casco viejo hasta el mar, sorteando cuestas y saltando escaleras, grabada por las cámaras que llevan los propios pilotos en el casco.

“Galicia en agosto y especialmente, esta ciudad, es espectacular”, apunta el coordinador del festival, Joako Ezpeleta. “Cada edición vienen unas 200.000 personas, sobre todo familias con hijos que aprovechan para pasar unas minivacaciones de cuatro días y disfrutar de la comida y la naturaleza”, explica. El modelo se aleja completamente de la idea de festival en recinto cerrado porque se abre a la ciudad y en especial a su frente marítimo. Ezpeleta recuerda además que es gratuito y que eso lo hace mucho más asequible y popular. “Vienen desde señores de 80 años hasta chavales que están empezando ahora a patinar”, retrata.

Portugal, precios y cabezas de cartel

Las grandes bandas que encabezan festivales veraniegos suelen dejarse caer, aprovechando la visita a la península, por el país vecino. Portugal y su increíble naturaleza son escenario de multitud de conciertos, por ejemplo los del próximo 16 de agosto, de Foals, Beach House o Future Island. Son los cabezas de cartel del festival de Paredes de Coura, una localidad a una hora en coche del O Marisquiño y de Vigo. Manel, un catalán de 39 años, ha pasado parte de sus vacaciones de verano recorriendo ciudades y escenarios festivaleros, entre ellos el Firenze Rocks (en Florencia) y el Sónar. También estuvo en el pasado Mad Cool viendo a Foo Fighters y les siguió la pista hasta el Nos Alive, celebrado en Lisboa, donde el ex batería de Nirvana y los suyos ofrecieron su directo después de pasar por Madrid.

“A nivel de organización, el Nos Alive estaba mejor preparado que el Mad Cool. Había más oferta, por ejemplo, de comida y bebida, aparte de mejores precios”, comenta desde el otro lado del teléfono. La cuestión económica suele pesar bastante: “Mucha gente prefiere irse al Primavera Sound de Oporto antes que al de Barcelona”, puesto que el cartel acostumbra a ser parecido y los gastos algo menores. Manel ha observado que “tanto el público de unos y otros como el recinto son bastante parecidos”, aunque hay una diferencia clara según el catalán: los grandes festivales de Barcelona “están llenos de guiris mientras que en los festivales de Lisboa hay muchos más portugueses”.

El Cigala, en el festival Pirineos Sur. / JAVIER BROTO

Los directos y el efecto ‘despedida de soltero’

José Manuel Sebastián, locutor de Radio3, habla del “efecto Viña Rock”, que es la repetición sistemática de los mismos nombres en el grueso de los festivales. Critica la costumbre de que los grupos emergentes tanto de aquí como de fuera no hagan giras por salas y se limiten a hacer su aparición por el circuito veraniego: “Solo puedes ir a ver su directo en el Primavera Sound con un sonido infame”. El periodista musical de Hoy empieza todo 2 alza las miras y no criminaliza el mundo festivalero: “Creo que el problema de la música en directo no es que la gente vaya a los festivales pensando que se va de fiesta sino que cada vez se hagan menos giras por salas”.

Para su compañera de Radio3, Lara López, las propias bandas no son las responsables de que ocurra esto. “Hay como tres contratadores que son los que se reparten la tarta de los festivales y eso ya no es música, es un negocio”, y no olvida que ha sido, en ocasiones, el propio público quien ha desprestigiado el circuito de salas, cuando “grupos potentes dan conciertos en Madrid o Barcelona para solo 20 o 30 personas”.

Y bandas como los alcoyanos Arthur Caravan responden: “Hay una gran parte del público que no viene a ver tu concierto en estos festivales, y eso se nota desde el escenario, por no hablar del poco tiempo que tienes para la prueba de sonido y todo lo que hay que reducir el setlist -la lista de canciones-”. El que habla es Toni Blanes, batería de la banda: “Al final se sobre explota el concepto de festival (por su rentabilidad y por ser la feria de Europa) y aparecen tantos que se crea un circuito con el mismo cartel, la mismas condiciones técnicas y la misma tipología de público que parece buscar más el concepto Despedida de soltero que el de disfrutar de las actuaciones”.