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Historias de guerra y dolor

El cine de los últimos diez años ha dado algunas respuestas a los conflictos del mundo tras los atentados

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Veinticinco días después del 11 de septiembre de 2001, la cadena Fox estrenó en EEUU 24, una serie de acción basada en la original premisa de que cada capítulo transcurría en tiempo real. Jack Bauer se convirtió en el prototipo del agente dispuesto a todo con tal de impedir una catástrofe nacional. Lo que el FBI y la CIA se habían mostrado incapaces de conseguir en el mundo real, estaba al alcance de Bauer, entre otras cosas porque la tortura formaba parte de su repertorio. Pero no todo consiste en disparar a alguien en la rodilla. El cine ha ofrecido desde entonces formas muy diferentes de encarar los violentos acontecimientos políticos ocurridos en los últimos diez años.

Michael Moore hincó los dientes en las tripas del poder pero no impidió la reelección de Bush

Ridley Scott (2001)

Rodada antes de 2001, se estrenó con gran éxito unos meses después. La catástrofe de Mogadiscio en 1993 servía como un buen prólogo de lo que ocurriría más tarde: soldados norteamericanos atrapados en una tierra extraña ante un rival inferior pero al servicio de una estrategia fallida. Pero también era un vibrante relato del heroísmo de unos personajes que al final sólo se tenían a sí mismos para salir vivos. En un certero adelanto de lo que ocurriría después en Irak, los soldados terminaban disparando a todo lo que se movía.

Syriana' busca en el petróleo la razón de los conflictos de Oriente Próximo

Michael Moore, 2004

La denuncia de fraude en las elecciones que ganó Bush, la incompetencia del presidente, el belicismo del establishment norteamericano, la invasión de Irak... Moore tocaba todos los palos en un yo acuso audiovisual demoledor que Disney intentó que no se distribuyera. Triunfó en Cannes y fue el documental con mayor recaudación de la historia. Pero si Moore confiaba en que sirviera de revulsivo de un país al que consideraba dormido, se quedó con las ganas. Bush fue reelegido unos meses después.

Tras ver Inside Job', no queda tan claro que fuera el 11-S lo que cambió el mundo

Stephen Gaghan (2005)

El petróleo como ingrediente básico de las guerras secretas de Oriente Próximo. Inspirada, más que basada, en las experiencias del agente de la CIA Robert Baer, la película es un rompecabezas que repasa casi todos los conflictos de la zona, menos el palestino. Su complejidad argumental pretende estar a la altura de un mundo en que no importa lo que los protagonistas dicen, sino lo que hacen. Todos mienten o al menos se guardan unas cartas con las que jugar si la partida se tuerce. La CIA se ocupa de eliminar a un príncipe que cree que sus compatriotas tienen el mismo derecho a la libertad y dignidad que los occidentales. El problema es que no quiere ser un vasallo de EEUU. El atentado suicida final contra una instalación petrolífera se convierte en el reverso tenebroso de esa realidad.

Paul Greengrass, 2006

La primera película estrenada sobre el 11-S asumió un riesgo extraordinario. La historia del secuestro del vuelo 93 de United Airlines que se estrelló en Pensilvania gracias a la reacción de los pasajeros podía dar lugar a muchos tipos diferentes de películas. El británico Greengrass optó por controlar la emotividad del drama y alejarse de excesos patrióticos. 40 familiares de los pasajeros colaboraron en la producción de la película. Una forma de alejarla de la idea que la gente tiene sobre Hollywood fue elegir un reparto de actores desconocidos. Fue muy elogiada por la crítica pero el público norteamericano la acogió con una cierta ambivalencia. Tuvo una recaudación de 31 millones de dólares en EEUU, muy buena dado su coste, pero no masiva. Quizá llegó demasiado pronto para muchas personas.

Kathryn Bigelow, 2009

'La guerra es una droga', dice una frase del periodista Chris Hedges que aparece en el comienzo de la película. Bigelow se sintió tentada de contar una historia centrada en la atracción diabólica que ha supuesto la guerra para los jóvenes de muchas culturas diferentes a lo largo de siglos. En Irak, una unidad de desactivación de explosivos está dirigida por un sargento que nunca parece tener suficiente con el riesgo que asume. Al final, esa adrenalina es lo que lo mantiene vivo. Los veteranos de la guerra de Irak se quejaron de que la descripción era completamente irreal y que esa obsesión no es muy recomendable si tu trabajo consiste en desactivar una bomba.

Sebastian Junger, 2010

¿Adicción? Sebastian Junger y Tim Hetherington ofrecieron una de las mejores visiones del hombre en guerra en este documental rodado en el valle afgano de Korengal. En su libro Guerra, basado en la misma experiencia, Junger cuenta por qué luchan los soldados. 'El combate es un golpe de adrenalina', dice (un soldado). 'Me preocupa que busque eso cuando vuelva a casa, y si no lo encuentro, empezaré a beber y a meterme en problemas. La gente en casa cree que bebemos por todas las cosas malas (de la guerra), pero no es cierto. Bebemos porque echamos de menos las cosas buenas'.

Chris Morris, 2010

Durante años, políticos y periodistas han martilleado la conciencia de la opinión pública con la idea de que Al Qaeda es una amenaza inminente y de la máxima gravedad. Morris adopta una actitud completamente subversiva: ¿qué ocurre si los terroristas suicidas son un grupo de idiotas inadaptados de inteligencia minúscula? Al final, vemos que este mordaz ejercicio de humor negro, o negrísimo, puede acabar de forma trágica. Una bomba sigue siendo una bomba por mucho que el que la lleve sea un imbécil. ¿Pero a fin de cuentas no lo eran también la mayoría de los torturadores de Abú Ghraib? Definitivamente, la idea de que todo responde a un meticuloso plan trazado por las fuerzas del mal está sobrevalorada.

Charles Ferguson, 2010

Políticos y periodistas dicen que el 11-S cambió el mundo. Pero para decenas de millones de personas que han perdido su empleo en todo el mundo a causa de la locura del sistema financiero, la amenaza más letal estaba en otro lado. Pero de ese peligro nadie les avisó.