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‘El Hobbit' convierte a Peter Jackson en el Bilbo Bolsón del cine

El director ha rodado la película al doble de la velocidad habitual para dar al espectador una mayor sensación de realidad al ver el film en formato 3D.

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Después de pasar por mil y un avatares, no es de extrañar que a Peter Jackson lo que menos le preocupe ahora que ha conseguido estrenar El Hobbit: Un viaje inesperado sea la opinión de los críticos -él mismo lo ha reconocido en varias entrevistas-. Las quejas vertidas sobre el flamante estreno de la primera entrega de esta nueva trilogía de la Tierra Media se centran principalmente en la parte técnica, aunque también hay palos para el contenido. Aun así, la peor parte se la lleva ese empeño de Peter Jackson por revolucionar el cine rodando por primera vez a 48 fotogramas por segundo, lo que se conoce como HFR (en español, Alta Frecuencia de Fotogramas).

Lanzarse a la aventura de la HFR ha convertido a Jackson en una especie de Bilbo Bolsón de la industria del cine. El espíritu aventurero de Bilbo nunca fue bien visto en la Comarca. Los hobbits son una raza tranquila, amante de la comida frecuente y en abundancia a la que no le gusta salirse del camino marcado por la rutina y, mucho menos, andar por la Tierra Media en busca de aventuras en compañía de enanos. Bilbo desafió todo eso convirtiéndose en el típico vecino al que unos admiran por su osadía y otros muchos critican por la misma. Algo parecido a lo que le está ocurriendo ahora a Peter Jackson.

Los reproches tienen que ver principalmente con el hecho de que algunos de quienes han visto El Hobbit proyectada a 48 frames por segundo (fps) aseguran que la velocidad de la proyección les provoca mareos. Según explica Miguel Ángel Doncel, CEO de SGO, 'critican que marea por el nivel de realismo que puede llegar a alcanzar'. Puede ocurrir, pero Doncel hace un llamamiento a la paciencia y el optimismo. 'Es algo que está empezando y le queda mucho recorrido'. SGO es la empresa española que ha creado Mistika, programa de suma importancia tanto en el rodaje como en el proceso de postproducción de la recién abierta trilogía.

Se trata de un programa informático que 'permite manipular la imagen en movimiento en muchos aspectos. Coger un vídeo y meterle efectos especiales, colorearlo, montar planos o hacer mejor la estereoscopia para que no maree'. Mistika lleva más de doce años siendo desarrollado por esta empresa española, muy presente en la producción de Jackson desde hace unos años en un camino de ida y vuelta. SGO le proporcionó a Jackson la herramienta y gracias a las sugerencias y necesidades de El Hobbit Mistika ha ido creciendo.

La idea pionera de Jackson de rodar al doble de la velocidad estándar acordada por la industria en 1927 ha obligado a agudizar el ingenio del equipo y a buscar soluciones a los problemas que han ido surgiendo. Todo con el objetivo de ofrecer al espectador unas tres dimensiones mucho más cercanas a la realidad y una experiencia de inmersión en la película hasta ahora desconocida. Para lograrlo su mejor aliada ha sido la cámara Red Epic, usada por duplicado. Todo el metraje de El Hobbit se rodó con dos cámaras, una al lado de la otra, para conseguir capturar la imagen simulando cómo lo hace el ojo humano.

Rodando así, en 3D, Jackson se ha quitado la espina que tenía clavada con El Señor de los Anillos. En 12 años la técnica cinematográfica ha mejorado a ojos vista y no sólo en cuestión de las tres dimensiones, sino también en lo referente a aspectos relacionados con la caracterización. Mientras que Ian Holm podía tardar hasta una hora en colocarse la prótesis con los pies de hobbit, Martin Freeman estaba listo para salir corriendo en cinco minutos.

Otro de los problemas relacionados con el 3D tuvo que ver con la diferente perspectiva de los personajes, que van del metro veinte a los dos metros diez. Lo solventaron usando una cámara habilitada para usar la llamada Slave Motion Control. Se construyeron dos set iguales, pero a distinta escala para poder grabar simultáneamente la misma escena y luego acoplarlo en postproducción.

 

Todo lo que ha rodeado a El Hobbit desde que se planteó la posibilidad de su salto al cine ha sido una auténtica concatenación de problemas e impedimentos que en algunos momentos hicieron temer por la viabilidad del proyecto. Incluso a las puertas del estreno ha habido percances como las denuncias de maltrato animal desmentidas con rapidez por los estudios o las critica al formato.

Los problemas económicos de la Metro Golden Mayer fueron retrasando el inicio del rodaje hasta el punto de que Guillermo Del Toro, que iba a ser el director, tuvo que abandonar. Peter Jackson se hizo cargo de un proyecto en el que siempre había estado involucrado. Había director, había dinero... y entonces llegaron el resto de problemas. Una úlcera de estómago obligó a Jackson a pasar por el quirófano y tomarse unas semanas de baja. Los sindicatos amagaron con una huelga que acabó con un cambio en la ley neozelandesa para asegurarse de que el equipo de rodaje no hacía las maletas en busca de extras más accesibles.

El rodaje empezó a finales de marzo y, de nuevo, más retrasos. Uno de ellos hasta había sido programado para dejar marchar a Martin Freeman para rodar la segunda temporada de Sherlock. Fue un acuerdo previo con el actor británico. Jackson le quería sí o sí como Bilbo Bolsón en El Hobbit. Cuentan que un día viendo la serie de la BBC se le ocurrió proponer a su representante la posibilidad de parar durante tres meses para que Freeman pudiese cumplir con su compromiso como John Watson. Después vino la idea de convertir lo que iba a ser una historia contada en dos partes en una nueva trilogía de la Tierra Media. Decisión que dilató el proceso un poco más.

Al margen de toda la maraña técnica y revolucionaria cinematográficamente hablando que conlleva el estreno de El Hobbit, hay una pregunta que quienes han leído el libro se hacen sabiendo de lo que hablan y quienes no sorprendidos por el volumen temporal alcanzado por la adaptación. ¿Cómo se pueden rodar tres películas partiendo de un libro de unas 300 páginas?

Fácil, haciendo trampa. Para esta nueva trilogía se han rescatado unos anexos escritos por Tolkien para El Señor de los Anillos que ahondan en la historia y leyenda de la Tierra Media contando hechos que ocurrieron cronológicamente al mismo tiempo que la aventura narrada en El Hobbit. Es decir, sesenta años antes de que Frodo Bolsón emprendiera su viaje para llevar el Anillo Único al Monte del Destino.

El Hobbit se remonta a la aventura en la que Bilbo Bolsón tropezó por casualidad con el mencionado anillo. Ejercía de saqueador para una compañía de 13 enanos encabezados por Thorin Escudo de Roble, que marchaban camino de Erebor con el objetivo de matar al dragón Smaug y recuperar la ciudad que una vez fue suya. En medio del viaje, Bilbo se pierde en el interior de una montaña y encuentra un anillo que desde tiempos inmemorables estaba en poder de una extraña criatura llamada Gollum.

Este es el sencillo argumento de El Hobbit, novela que este 2012 ha celebrado su 70 aniversario y cuyo estilo narrativo es mucho más ligero que el de El Señor de los Anillos. Siempre se ha dicho de El Hobbit que es más infantil que su secuela, un cuento para niños. Con esas 125 páginas de anexos utilizadas por Jackson y el resto de guionistas, el director ha conseguido orquestar una película más en la línea y tono de El Señor de los Anillos.

El Hobbit: Un viaje inesperado no es tan infantil como lo es la novela. Dibuja a un Bilbo Bolsón con bastante más presencia que el de tinta y papel (merced a Martin Freeman, todo sea dicho) y descubre un poco más esa historia de la Tierra Media desconocida para quienes no sabían de la existencia de esos añadidos de Tolkien. Estos, además, le han servido de escusa a Jackson para recuperar personajes de El Señor de los Anillos que no aparecían en el texto de El Hobbit. El padre de la trilogía se las arregla para hacer entrar en escena a Saruman, Galadriel y hasta a Frodo. Eso sí, aunque el tono es mucho más elevado que el que traspira la novela, ese sentido de la comicidad que contenía el original no se pierde.

La trilogía de El Hobbit se completará durante los dos próximos años con el estreno en diciembre de 2013 de La desolación de Smaug y en julio de 2014 Partida y regreso.