Publicado: 28.11.2014 12:53 |Actualizado: 28.11.2014 12:53

Ibáñez: "Seguiré dibujando hasta que la mano diga, basta, se acabó"

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A sus 78 años, Francisco Ibáñez, el padre de Mortadelo y Filemón, afirma que no ve el día en que deje de dibujar historietas, porque no sabe hacer otra cosa y no le gusta jugar a la petanca o al tute, por lo que, asegura en una entrevista con Efe, "seguiré hasta que la mano diga, 'Basta, se acabó'".

Entusiasmado con la segunda película de Javier Fesser sobre los disparatados agentes de la T.I.A., Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, Ibáñez reconoce que la edad también se va notando y hace menos álbumes que antes, cuando llegaba a completar cinco o seis en un año, pero todavía hoy "sigue siendo una cantidad disparatada" con respecto a lo que hacen otros autores. "A veces voy a la editorial y digo, 'Mira, estoy ya viejito. Que querría ya empezar a pensar en jubi...', y no me dejan ni acabar: 'Calla, loco'. Y planean este año, el que viene, el otro... A trabajar, a trabajar, a trabajar. Y a veces lo pienso y me digo: '¿Pero qué demonios hablo yo de jubilarme ni qué narices? ¿Qué voy a hacer yo entonces?'", reflexiona un incombustible Ibáñez.

La única exigencia que se ha impuesto a sí mismo ha sido el ser capaz de continuar creando al vertiginoso ritmo al que está acostumbrado, muy superior al de historietistas como Hergé, creador de Tintín, o Albert Uderzo, autor de Astérix y Obélix. "Siempre digo que el día que pase veinticuatro, 48 horas delante del tablero con el papel en blanco sin que acuda ninguna idea, ese día cojo los papeles que tengo delante, le añado otros, cojo los lápices, los pinceles, los pongo todos encima, una cerilla debajo y se acabó", asegura Ibáñez con rotundidad.

Su mano, de momento, no se rinde, aunque reconoce que, tras 58 años dibujando a Mortadelo y Filemón, "encontrar nuevos temas es dificilísimo", si bien continúa creando historias para sus personajes mediante "apretar la cabeza con un diccionario hasta que brota la idea", pues no tiene "musas" que le ayuden.

Pero tal es su fe en estos personajes que expresa su clara voluntad de que las aventuras de Mortadelo y Filemón sigan una vez que él se haya retirado. "Yo no soy como aquel hindú que dice, 'Cuando muera, la viuda a la hoguera conmigo'. No, cuando muera, la pareja que continúe'", afirma con rotundidad, tras asegurar que España es un país en el que "hay muchos dibujantes que hacen maravillas y que saben dibujar mejor que yo", los cuales podrían continuar también su trabajo.

Sin embargo, no ve tan fácil encontrar a un guionista para las futuras publicaciones, ya que son muchos los que se quedan en blanco frente al papel cuando toca escribir un guión, lo cual, según Ibáñez, "es lo principal" y responsable en un 60 por ciento del éxito de cada historia.

Respecto al trabajo cinematográfico de Javier Fesser, cree que ha producido una película "magnífica en todos los sentidos" y, incluso sin su colaboración, ha logrado mostrar el verdadero espíritu de los dos agentes de la T.I.A. "Muchas veces comento que lo que tienen de bueno las historietas mías que gustan a la gente es pensar que se mueven mucho. Los personajes parece que pugnan por salir, por seguir corriendo y escapar de la revista. Aquí consiguen salirse de la pantalla y parece que se están pegando tortas uno con otro en la butaca de al lado", asegura con satisfacción.

Además de Mortadelo y Filemón, Ibáñez tiene otros muchos personajes conocidos por el público, como Rompetechos, el cegato "pequeñajo" al que tiene especial cariño por aquello de compartir las gafas, y explica que uno de los secretos de su éxito está en no cambiarlos en exceso con el paso del tiempo. "Parece una tontería, pero cambiar de indumentaria a un personaje es liquidarlo, es pegarle un tiro, porque la gente deja de reconocerlos(...) Por lo tanto, aquí seguirán vistiendo igual que el primer día y hablando igual que el primer día", sentencia.

Sin embargo, aunque la apariencia pueda ser la misma, advierte que los personajes sí que van adaptándose a los tiempos. "La gente no se da cuenta, porque es un proceso muy lento, pero, si coges un álbum publicado ahora y uno publicado hace veinte años, verás que la diferencia es notable. Y si coges otro del principio, ya no lo conoce ni su padre".

Ibáñez, que como dibujante se ve "regularcillo, tirando a malo" se considera "no una maravilla, pero bastante bueno" como historietista, pues, si Mortadelo y Filemón mantienen el éxito al cabo de casi 60 años, es "porque el guión es bueno".

Así lo creen también sus seguidores, que hacen "colas tremendas" para que les firme sus álbumes o le escriben "cartas fabulosas que me ponen por las nubes", lo que, reconoce Ibáñez, es un permanente estímulo para seguir dibujando.