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"Esta izquierda huele a derechas"

Raffaele Simone publica 'El monstruo amable. ¿El mundo se vuelve de derechas?', donde reflexiona sobre la incapacidad de las fuerzas progresistas para dar soluciones a los problemas de la actualidad 

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El fantasma que recorría Europa se ha convertido en un monstruo insaciable e injusto, que vive de la precariedad de la conciencia crítica de niños asustados. La perversión del asunto es que el bicho no tiene mala cara, que es capaz de eludir la desconfianza de cualquiera, sobre todo, si es suspicacia ideológica. Es un 'monstruo amable', tal y como lo ha descrito el lingüista y ensayista italiano Raffaele Simone (Lecce, Italia en 1944) para referirse a la derecha propia del siglo XXI. Esa que se ha adueñado de todo, con una sonrisa. Incluso de la izquierda.

'Bajo el monstruo amable todo será fluido, divertido, fun. Nadie se sentirá triste, todos tendremos la sensación de estar mejor y más contentos. El monstruo amable no destruye: perturba, comprime, enerva, apaga, atonta. Lo único que hará falta será acostumbrarse a pagar la cuenta (acaso a plazos o con tarjeta de crédito)', escribe afilado el autor italiano en El monstruo amable. ¿El mundo se vuelve de derechas? (Taurus). Ese es el cebo del bicho: un buen plato de entretenimiento, capaz de reconfortar en las satisfacciones e inmune a las injusticias y las desigualdades.

'El electorado tradicional y natural de la izquierda se ha evaporado'

Y una buena maquinaria propagandística bien engrasada, con medidas que camuflen el desastre imparable: unas migas populistas en forma de rebajas de sueldos de los gestores de los bancos que tengan ayudas públicas y ya se ha solidarizado el dolor. Todos tranquilos, porque Rato pasará a cobrar sólo 600.000 euros al año. ¿Le llegará para la hipoteca?

El mito del monstruo amable ha pervertido la definición de bienestar: si antes abrigaba con el bien común, ahora lo hace con el lujo y el ocio. Si antes el bienestar era compartido, ahora es radicalmente individualista. ¿Y alguien ha sido capaz de pararle los pies? No. ¿Ni siquiera la izquierda? Tal y como subraya Simone en el libro, la izquierda ha sido completamente incapaz de entender en las últimas dos décadas qué era el mundo globalizado. Posiblemente, porque ese mundo era un invento ajeno. Sea como fuere, Simone, que es de los autores que grita mucho más por escrito que en persona, aclara que la izquierda no ha podido desmontar la estrategia pop (tan divertida como burguesa) de la derecha.

¿Por qué? 'No sé, quizás la complejidad de los fenómenos de esa globalización y la relativa mediocridad de las personas que han gestionado en estos últimos 25 años la izquierda en Europa'. Esa crisis de la izquierda es tanto ideológica como política, según el profesor. 'Sus ideales se han disuelto. La clase obrera ha desarrollado un proceso de distanciamiento al convertirse en burguesía. Sin que se diera cuenta, el electorado tradicional y natural de la izquierda se ha evaporado incluso en un mundo como el que ha dejado la crisis actual', explica.

'La izquierda no ha elaborado una posición firme sobre inmigración'

En cuanto a la representatividad política de la izquierda 'La gente se ha distanciado de la política, no cree en ella. Ve corrupción, clientelismo y profesionalización'. De hecho, en el libro cuenta cómo la neoderecha se ha aprovechado de este descrédito para limpiar de su discurso político la ideología, considerada como algo antiguo. Pasado de moda. ¿La consecuencia? 'El olor de la derecha se esparce ya por todo Occidente y roza el resto del mundo. Tal y como van las cosas, nadie conseguirá escapar de él', certifica en el ensayo breve.

La izquierda ha tenido oportunidades para replantearse sus orígenes, sus motivaciones y sus ideales. Pero 'ha dejado que se desgasten'. Incluso sus fundamentos más sólidos se han debilitado, paradójicamente: 'Con la inmigración clandestina se reveló la actitud pasiva de la izquierda ante uno de los fenómenos sociales más importantes de los últimos tiempos. Ningún partido de izquierda en Europa ha elaborado una posición firme, articulada y concreta de respuesta. Este es un regalo que ha hecho la izquierda a la derecha, porque la derecha sí tiene un argumento para responder a la inmigración clandestina: respuestas extremadamente brutales y de exclusión'.

Así es como ve Simone a la izquierda, a remolque de la brecha social que abre la derecha desde finales del siglo XX. De la neoderecha dice que ya no es un partido político, sino 'una de las formas planetarias de la modernidad': ubicua, amigable e inaprehensible. Líquida, vaya. Ese buen rollo esconde lo que se conoce, tendencia a la superioridad, la propiedad y la privacidad. 'La derecha reconduce las desigualdades entre los hombres a la naturaleza misma. Las trata como algo inevitable o incluso saludable, porque reflejan una disparidad que está en las propias cosas, no en la arbitrariedad de la Historia. Los que están arriba deben aprovecharse de los que están abajo, porque así son las cosas. Por ello, las diferencias no deben corregirse con medidas de reequilibrio, sino que deben dejarse como están, y si acaso sacarse partido de ellas', declara negro sobre blanco.

¿Considera que la izquierda política se ha alejado de esas actitudes? 'No, esta izquierda huele a derechas, en actitudes y en comportamientos. Espero su renacer, pero tengo miedo porque supone una clase dirigente inteligente, capaz de darse cuenta de la recuperación de lo perdido y capaz de generar ideas de izquierda y a la altura del tiempo', se lamenta.

Sin embargo, Simone recoge velas al hablar de la indignación mundial. Se revuelve, no parece cómodo con la idea de la calle en armas, a pesar de que una de las críticas más airadas que lanza contra la izquierda adormecida es el 'buenismo', la mentalidad de dejar pasar los problemas, la pérdida de radicalidad en sus posturas por miedo a ser tachada de comunista.

'Los movimientos espontáneos son minoritarios, ni siquiera son de izquierdas, son pura manifestación de energía, no tienen tesis ni un programa político, sólo tienen frases contundentes que no son tesis políticas, apenas eslóganes. Ahora el efecto es que los movimientos se han quedado en silencio', comenta con descrédito. 'Esos movimientos pueden dar impulsos. No hay discursos articulados. No tenemos más'. ¿Antes teníamos menos, no? 'Sí. Ahora tenemos energía, pero esta energía tiene que canalizarse en partidos. Reflexionemos sobre sus exigencias. Pero ellos no son una respuesta política'.

Lo que confirma la separación entre la clase política y la calle, porque no parece que alguien haya tenido en cuenta sus reivindicaciones. 'Exactamente. La izquierda está muy alejada de la calle. Es un indicio preocupante, porque quiere decir que los mecanismos de la democracia han dejado de interesarnos y podríamos acabar por no querer partidos', dice subrayando la amenaza de vuelta de los fascismos y las dictaduras.

De todas maneras, el nombramiento de Mario Monti como primer ministro italiano tampoco quedará como el dechado de democracia directa, que reclama Simone para cualquier país. 'Monti no ha sido elegido, pero no hay nada inconstitucional en la decisión', y es que ese monstruo amable sabe jugar hasta con las constituciones (de cualquier país).

'Es un gobierno de derechas, pero responsable, competente, no todas son medidas para aprobar, pero están solventando problemas de hace años. Así que como solución de emergencia va bien. No teníamos otra solución'. ¿Cuándo acaba la emergencia? 'No sé, porque la enfermedad está en el pueblo y si el pueblo no se corrige no tendremos un futuro de cambio e innovación'. Simone no habla en su libro de la capacidad de la izquierda varada para desviar responsabilidades.