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"La izquierda ha regalado su bandera de una forma asombrosa"

El periodista catalán lanza ‘La Maleta de Portbou', publicación bimestral que, sirviéndose de la economía y las humanidades, busca fomentar una mirada crítica y cosmopolita del mundo actual.

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El periodista y filósofo Josep Ramoneda (Cervera, 1949) dirige La Maleta de Portbou, una nueva revista de humanidades y economía con periodicidad bimestral que pretende contribuir al debate sobre el mundo actual y su sentido a partir de dos disciplinas aparentemente muy alejadas, la filosofía —y las humanidades, en general— y la economía. Una relación no siempre bien avenida desde la que tomar distancia para así, explica el filósofo, 'mirar con otra mirada lo cotidiano'.

Una revista sobre pensamiento crítico en tiempos de Twitter, ¿no le parece osado?

Sí, es evidente que es una revista que va a contracorriente, porque, para empezar, requiere de tiempos largos, de una lectura pausada, sobre todo en un momento en el que los mensajes son cada vez más cortos y se nos exige este mito de la competitividad que consiste en hacer muchas cosas en muy poco tiempo. Esta publicación trata de recuperar la idea de que la cosas tienen su tiempo; el tiempo del crear, del pensar, el tiempo de amar o de leer, parece que la gente incluso estas cosas las hace con agenda.

¿Están reñidas la tecnología y la reflexión?

Es evidente que hay una crisis económica que además ha producido una enorme crisis social, pero con esta explicación no basta, es decir, estas crisis son la consecuencia de un gran impacto tecnológico. Los grandes cambios de la humanidad siempre han venido precedidos de un cambio tecnológico que tiene consecuencias antropológicas que terminan por modificar al ser humano; es posible que dentro de varias generaciones el hombre sea capaz de pensar y de leer al ritmo de Twitter, hoy todavía no.

Cada vez es más evidente la incapacidad de los medios a la hora de hacer inteligible la realidad. ¿Es 'La Maleta de Portbou' un intento de explicar lo que acontece?

Buscamos sobre todo invitar al lector a tomar la distancia suficiente como para ver lo que el bosque no le deja ver, tomar la distancia suficiente como para darse cuenta de los cambios estructurales profundos que hay en el mundo, mirar con otra mirada incluso problemas que tienen que ver con la vida cotidiana, no sólo en el ámbito de la política y la economía, sino también sobre cosas que han ido cambiando y que apenas nos hemos preguntado por qué. La familia actual poco tiene que ver con la familia de cuando yo era pequeño, el trabajo no hace falta decirlo, la religión ha pasado del monopolio religioso de la época a una lucha a muerte por el mercado de las almas, estas cosas merecen ser pensadas y esta es un poco la idea de fondo.

¿Cómo surge el nombre?

Sale de una manera muy fortuita, creo que es un título que cuadra mucho con la intención del proyecto; un mundo en movimiento en el que la maleta es a la vez símbolo de la frustación del que se tiene que ir a trabajar a otra parte y de la ilusión del que se quiere ir a dar la vuelta al mundo. Creo que es una buena imagen que representa esa movilidad permanente de un capitalismo volátil y veloz. El acompañamiento de Portbou hace referencia a Walter Benjamin, un personaje que se suicida huyendo de la persecución nazi, que deja en Portbou una maleta cargada de misterio y que tenía entre sus proyectos crear una revista.

¿A que público va destinado?

Esto es muy difícil de saber, el objetivo es crear un espacio público que permita el encuentro entre el mundo más académico e intelectual y una ciudadanía curiosa y con intereses en el pensamiento y en la cultura.

En el editorial hace especial hincapié en la necesidad de unir economía y humanidades...

Esta es una de las ideas que hay de trasfondo en la revista; recuperar la economía para las humanidades. Creo que la economía, fascinada por las ciencias puras, ha querido demostrar que los comportamientos humanos también se pueden analizar en los mismos términos que las llamadas ciencias naturales, lo que ha convertido al ser humano en un dato susceptible de ser puesto en un sistema de cálculo. No todo se explica de modo que sea reductible a términos de interés económico privado contante y sonante, creo que sería bueno que la economía volviera un poco al mundo de las humanidades, que se humanizara un poco.

¿Cuál debe ser en un marco como el actual el papel de la izquierda?, ¿por qué cree que los valores tradicionales de la izquierda se están perdiendo?

Hay una enorme confusión en la izquierda en este momento, la izquierda oficial ha regalado su bandera, que era el Estado de bienestar, con una facilidad asombrosa y se ha dejado arrastrar de una manera en parte sorprendente a los postulados del gran cambio, de la gran revolución conservadora que empezó en los años 80 y que nos ha llevado a este desastre. El problema es que ahora es muy difícil de reconstruir, en este momento en el horizonte europeo la izquierda está totalmente desdibujada, se ha de reconstruir probablemente sobre otras bases y repensar muchas cosas.

¿Por qué pese al aumento de las desigualdades y de la pobreza no bullen las calles?

Este es uno de los grandes misterios, creo que hay muchos factores. Uno, que venimos de un periodo largo de cultura de la indiferencia. Durante los años de la euforia, se fue instalando un proceso de desocialización muy radical, que supuso una ruptura considerable de las redes de proximidad, de ahí la indiferencia y la apolítica. Segundo, las políticas de comunicación de los gobiernos fueron muy alarmantes casi desde un primer momento, quizá con la excepción de Zapatero, de forma casi unánime salieron a decir que la situación era dramática y esto puso a la gente en una situación de miedo y el miedo nunca es movilizador. Y tercero, la falta de un proyecto de izquierda, no hay un horizonte de enganche. Así y todo, me cuesta entender que no haya pasado algo más.

¿Cree que la vía sobernista puede ser una alternativa para salir de la crisis?

En Catalunya he criticado algunas veces que se planteee la independencia como una panacea económica porque, en cierto modo, es una manera de engañar a la gente. Me parece que, como en todo combate político, cada cual intenta pintar su película lo más bella posible, pero creo que hay que ir con cuidado porque sea cual sea el resultado, este es un proceso complicadísimo y en el que, si no acabar por claudicar todos, habrá que tener mucha capacidad de cintura de negociación, entre otras cosas porque no sabemos cuál es el destino, ya que no tenemos una evaluación real de las relaciones de fuerzas y hasta que no tengamos eso, es muy difícil saber el resultado. Por tanto, es un proceso complicado, el factor económico puede haber sido un catalizador pero para mí no es la base principial del éxito del proyecto independentista, creo que hay muchas otras muchas razones que lo explican

¿Qué opina de la postura tan tajante del Gobierno?

El problema del Gobierno es la incapacidad de haber sabido o prevenido antes el problema. Mi opinión es que si un gobierno de este país hubiese jugado sus cartas mejor y aceptado un referéndum en un primer momento probablemente ya lo habría ganado.