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Julia Roberts: 'glamour' sin gracia en Donostia

La actriz estadounidense recibió de manos de Javier Bardem el Premio Donostia a su trayectoria

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Qué chasco. La gran esperanza mediática del Festival de San Sebastián vino con la pila insulsa puesta. Julia Roberts compareció ayer en la sala de prensa del Kursaal luciendo su emblemática sonrisa, pero con la firme convicción de no decir prácticamente nada a los periodistas que abarrotaban el lugar. La actriz no pasó de topicazos del tipo “hemos dejado de mirarnos a los ojos”, en referencia a la era virtual en la que vivimos, o el ya clásico “no me he encasillado” sobre su prolongada y popular carrera, que fue aplaudida anoche cuando recogió el Premio Donostia de manos de Javier Bardem. Sobre el galardón, que reconoce su trayectoria, dejó otra perla: “Es un honor, un privilegio, estoy emocionada y contenta y quiero expresar mi gratitud”, dijo. Qué tiempos los de Meryl Streep, pensamos muchos.

Pero quizás haya una explicación. Puede que algo tenga que ver la película que Roberts y Bardem han venido a presentar al certamen y que los trae en una gira agotadora: Come reza ama, de Ryan Murphy, es una enorme Torre de Babel de clichés en la que la actriz interpreta a una escritora neoyorquina montada en el dólar, Lizz Gilbert, que decide cogerse un año sabático para olvidar un divorcio y un rollete y para, ya puestos, encontrarse a sí misma. El viaje por Italia, India y Bali, donde comerá, rezará y acabará amando otra vez (a un Bardem brasileño, por cierto) es un libro de autoayuda filmado (tal cual, está basado en un best-seller americano), que abusa de los lugares comunes, de la cursilería, del etnocentrismo y de los planos de atardeceres hasta el dolor.

La película no gustó, es un hecho, y quizás por eso el recibimiento en la sala de prensa fue tan blando. Pocos aplausos y dispersos. La cosa no fluyó, e incluso tuvo su dosis de tensión cuando, contraviniendo lo advertido, alguien lanzó una pregunta personal dirigida a Javier Bardem. “¡Cuidado!”, espetó la Roberts, en español. Pero en las distancias cortas, la actriz gana. A un encuentro posterior con unos pocos medios, la actriz llegó con un pantalón cortísimo luciendo las piernazas que hace 20 años asombraron al mundo en Pretty Woman. Amable, y soltando una sonora carcajada cada tanto, Roberts confesó que la decisión de volver a asumir un papel protagonista no fue fácil.

“He estado 19 años trabajando sin tener hijos, así que cuando los tuve, decidí asumir la responsabilidad y vivir esa experiencia a tope”, explica sobre sus cada vez menos habituales papeles principales.

La actriz repasó su carrera, de la que recordó además de Pretty Woman (1990), su aparición en Mary Reilly (1996), de Stephen Frears. “El otro día recordé lo importante que fue para mí ese papel”. También rememoró la etapa de vacío después de Hook (1991). “No hice nada durante dos años, y hubo un tiempo en que pensé que no podría pagar mi alquiler. Me llegaban muchos guiones que no me gustaban, y fue en ese momento cuando aprendí a contenerme, a decir que no. Eso es algo que me marcó y que me enseñó que vale la pena esperar”, dijo. Entonces llegó El informe Pelicano, de Alan J. Pakula, y eso le mostró que “esa era la vía que tenía que seguir”. Quizás todo eso no lo podría hacer hoy: “Creo que ahora no puedes cultivar con tiempo tu carrera como me pasó a mí, ahora tienes que estar todo el tiempo ahí, sin descanso”. Roberts confesó que más que una estrella se considera una chica normal, “como tú o como tú”. “No tengo nada de particular más que un trabajo extraordinario”, insistió.

Además, dejó claro que no se siente encasillada: “He tenido una carrera variada. No creo que haya hecho sólo papeles de chica amable. Es cierto que no he hecho de mala nunca, pero porque me parece que ese tipo de papeles suelen ser menos tridimensionales”, estimó. “Las mujeres que he interpretado parecen más felices de lo que son, y ese es un matiz que me interesa”, dijo.

Ahora bien, aunque Roberts acaba de trabajar en Larry Crowne, la película de Tom Hanks, y admite que tiene un porrón de ofertas, lo suyo nada tiene que ver con el nivelazo en el que se mueve Javier Bardem. El actor, que reconoció que ahora le están llegando “mejores ofertas de fuera de España que de dentro”, confirmó que en octubre empezará a trabajar en la última película de Terrence Malick, “un poeta visual, un humanista”.

Y bueno, a pesar de la poca gracia, de la decepción con la película y las anécdotas insulsas (“Javier casi me atropella durante el rodaje”, dijo Roberts forzando la risa), ambos desataron el necesario fanatismo en un festival que acaba de entrar en su ecuador falto de estrellas y de rock and roll.