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Latinoamérica pone el acento en la literatura

Los autores se quedan con la obra de Mario Vargas Llosa y relegan su ideología 

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La novela, nunca ajena a nuestra intimidad, nunca lejos de nuestra identidad, es un producto que ha de enfrentarse a la Historia. Para el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa , la necesidad de fabular, el nacimiento de la novela, es una rebeldía frente a las carencias de la vida real. El escritor se aleja del mundo para sumarle de lo que carece. Esa es la tarea del escritor que novela, elegir los temas que le son fatales. Y la fatalidad parece no tener ideologías: 'Sus imponentes virtudes literarias me interesan más que sus tristes compañías peperas. Admirar a un escritor del que se discrepa me parece, de hecho, un ejercicio ideológico enriquecedor', explica a este diario Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977).

Para el autor de El viajero del siglo (Alfaguara) la ficción es más fuerte que las declaraciones. 'Lleva demasiado tiempo preponderándose lo biográfico sobre lo bibliográfico. Ya era hora de que se lo dieran; no es una mala idea que el Nobel premie de vez en cuando a uno de los grandes. No mareemos más la perdiz: La casa de los perros o La guerra del fin del mundo son monumentos a la literatura bien escrita', cuenta Neuman.

Ninguno de los autores contactados por este periódico dicen estar cerca de la ideología de Vargas Llosa, pero todos coinciden en que es el más grande narrador vivo en lengua española y algunos avisan de que a este ritmo llegará un punto en que no podremos leer literariamente a los escritores. Guillermo Saccomanno (Buenos Aires, 1948) se alegró de la noticia por la reivindicación narrativa de Vargas Llosa. 'No hay muchas novelas como Conversación en La Catedral, que le moja la oreja a Cien años de soledad'. Además, el ganador del premio Biblioteca Breve de Seix Barral con El oficinista cree que es mucho más interesante Mario Vargas Llosa que Phillip Roth y que 'es interesante que se haya definido políticamente. Puedo no coincidir con él, pero su pasión es indiscutible'.

Nélida Piñón (Río de Janeiro, 1937) destaca que no puede haber otro tipo de consideraciones con el nuevo premio Nobel: 'Con él aprendemos del misterio humano y el significado moral de la narrativa. Creemos en las historias que nos cuenta', reconoce. Para Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) 'si Gabo se implicó, por qué no iba a hacerlo él'. 'Como político fracasó, pero como intelectual es incuestionable. A la gente de izquierdas nos hubiera gustado que se quedara en este lado, pero no se le puede acusar', cuenta el autor de Pero sigo siendo el rey (Salto de Página).

Para la mayoría de ellos el autor de La fiesta del Chivo es considerado un maestro, en la distancia. Elmer Mendoza (México, 1949) dice tajante que 'de todas las aventuras políticas, sólo ha sacado aprendizajes'. 'Es un hombre móvil, capaz de dar muchos saltos con gran elegancia. Y en sus novelas siempre nos ofrece algo nuevo. Para mí la política no tiene interés, yo quiero escribir para siempre como él', asegura el autor de Balas de Plata (Tusquets). En la misma línea camina Xavier Velasco (México, 1964), que aclara que se niega a unirse al 'escepticismo que reniega de su obra por su pensamiento político'. 'Hay una cantaleta ahí afuera que lo tacha de dogmático y lo cierto es que ha tenido la valentía de reflexionar y cambiar. Es un hombre lúcido, amante y marido de la literatura'.

'Es un hombre con los suficientes superpoderes como para que lo mejor de su obra esté por llegar', afirma convencido Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963). Él como Velasco espera con ganas cada nueva novela que publica el escritor peruano-español, y cree que la noticia de ayer 'fue una bofetada de sensatez, para volver a hablar de las cosas que merecen la pena'. 'Mario Vargas Llosa es el escritor que más sabe sobre arquitectura de la novela y me parece que seguiré pensando en él como escritor, a menos que se conviertaen asesino de masas'.