Publicado: 28.01.2016 21:12 |Actualizado: 29.01.2016 07:00

Tom McCarthy: “¿Cómo le dices que no a dios?”

Spotlight, dirigida por el cineasta estadounidense, es una de las películas candidatas al Oscar. Cuenta la historia de los reporteros del Boston Globe que destaparon decenas de casos de pederastia cometidos por curas católicos. Su investigación provocó un efecto dominó que reveló miles de casos más por todo el planeta

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Equipo de investigación Spotlight, del 'Boston Globe'.

Equipo de investigación Spotlight, del 'Boston Globe'.

MADRID.- En enero de 2002 el equipo de investigación conocido como Spotlight del Boston Globe comenzó a publicar una serie de artículos, casi seiscientos, sobre abusos sexuales a niños por parte de 70 sacerdotes católicos y sobre cómo la iglesia había llegado a acuerdos para silenciarlo todo. Meses después, el cardenal Law dimitió de la archidiócesis de Boston y fue trasladado a Roma.

En 2008, 249 sacerdotes habían sido acusados públicamente en Boston, donde se había identificado a 1.476 víctimas. La investigación periodística que se llevó a cabo, meticulosa, profesional, honesta, por momentos también tediosa y cansada, que se mereció el Premio Pulitzer, se muestra ahora en el cine, en Spotlight, esperada y digna heredera de Todos los hombres del presidente y prometedora candidata al Oscar a la Mejor Película. La crítica estadounidense ya le ha concedido su premio.



Dedicada a los periodistas que realizaron aquel trabajo, la película es una llamada de atención sobre la necesidad de un periodismo esforzado y libre, antídoto contra los vicios de buena parte del periodismo moderno, desapasionado, que no pisa la calle.

“Marty Baron (editor entonces del Boston Globe) nos envió un correo electrónico comentando lo importante que es que la gente entienda que la clase de periodismo que se ve en Spotlight es fundamental para nuestra sociedad como estadounidenses. Una prensa libre mantiene controladas a las instituciones poderosas”, dice el director Tom McCarthy.

Spotlight es también una aproximación al infierno que viven las víctimas de estos abusos en el mundo entero. “¿Cómo puede pasar una cosa así?” se pregunta el director de la película. Una de las víctimas de su ficción tiene la respuesta: “Si eres un niño pobre, de una familia pobre y un cura te presta atención, te sientes muy especial, ¿cómo le dices que no a dios?”. Los acuerdos turbios entre la Iglesia, la policía y los políticos explican el resto.

Efecto dominó global

La investigación de estos periodistas provocó un efecto dominó global con unos resultados estremecedores. Poco a poco fueron apareciendo nuevos casos en el país y después en varios otros rincones del mundo. En EEUU desde entonces 6.427 sacerdotes han sido acusados de abusar sexualmente de 17.259 víctimas. Se han descubierto casos en 105 ciudades estadounidenses y en 102 archidiócesis de todo el mundo.

El Papa Francisco, ante el imparable torrente de acusaciones de pedofilia, aprobó la creación de un tribunal para juzgar a los obispos encubridores de los curas que abusaran de menores.

La historia comenzó con la llegada en 2001 al Boston Globe de Marty Baron, hoy editor del Washington Post. Interpretado por el actor Liev Schreiber, una de las primeras cosas que hizo fue pedir al equipo de investigación del periódico que indagara sobre una información que ellos mismos habían publicado en una columna sobre un sacerdote acusado de haber abusado de docenas de niños durante treinta años. Todos sabían que este trabajo significaba un enfrentamiento directo con la iglesia católica, poderosísima en la ciudad, donde estaba la mayor archidiócesis del país. Además, el 53% de los lectores del Globe eran católicos.

Un trabajo meticuloso

“Si vas a jugártela de esa manera para publicar una historia tan importante y tan emotiva, y tan potencialmente perjudicial para la institución de la Iglesia católica, más te vale estar muy seguro de que todo sea correcto”, dice el actor John Slattery, que interpreta en la película a Ben Bradlee Jr., antiguo director editorial adjunto del Globe e hijo de Ben Brandlee, redactor del Washington Post cuando se destapó el escándalo del Watergate.

El jefe de Spotlight entonces era Walter ‘Robby’ Robinson (Michael Keaton en la ficción). Y los periodistas que trabajaban con él eran los reporteros Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams) y Michael Rezendes (Mark Ruffalo). Con ellos estaba también el investigador Matt Carroll (Brian d’Arcy James). Dedicaron meses a entrevistar a las víctimas, a seguir la pista de sacerdotes que de pronto había desparecido de sus puestos habituales, a repasar listas aburridísimas de nombres y direcciones, a convencer a abogados que habían participado en casos de defensa de sacerdotes acusados… y pudieron contar con la colaboración, esencial, de Mitchell Garabedian, el abogado de las víctimas.

Defensa de periódicos y periodistas

Mark Ruffalo y Rachel McAdams son candidatos a los Oscar a Mejor Actor y Actriz de Reparto, y Tom McCarthy aspira a los de Montaje y Mejor Guion Original por Spotlight, una película que muestra uno de los trabajos periodísticos más destacables de los últimos años y que no necesita presentar a sus protagonistas como seres excepcionales. Los reporteros de esta historia son periodistas apasionados de su trabajo, sí, pero sobre todo, trabajadores serios, concienzudos y que no comprometen su profesionalidad por un titular.

“Fue un placer poder pasar tiempo con Marty Baron y entender mejor los apuros por los que están pasando muchos de los periódicos de este país –dice el actor Liev Schreiber-.

De hecho, esa es una de las razones por las que me gusta tanto este guion: es toda una defensa de los periódicos y los periodistas”. Una defensa que estaba en la mente de todo el equipo desde el inicio del proyecto. La propia Nicole Rocklin, una de las productoras de la película, va un poco más allá y se pregunta si esta tremenda historia hubiera salido alguna vez a la luz sin el trabajo de años de estos periodistas, quienes, por supuesto, contaron con los recursos necesarios para hacerlo. “Así que la verdad es que resulta aterrador que equipos de investigación como este hayan desaparecido de las redacciones de todo el país. Tras recortar los presupuestos del modo que lo han hecho, ¿quién va a contar con el personal y los recursos para abordar historias así?”.

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