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El infierno como inspiración

El escritor Daniel Alcoba repasa en un ensayo el "origen y la historia del miedo al castigo eterno"

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Hay muchos infiernos, tantos como maneras de entender la vida y la muerte (y el arte) a lo largo de la historia, desde el viaje iniciático de los héroes grecolatinos en busca de su propia leyenda al castigo divino de la tradición judeo-cristiana, pasando por el infierno en la vida terrenal para aquellos que creen en la reencarnación.

El escritor Daniel Alcoba ha hecho su particular descenso a las tinieblas y ha regresado con Inferno (Zenith), un catálogo tenebroso de profundidades inquietantes y almas en pena.

'¿Por qué nos interesa el infierno? Porque nos sabemos mortales y nos negamos a aceptar la desaparición total y absoluta de nuestro yo consciente. Tendemos a creer que la conciencia individual perdurará después que muramos, ya sea reencarnados, premiados en el cielo o atormentados en el infierno', dice Alcoba.

Quizá sea este el mejor punto de partida para un viaje de estas características: el infierno es algo exclusivamente humano porque el hombre es la única criatura consciente de que su destino es la muerte, lo que le produce pavor. Según Alcoba, 'Es la fuente original del terror, del miedo, del mal'.

El siguiente paso también parece claro: despojar al infierno de las connotaciones heredadas del Cristianismo. Y es que el reino del mal no es ajeno a las religiones: es anterior incluso a la idea de Dios. 'El culto de los muertos es anterior a la devoción y a la creencia en dioses y demonios. Se creyó antes en el infierno o un mundo de los muertos, que en dioses, o en Dios', cuenta Alcoba, que también nos tira abajo dos mitos de nuestro infierno: Satán y el cielo como contraposición.

Sobre el primero, el mismísimo diablo, Alcoba sostiene que 'los infiernos precristianos, el Seol judío, el Hades, Averno o Tártaro de los grecolatinos, el arallu acadio babilónico o el mundo inferior sumerio, no tuvieron nada semejante a Satanás o al diablo. El descubrimiento de los Rollos del mar Muerto demuestran que el diablo cristiano es, sobre todo, una elaboración del tardojudaísmo. El infierno es unos cuatro mil años más viejo que ese rey del mal o comandante en jefe de los demonios'.

Por su parte, la idea de un paraíso celestial como dualidad tampoco existía en los infiernos precristianos, que 'eran comunes para todos los muertos, buenos y malos, con la sola excepción del mazdeísta. Pero incluso este no es eterno sino provisional, aún para los peores pecadores. La eternidad de la pena es rigorismo cristiano'.

No exento de guasa, Alcoba no cree que concepción de infierno vaya a cambiar mucho en el próximo siglo: '¿Almas como cuantos de energía aprisionados en círculos o botellas infernales electromagnéticas? ¿Condenados semejantes a archivos zip que la Divina Gracia decidiera ejecutar o enviar a la papelera del sistema? No creo probable que el misterio de la muerte, que es el del infierno, deje de serlo en los próximos 100 años, aunque para entonces haya cenizas mortuorias de millonarios orbitando la Tierra'.