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"Nunca me han psicoanalizado, soy totalmente normal"

David Cronenberg. Monta un 'menage a trois' en un diván en 'Un método peligroso', filme sobre los orígenes del psicoanálisis que analiza la tortuosa relación entre Sigmund Freud, Carl Jung y Sabina S

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Un sádico y un masoquista se cruzan por la calle con un gato y el sádico dice: '¿Por qué no le azotamos?'. El masoquista responde: 'Miau'. Los amigos de las patologías psíquicas y las perversiones sexuales están de enhorabuena. David Cronenberg (Toronto, 1943) estrena el viernes Un método peligroso, filme sobre los orígenes del psicoanálisis centrado en la relación a tres bandas entre Sigmund Freud (Viggo Mortensen), Carl Jung (Michael Fassbender) y Sabina Spielrein (Keira Knightley).

El director canadiense, cuya filmografía es rica en personajes con desórdenes mentales e identidades escindidas (La mosca, Videodrome, Inseparables, Una historia de violencia...), adapta una obra de teatro de Christopher Hampton, guionista del filme, basada a su vez en un libro de John Kerr (La historia secreta del psicoanálisis). O cuando Freud y Jung ejercían de conejillos de indias de su propio experimento revolucionario: abrir la cámara acorazada del inconsciente para mitigar los desvaríos de coco. Guau.

«Sigmund Freud era muy masculino, divertido y carismático»

Freud temía que Jung convertiría el freudismo en una rama del esoterismo. Jung, por su parte, criticaba que Freud se centrara demasiado en las patologías sexuales. ¿Quién tenía razón?

No era tan sencillo como eso. Freud deseaba con todas sus fuerzas que Jung liderara el psicoanálisis porque las principales figuras del movimiento, empezando por él mismo, eran judíos. El antisemitismo era muy fuerte en Viena entonces. Freud intentaba evitar que el psicoanálisis fuera devaluado, acusado de ser un tipo de misticismo judío. Poner al frente a alguien como Jung, un buen burgués, protestante, cristiano y de origen suizo-germano, neutralizaría esas críticas. Freud hablaba de él como 'su hijo' y Jung llamaba a Freud 'su padre'.

Pero la relación se torció

«¿Quién quiere ver películas sobre vidas sencillas y felices?»

Las diferencias de criterio iban más allá de la teoría sexual, que sólo era una metáfora de sus discrepancias. Freud creía que debemos aceptarnos como somos realmente. Debemos entender lo que somos, en lugar de tratar de cambiarlo por algo diferente. Jung, por el contrario, creía que las personas podían transformarse en algo distinto. Trascenderse siguiendo una vía mística y espiritual. Los temores de Freud se hicieron realidad: Jung se convirtió en un místico, en un líder religioso. Como ateo me siento mucho más cercano a la filosofía de Freud, aunque no pretendo criticar a Jung: hay mucha gente que considera útil su visión del psicoanálisis.

Últimamente ha trabajado mucho con Viggo Mortensen. Cuando recibe un nuevo guión, ¿busca inconscientemente un personaje que pueda interpretar?

No tiene nada de decisión inconsciente, busco a Viggo de un modo muy consciente porque estamos muy unidos. Aunque ahora estoy rodando Cosmópolis [adaptación de una novela de Don DeLillo que se estrenará el año que viene] y Viggo no participa. No haces ningún favor a un actor cuando le ofreces el papel equivocado. Necesitas ser muy honesto respecto a lo que necesita un personaje. Cuando le propuse interpretar a Freud, Viggo manifestó sus reservas. Pero le expliqué que el Freud de Un método peligroso no iba a ser el clásico Freud con aspecto de abuelo estricto, sino el hombre de 50 años descrito por sus contemporáneos como alguien masculino, encantador, divertido y carismático. Viggo empezó a pensar entonces que quizás podía interpretar el papel.

La película, con aires de drama decimonónico, es muy diferente a su cine de tintes fantásticos. ¿No temía irritar a sus fans?

No. Es como si los fans de Viggo no quisieran verle en Promesas del Este porque sólo están interesados en que haga de Aragorn [su rol en El señor de los anillos]. Entiendo que algunos de mis fans sientan nostalgia por mis filmes de terror porque les recuerdan a su infancia. Hasta Guillermo del Toro me dijo: Me gustan sobre todo tus primera películas' [risas]. Lo acepto, pero creativamente no puedo hacer nada para evitarlo.

Su filme parece estar dividido en dos partes: la relación entre Freud y Jung y el romance. ¿La segunda parte aligera la primera?

No. El romance es esencial para entender la relación entre Freud y Jung. Por eso llamo a la película un ménage à trois intelectual. El affaire de Jung con Sabina repercutió en su relación con Freud. Sabina, por su lado, dejó a Jung por Freud, aunque con él tendría una relación intelectual, no sexual.

Ha dicho que hacer cine es una exploración psicológica. ¿Por qué le interesan tanto las relaciones entre poder, sexo y humillación?

Porque soy un dramaturgo. George Bernard Shaw dijo que el conflicto es la esencia del drama. Muchas personas viven una vida sencilla y feliz pero, ¿quién querría ver una película sobre ellos? No creo que mi cine tenga nada de inusual. Los tres términos que menciona son básicos y típicos de cualquier drama.

¿Cuál es su relación personal con el psicoanálisis?

Nunca he sido psicoanalizado, pero sólo porque nunca he tenido ningún problema y soy una persona completamente normal [risas]. Sigmund Freud inventó un nuevo tipo de relación: la que tienen el paciente y su terapeuta. Era algo insólito. Te reunías con un completo desconocido y le contabas los detalles más íntimos sobre tu vida sexual, tus neurosis, tu familia, tu infancia. Una relación fascinante, complicada después por las transferencias: cuando empiezas a proyectar en tu terapeuta las relaciones emocionales que tuviste con otras personas. Todo muy extraño y de alto voltaje dramático. Simplemente trataba de explorar desde un ángulo diferente lo que siempre trato de analizar: la naturaleza de la condición humana.

La obra de Hampton trata temas muy cronenberianos': el cuerpo, el sexo, la muerte. ¿Se reconoció en ella?

Esas cosas, el sexo y la muerte, son temas típicos del drama y de la vida. Me concentré más en los personajes: Freud, su mentalidad, su físico, sus puros, los elementos icónicos que le rodeaban, Viena, Zúrich, las clínicas psiquiátricas, Sabina, cómo se vestía, su trabajo, su percepción. Ese es el material interesante, los verdaderos ingredientes del filme. Lo otro, el sexo y la muerte, no significan nada para mí. La muerte en abstracto no se puede filmar. Nunca pienso en términos abstractos o hago listas de ideas para mis películas. Para un crítico resulta interesante encontrar los elementos comunes en mi filmografía, el análisis a posteriori, pero mi proceso creativo es muy diferente.

Una de las conclusiones del filme es que es difícil brillar sin transgredir las normas. ¿Está de acuerdo?

Los creadores del psicoanálisis eran vistos como peligrosos. Trabajaron transgrediendo los límites sociales permitidos. Era una época muy restrictiva, especialmente para una mujer como Sabina. En la primera escena [cuando Sabina es trasladada a un psiquiátrico embutida en una camisa de fuerza] vemos que su boca está deformada y no puede hablar. Era una mujer luchando por decir lo indecible. Expresar ideas vetadas a una mujer de la época. Romper el tabú. Una mujer tratando desesperadamente de expresar sus sentimientos. De pronto aparece un hombre, el terapeuta, que le pide que le cuente a él esas cosas. La creatividad implica a veces transgredir las normas culturales de la época.

El filme asocia el deseo sexual con la creatividad. ¿Tiene que ver también la creatividad con la represión? ¿Con la necesidad de satisfacer los deseos sexuales de otro modo?

Sigmund Freud decía que la sexualidad es parte del deseo creativo y habló de la sublimación: cuando la energía sexual reprimida se deriva hacia la creatividad. A algunos artistas no les gusta Freud por decir que el arte es básicamente la sexualidad reprimida. Como si no pudieras dedicarte al arte si practicaras el sexo. Simplemente todo viene de la misma energía. La creatividad es algo muy básico.