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"Las monjas me enseñaron a valorar la tolerancia"

Bibiana Aido. Ministra de Igualdad. Lleva la cartera que casi todo el mundo quiere cargarse en un Gobierno lleno de ministros con 20 años más que ella

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Es ministra del Gobierno de España, sí, pero también es la única de su grupo de amigas que no ha logrado cumplir la meta de su infancia. Bibiana Aído (Alcalá de los Gazules, 1977) quería ser periodista televisiva y ha terminado siendo la ministra pim-pam-pum de la derecha, al frente de un ministerio que demasiada gente quiere cargarse a pesar de que 'sólo supone el 0,0029% de los Presupuestos', como ella se encarga de recordar.

'Todas han cumplido sus sueños: la que quería ser arquitecta, es arquitecta; la que quería ser enfermera, es enfermera; la que quería ser abogada, es abogada', relata Aído en su despacho, donde trata de quitarse el corsé ministerial para aportar un perfil amable, gaditano, a esta entrevista.

'Siempre he estado rodeada de gente bastante mayor que yo'

'Mi padre solía filmarme con una cámara Beta pesadísima, mientras yo entrevistaba a familiares y amigos. Me encantaba entrevistar, nunca pensé que me iba a tocar estar tanto al otro lado', asegura Aído, con ciertas reticencias hacia esta profesión que nunca llegó a desempeñar. Todavía sangra por las heridas que le han infligido las reiteradas puyas, generalmente inventadas, desde los medios más conservadores: 'Un amigo periodista siempre me decía aquello de: No dejes que la realidad te estropee un buen titular'; no podía imaginar que se utilizara tanto'.

Aunque su vocación por el periodismo era clara 'de adolescente hasta formé parte de una radio local' la aparcó porque optó por 'hacer una carrera que tuviera muchas salidas': Administración y Di-rección de Empresas en Cádiz.

Aído es miembro del Consejo de Ministros desde que tenía 30 años, cuando la media de edad del Gobierno era de 50. Y se nota: ¿a cuántos ministros se imaginan canturreando en medio de una entrevista el estribillo de una canción de Bebe? Pues a ella no le da corte. 'Siempre he estado en ambientes de gente bastante mayor que yo. Y sigo estándolo. Es algo recurrente, una constante a lo largo de mi vida, estar rodeada de gente mayor', reconoce. 'Yo era la mayor de los resobrinos [primos segundos], pero con quien compartía juegos era con los titos, aunque los llamaba primos, a pesar de que en realidad eran los primos de mi madre', explica, tratando de desenmarañar la madeja de su estirpe.

'Mi padre me filmaba mientras yo entrevistaba a familiares'

Cuando era pequeña, en su Alcalá de los Gazules natal, pasaba con toda la familia el día entero. Era una familia de las de antes, de docenas de miembros con los que se montaban grandes almuerzos en el campo y celebraciones espontáneas. 'En aquella época se iba mucho la luz, y cuando eso pasaba encendían velas y se contaban historias de miedo. Yo me recuerdo muy atenta a ver qué pasaba'.

Esa curiosidad infantil, tan propia de los periodistas, también la llevó al colegio, donde trasteaba con sus compañeras para tratar de colarse en el claustro de las monjas y descubrir qué misterios escondían las hermanas, 'ver cómo era ese mundo'. Sí, la ministra de Igualdad estudió en un colegio de monjas sólo para chicas 'y que conste que estoy totalmente en contra de la segregación en la escuela', del que tiene 'un recuerdo precioso'. Aquellos mujeres le transmitieron 'muchos de los valores que siguen vigentes en mí: me enseñaron a valorar la tolerancia, el respeto, la empatía'. De entre todas aquellas religiosas, que Aído reconoce que no eran nada carcas, destacaba especialmente la hermana María del Amor, 'muy cariñosa y buena, con ese tono de voz que tranquilizaba a todas las niñas cuando surgía una preocupación'.

Aunque para amor, el que le inculcó su madre por los libros: 'Supo cuidar mucho ese aspecto. Fue adecuando las lecturas que me escogía a las inquietudes que tenía en cada edad. De niña me encantaba Peter Pan, luego llegaron los libros de Barco de Vapor, Los cinco, Puck... y gracias a eso sigo siendo una gran lectora'.

En su niñez también fue escritora amateur de cuentos, que guarda como oro en paño junto a las cintas en las que hizo esos pinitos con el micrófono. 'Siempre me gustó escribir, pero nunca lo he hecho tan bien como para pensar que pudiera dedicarme a ello. Aunque tampoco lo hago mal del todo, creo. Si quieres, te dejo uno y me lo publicáis'.