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Muere el etnólogo sin tópicos

Tres días después de su fallecimiento, la familia comunica la muerte del padre del estructuralismo, Claude Lévi-Strauss

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Claude Lévi-Strauss murió durante la madrugada del domingo pasado, pocos días antes de cumplir los 101 años y de una manera muy parecida a la que vivió su vida: con una exquisita discreción. Su familia no comunicó hasta este martes su defunción, casi tres días después del fallecimiento y con un íntimo funeral ya celebrado, tal vez para evitar los honores de Estado que se le venían encima, de los que este legendario antropólogo siempre renegó educadamente.

En 2008, Lévi-Strauss se había negado a asistir a todos y cada uno de los homenajes que se habían organizado en su honor coincidiendo con su centenario, hasta el punto que el mismo Nicolas Sarkozy decidió hacerle una visita a su residencia particular, hecho extremadamente infrecuente, para comunicarle “el reconocimiento de toda la nación”.

Al conocer su desaparición, Francia se volvió a rendir a la evidencia: Lévi-Strauss deja atrás un cuerpo teórico que lo posiciona como el padre de la antropología moderna, el mayor etnólogo del siglo XX y uno de los principales intelectuales. Su principal logro fue el de introducir el análisis estructural, el que Ferdinand de Saussure aplicó a la lingüística, en las ciencias humanas.

Desde sus primeros estudios sobre el terreno en las sociedades indígenas de la jungla amazónica, Lévi-Strauss apuesta por romper la jerarquía que separaba a las civilizaciones primitivas de las occidentales, hallando patrones comunes en todas ellas y apartándose así de una larga tradición etnocéntrica.

“No existe un pensamiento propio de los salvajes, sino más bien un pensamiento salvaje. Se trata de una forma que es propiedad de toda la humanidad, que podemos encontrar también en nosotros mismos, pese a que a menudo prefiramos ir a buscarla en las sociedades exóticas”, dejaría escrito.

La secuencia bibliográfica que forman Estructuras elementales del parentesco (1949), el célebre Tristes trópicos (1952) y los dos volúmenes de Antropología estructural (1958), biblia de tantos departamentos universitarios durante décadas, revolucionará una disciplina que en los cincuenta entra en boga gracias a sus descubrimientos sobre la organización de las sociedades, influidos por las tesis de Rousseau y Durkheim.

Lévi-Strauss nace en Bruselas en 1908, hijo de una familia de judíos alsacianos venidos a menos, que emigrarán pronto a París. Apasionado desde pequeño por las “curiosidades exóticas”, según su propia confesión, se interesará más tarde por las tesis de Marx. De formación filosófica, su fulgurante paso por el mundo académico se vio interrumpido durante la ocupación nazi por las leyes raciales del régimen de Vichy.

Lévi-Strauss huye entonces a Nueva York. Terminada la guerra, volverá a Francia con todos los honores. En 1973, se convirtió en el primer antropólogo en acceder a la Académie Française y fue profesor del presigioso Collège de France hasta 1982.

El antropólogo, poco amante de los focos mediáticos, se distanció de la figura clásica del intelectual francés, negándose a tomar posición sobre asuntos de actualidad en nombre de su autoridad intelectual. Por el mismo motivo, nunca escribió unas memorias y dosificó al máximo sus apariciones públicas. La última se produjo en 2006, durante la inauguración del Museo del Quai Branly, tótem multicultural consagrado a las artes primeras, legado del expresidente Jacques Chirac.

Nostálgico de una época pasada, Lévi-Strauss deploró el desinterés por la historia que marca a la sociedad actual, así como la tiranía del progreso que marca nuestros días. “Vivimos en un mundo al que ya no pertenezco. El que conocí y amé tenía 1.500 millones de habitantes. En el de hoy contamos más de 6.000 millones. Este mundo ya no es el mío”, dejaría escrito.