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Nadie puede con Escarlata O'Hara

Avatar. La venden como la película más taquillera de la historia, pero aún no está entre las 20 primeras de un ránking que lidera Lo que el viento se llevó

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Más rápido, más alto, más fuerte. Parece como si todo lo que rodeara a Avatar sólo pudiera ser descomunal. Primero nos enteramos de que su director, James Cameron, tardó 15 años en rematar la historia. Luego asistimos perplejos a una aparatosa campaña de promoción que presumía de su condición de película más cara de todos los tiempos; eso sí, sin aclarar del todo el precio final de un filme que, según diversas fuentes, podría rondar los 500 millones de dólares sumando el coste de producción y el gasto en publicidad.

El colofón llega ahora en forma de aluvión de teletipos que anuncian triunfales que Avatar se convertirá pronto en la película más taquillera de la historia en EEUU tras recaudar 600 millones de dólares. Superaría así a Titanic (James Cameron, 1997) y a grandes hitos populares como Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939) o La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977).

El filme de Fleming recaudó 900 millones más que el de Cameron

Es cierto que la cinta de Cameron está arrasando en todo el mundo. Y también que nunca antes un filme había superado la cifra de 600 millones de dólares. Lo que no está nada claro es que tenga algún sentido comparar las recaudaciones de dos obras estrenadas con 70 años de diferencia como Avatar y Lo que el viento se llevó sin tener en cuenta la inflación. Tanto sentido como sostener que una persona que gane ahora 600 dólares al mes es más rica que una que ganara 500 en 1939. En efecto, es un sinsentido: el tipo de los años treinta viviría con toda seguridad como un pachá con sus 500 dólares, mientras que nuestro contemporáneo no tendría ni para pipas. O por poner un ejemplo vinculado a la taquilla: la entrada para asistir a una sesión vespertina en 1939 valía diez centavos, mientras que ver ahora Avatar en 3D cuesta 11, 50 dólares (con ese dinero podrían haberse pagado 115 entradas para Lo que el viento se llevó).

Si hacemos bien las cuentas nos llevamos más de una sopresa. El ránking de películas más taquilleras ajustado a la inflación está encabezado por Lo que el viento se llevó, con 1.485 millones de dólares (198 millones de la época). La siguen La guerra de las galaxias, con 1.309 millones; Sonrisas y lágrimas (Robert Wise, 1965), con 1.046; E.T (Steven Spielberg, 1982), con 1.042, y Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956), con 962.

No tiene sentido comparar ambos títulos sin aplicar la inflación

En sexta posición de la lista aparece la película considerada hasta ahora erróneamente como la más lucrativa, Titanic, cuyos 600 millones de dólares de hace 12 años se convierten ahora en 943, una cifra que parece inalcanzable para Avatar. En realidad, cuando el nuevo filme de James Cameron supere a finales de la semana que viene la cifra mágica de los 600 millones de dólares, ni siquiera estará todavía entre las 20 películas que más dinero han dejado en las taquillas de los cines de EEUU.

La distancia millonaria (más de 900 millones de dólares) que separan las recaudaciones de Lo que el viento se llevó y Avatar se refleja también en la repercusión que tuvieron sus estrenos. Aquel al que le haya resultado insoportable el bombardeo promocional de Avatar no se puede hacer siquiera una remota idea del infierno en el que se convirtió la vida de los tranquilos habitantes de Atlanta cuando se estrenó Lo que el viento se llevó, una historia de amor ambientada en un idílico sur durante la turbulenta época de la Guerra de Secesión.

El filme se vio por primera vez en Atlanta, donde trascurre parte de su trama, el 15 de diciembre de 1939. El ayuntamiento de la ciudad, que organizó tres días de festejos, engalanó la ciudad con miles de banderas confederadas. Por si algún ciudadano pensaba alegar estar demasiado ocupado trabajando como para poder ir a la fiesta, el gobernador de Georgia Eurith D. Rivers declaró que el 15 de diciembre sería fiesta en todo el Estado. Según la crónica del evento publicada en The New York Times, miles de personas tomaron las calles en la "manifestación más grande, ruidosa, excitante de la historia de la ciudad".

Pese a este baño de masas, el productor David O. Selznick apostó por un estreno limitado. Sólo 500 de los 17.000 cines de EEUU proyectaron el filme (una cifra que contrasta poderosamente con las 3.452 pantallas en las que se estrenó Avatar). Pero el filme de Scarlata OHara reventó la taquilla: lo vieron la mitad de los estadounidenses que fueron al cine en 1940. En 1941 las proyecciones se extendieron masivamente por todo el país.

Eran otros tiempos. Para bien y para mal. Pocos días antes del estreno de la cinta, los actores negros del reparto recibieron la recomendación de no viajar a Atlanta. Por un motivo sencillo: las normas vigentes entonces en Georgia las Leyes de Jim Crow, agrupadas bajo el lema Separados pero iguales no permitían que negros y blancos compartieron espacios públicos. Los actores negros no podían sentarse en el cine junto a los blancos.

El actor Clark Gable, que interpretaba al galán Rhett Butler, amenazó con boicotear el estreno cuando se enteró, pero la actriz negra Hatie McDanield lo convenció para que no lo hiciera. Quizás porque McDaniel intuía que la justicia poética acabaría poniéndose de su lado: meses después se convertiría en la primera intérprete afroamericana en obtener un Oscar a la mejor actriz por su papel de la oronda criada Mami.