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"Una persona con sangre en las manos no puede ser presidente"

John Banville. Publica en España 'En busca de April', la historia de una joven desaparecida en la Irlanda de los años cincuenta

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El prestigioso escritor irlandés John Banville (Wexford, 1945), premio Man Booker en 2005, se transmuta con mayor asiduidad en su alter ego Benjamin Black, un autor de estilo dinámico, correoso y que llena sus novelas de crímenes y personajes alejados de la moral católica irlandesa. Sólo tres años después de 'El otro nombre de Laura' se publica en España 'En busca de April' (Alfaguara), la historia de una joven desaparecida en la Irlanda de los años cincuenta. En ella transitan, además, personajes oscuros que no dejan de encenderse un cigarrillo tras otro y beber pintas en los pub de Dublín. Banville estará mañana presente en el Festival Getafe Negro.

Las protagonistas de las novelas que firma como Benjamin Black son mujeres: Christine, Laura y ahora April… ¿Es sólo una coincidencia?

Sí, ni siquiera lo había pensado. Las mujeres han sido y siguen siendo víctimas en la Historia. Por eso me interesa, ya que no estoy de acuerdo con la moda de que haya violencia extrema contra las mujeres en las novelas o que los crímenes sean perpetrados por ellas.

En su última novela aborda un dramático caso de desaparición. ¿Es quizá este el peor crimen?

Siempre he querido escribir una novela de crimen sin crimen, y este es el caso que me permite hacerlo más fácil, Mi editor americano incluso dice que no está muerta y aparece en el próximo libro. Por otra parte, desde luego, es el peor crimen. En Irlanda todavía lidiamos con el IRA para que nos digan dónde escondieron a los cuerpos de sus víctimas después de 20 años. Y, por supuesto, el no saber siempre es terrible.

La novela abunda en los secretos que siempre esconden los otros. ¿Es para usted lo más interesante como novelista?

Desde luego la gente escribe novelas para ver qué pueden averiguar de las otras personas. La búsqueda para saber algo de los demás. Y eso es porque los novelistas saben muy poco del ser humano. Yo tengo una amiga en Dublín, cuya vida amorosa es siempre un caos y ella siempre me pregunta qué hacer porque soy novelista. Pero siempre le contesto que yo soy la persona menos indicada, porque puedo escribir sobre la vida, pero no sé nada de ella. No hay más que ver lo que hacen los novelistas con su propia vida.

'Los novelistas saben muy poco del ser humano' ‘En busca de April’ está ambientada en los años cincuenta, una década que, según ya ha dicho usted en alguna entrevista, le parece muy interesante. ¿Qué tiene de especial?


Sí, es especial porque Irlanda no formó parte de la II Guerra Mundial. Se mantuvo neutral. Y por ello no conseguimos el dinero del Plan Marshall, por lo que nos quedamos bastante pobres. En aquella época, como España, Irlanda era pobre financiera y espiritualmente. Y en Irlanda esta es una época casi olvidada, a pesar de haber sido uno de los periodos más terribles que hemos vivido.

¿Cómo el actual? Irlanda también vive ahora una agonía financiera, después del boom.

Bueno, cuando comencé a escribir este libro era el año 2004 y todo el mundo era rico. Los irlandeses tenían más dinero que con el que hubieran soñado jamás. Pero es verdad que algunos sabíamos que esto no iba a durar. Las casas, los coches, los bienes… era todo tan caro, que era ridículo. Por eso sabíamos que era una burbuja. El problema es que nunca vamos a volver a ser como éramos en los cincuenta, ya que en aquella época no sabíamos lo que era ser libres puesto que la Iglesia nos tenía agarrados por el pescuezo. En ese momento la Iglesia lo gestionaba todo, la vida estaba gestionada por ella.

En este libro muchos personajes se toman a la ligera los preceptos de la Iglesia católica en esa época. Por ejemplo, April aparece retratada como una mujer libertina, bebedora… ¿Es una crítica a los principios del catolicismo más fundamentalista?

No, no tenía intención de criticar a la sociedad irlandesa. Pero sí hablaba de personas buenas y reales que se unen en unidades como la familia, la Iglesia… Eso es todo.

¿El hecho de que la Iglesia católica ya no suponga un yugo como en los cincuenta explica esa burbuja económica que vivió Irlanda? En ‘La ética protestante y el espíritu del capitalismo’, Max Weber apuntaba ese razonamiento.

Sí, bueno, Oscar Wilde dijo que EEUU pasó de la barbarie al liderazgo sin ninguna periodo de civilización entre medias. Y nosotros pasamos de la extrema pobreza a la riqueza extrema y tampoco hemos tenido este periodo intermedio.  Quizá es este periodo lo que nos va a traer la crisis. La gente va a sufrir, de hecho, ya está sufriendo, pero quizá el sufrir no sea algo tan terrible. Eso es lo que pienso en mis momentos más optimistas: la llegada de un periodo en el que ni seremos extremadamente pobres ni extremadamente ricos. Eso sí, en mis momentos más pesimistas creo que estamos todos acabados. Por otro lado, hay otra cosa de la no se habla ahora en Irlanda, pero hay que recordarlo. Hay que pensar en la guerra del Norte de Irlanda. Desde finales de los cincuenta hasta los noventa fueron tiempos terribles. Fue una guerra que hizo muchísimo daño a la sociedad del norte y del sur de Irlanda. Teníamos un sentido muy desarrollado de la santidad de la vida humana, pero el IRA y sus seguidores destruyeron este sentido. Psicológicamente, acabaron con nosotros. Ahora esto se terminó y quizá podamos llegar a cierta normalidad, aunque el antiguo líder del IRA se va a presentar a la presidencia de Irlanda y muchos de los jóvenes van a votarle porque no saben lo que fue.

Pero los acuerdos de Irlanda significaron el pacto para transitar por la vía política.

Sí, desde luego. Y eso no se puede discutir. Pero la gente de mi generación no olvida lo que hizo el IRA. Y alguien que tiene tanta sangre en las manos no debería llegar a ser presidente. Por supuesto, usted tiene razón: está dentro del sistema político y no utiliza las armas. Pero, aún así no puede hacerlo.

Usted abre también el debate sobre lo frágil que es la memoria ciudadana. En España es un tema siempre candente.

Tenemos que seguir avanzando. Y eso significa un cierto ingrediente de olvido. Hacer ver que olvidamos. Pero usted ya sabe: siempre hay que acordarse de los crímenes. Eso es lo que nunca se puede olvidar.

Con respecto a los años cincuenta, en esa época fue dónde también empezó la era actual: el consumismo, el capitalismo, el individualismo. ¿Mirar hacia ella es mirar hacia nuestros orígenes para entendernos?

Sí, de ahí es donde venimos. Pero esta mirada a los cincuenta no está ocurriendo en Irlanda. Sin embargo, lo cierto es que en esa época nosotros en Irlanda no éramos libres. Estamos sometidos a la Iglesia.

'Mis libros tienen más éxito en España que en cualquier otro país'

Como España.

Sí, lo recuerdo porque yo estuve aquí en los sesenta, y para mí era como Irlanda. Existía la misma tensión. Vosotros sois latinos, pero la atmósfera era tensa.

¿Y ahora sigue viendo parecidos a los dos países?

Sí. Tenéis la misma crisis financiera, tuvisteis el mismo boom inmobiliario y compartimos una herencia católica. De hecho, mis libros tienen más éxito en España que en cualquier otro país. Los españoles veis el lado oscuro de la vida.

Es cierto. Benjamin Black es muy conocido en España. ¿Ha fagocitado a John Banville?

En España creo que sí.

¿Y ha arrasado el estilo dinámico de Black con el estilo más cuidadoso de Banville?

No creo, pero no lo sé. Aunque sí que me importaría que esto sucediera, ya que Banville hace cosas que Black no puede hacer. Creo que Benjamin es mucho más irlandés como escritor que Banville.

'Ahora es un momento de miedo, pero pronto volverá la avaricia'

En Irlanda, por otro lado, hay un gran boom de novela negra. ¿Es una moda? ¿Es debido a los funestos momentos económicos?

No. Nadie entiende este boom. La novela en general está en problemas ya que es muy difícil, hacer algo que no se haya hecho hasta ahora. Y creo que los lectores se están dando cuenta de que la novela negra sí está yendo por nuevas direcciones. Lo curioso es que, como Benjamin Black, nunca sé lo que estoy haciendo; sin embargo, como John Banville lo tengo todo controlado. Black puede hacer lo que quiera y, como ya sabemos, no hay cosa más terrible que la libertad. Cuando yo comencé a escribir pensé que lo controlaba todo, pero cuanto más mayor te haces, la edad no te da sabiduría sino que te trae más confusión.

¿No le preocupa perder el prestigio que tiene como John Banville a favor de Benjamin Black, menos considerado por la crítica ya que es un escritor de novela negra?

Sí, pero yo hago lo que hago. Cuando comencé a escribir como Benjamin Black llegué a acuerdos conmigo mismo para no caer en clichés y no hacer el típico libro de Agatha Christie. Quería hablar de gente real y situaciones reales. El problema es que puedes tener una novela con un crimen, pero no puedes tener una novela negra sin crimen, con lo cual ahí la libertad está más limitada. Pero es interesante, ya que siempre se necesita trabajar con unas normas. Stravinski dijo: vivo con normas y por eso soy libre.

Y eso es lo que dijo Hobbes también.

Oh sí. Y yo soy bastante hobbiano. Tengo un amigo en Irlanda que dice que la vida la mueve el miedo y la avaricia. Ahora vemos que es el miedo el que está subiendo, pero veremos como la avaricia vuelve pronto a tomar el control.