Publicado: 15.10.2014 07:00 |Actualizado: 15.10.2014 07:00

El placer 'salvaje' del estallido de ira

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En medio de una realidad en la que mandan las desigualdades y las injusticias, donde la presión cada vez es mayor y  las tensiones nos llevan al límite, perder el control puede ser un 'monstruoso' placer. Explotar, dejarse llevar por un arrebato de rabia, con su consiguiente dosis de furia, es un remedio excelente para rebajar los niveles de irritación personal y social. Afortunadamente, todos intentamos no llegar a estos excesos... O casi todos. Los personajes de Relatos salvajes, la nueva película del cineasta argentino Damián Szifrón, se entregan a ese gozo prohibido de la explosión y la ira. Son ataques que hacen brotar una risa curativa que también relaja el cabreo general. "La empatía con los personajes es casi inmediata", dice Ricardo Darín, que interpreta a uno de ellos. "Al fin y al cabo -añade-, ¿quién no ha tenido o ha soñado con un día de furia?" Leonardo Sabaraglia, Erica Rivas y Darío Grandinetti protagonizan otros de los cuentos.

"La risa es el último espacio de libertad y te mantiene a salvo, porque partir la cabeza al otro tiene consecuencias. Al fin y al cabo, una de las funciones del cine es transformarte por dentro", afirma el guionista y director, Damián Szifrón, que fue escribiendo las historias que componen su película a golpe de humor negro y de realidad. "Cada conflicto nació de un momento de verdad. Un día iba manejando por la ruta y un imbécil en un Audi poderoso y caro se me pega detrás y me pone las luces. Me moví, él me pasó, me insultó, aceleró y se fue. Y yo pensé en lo que le haría si pinchara la goma y se quedara parado un poco más adelante... Y yo fuera una especie de malo..."

"El sistema ha dejado demasiado en evidencia que no se había ideado en beneficio de la mayoría"El imbécil del Audi es Leonardo Sabaraglia... El otro es cualquier de nosotros. Y así funciona toda la película, cada una de sus historias, es el mecanismo que mueve los engranajes de Relatos salvajes. Apadrinado por uno de sus productores, el cineasta Pedro Almodóvar, el filme de Szifrón presenta, aunque su forma sea la de episodios independientes, cierta coherencia. "Estamos en el final de alguna era. El sistema ha dejado demasiado en evidencia que no se había ideado en beneficio de la mayoría y con la película trazamos una especie de círculo que tiene que ver con ello".

Un recorrido con paradas para tomar aire, coger nuevo impulso y seguir hacia delante. Tras el desahogo personal con el cretino rico de la carretera, Szifrón te brinda la posibilidad de vengarte del propio sistema. Es el momento Darín y su personaje del ‘bombita', un tipo que, impotente ante los desmanes burocráticos, estalla en un glorioso momento de cólera.

"Es una de las historias más verosímiles. Tiene demasiada conexión con la realidad -reconoce Darín-. Es difícil no empatizar con el personaje, porque todos hemos sufrido ese avasallamiento, esa imposición de la burocracia en nuestras vidas. El personaje nos representa, porque ¿quién no querría reaccionar así? Aunque, en la realidad, lo normal es que estemos todo el tiempo midiendo las consecuencias de nuestros actos".

"Sé que podríamos evolucionar, lo que pasa es que estamos involucionados respecto a nuestro potencial""La energía se va transformando de un relato a otro, se va heredando el estado anímico del anterior", declara el director, a quien le parece "lógico" en ese devenir "ir hacia un nuevo comienzo. Por eso, al final están esos Adán y Eva, esa historia en la que vemos cómo se cae la institución del matrimonio y se abre un espacio para un nuevo comienzo. Es la civilización que va colapsando y permite que aparezca lo salvaje reprimido".

"Los gobiernos ahora usan el sistema para salvar a los bancos, crean guerras para favorecer el negocio armamentístico, provocan crisis para sacar un puñado más de riqueza... Así es difícil seguir adelante y se provocan pequeños estallidos de violencia", concluye el director, que hace notar que su película no tiene nada que ver con el psicodrama, y que, tal vez, la risa que provocan sus relatos sea "una forma de venganza".

"En realidad me considero un humanista, siento fascinación por la obra del hombre, y todo lo que puedo criticar tiene que ver con la conciencia que tengo de que el mundo podría ser mejor -concluye-. Sé que podríamos evolucionar, lo que pasa es que estamos involucionados respecto a nuestro potencial, pero hay una potencialidad constructiva".

El actor argentino reconoce que interpretar el tipo rico que va avasallando por la carretera con su deslumbrante Audi es "lo más salvaje que hice nunca". Y, dice, que es algo que "tiene que ver con el humor como metáfora y con el arte como alternativa para explorar. La risa es algo liberador".

"Como espectadores tenemos tendencia a conectar con el débil", añade el actor, que en el relato que protagoniza pasa de ser el villano a convertirse en la víctima. "Al principio, el relato te conecta con el placer de viajar, de estar en contacto con la naturaleza, que es lo que queremos disfrutar aunque no podamos, porque pasamos el año en la ciudad. Te conecta con ese punto de vista, pero luego el personaje hace cosas que tú no harías y eso genera una incomodidad en el espectador. Después reaparece el otro, que antes fue víctima y ahora es un ser amenazante..."

 

"Uno todos los días va tropezando con los obstáculos que le plantea el sistema", dice Ricardo Darín que, en su papel del ‘Bombita', se enfrenta justamente a esos problemas. "Occidente se ha trazado de esta forma y los de las grandes ciudades estamos más intoxicados por este tipo de cosas. En general, hay mucha desidia, hay demora en los trámites, protestas generalizadas... Creo que con los personajes de Relatos salvajes conseguimos la liberación a través de la ficción. Esos personajes hacen lo que en realidad todos queremos hacer".

"Todos los relatos tienen algo de los indignados", continúa el actor, que opina que cada historia "nos pega de una manera, pero en general, todas son una respuesta a la necesidad que hay  de no aceptar las reglas que otros determinan. Los elementos de la sátira y lo grotesco se apoyan en ello. Y en esta película nos burlamos justamente de esas reglas".