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El Premio Nobel da voz al poeta del silencio

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Tomas Tranströmer huye de las palabras. Huye del murmullo y del bullicio. Se recluye en su silencio, en su escritura y en su piano. Contra el barullo se refugia en Haydn. Después de 'un día negro' sus manos se deslizan sobre las teclas, y le devuelven la calma. El nuevo Premio Nobel de Literatura, que suena con fuerza desde hace años, también escapa del ruido que hacen todos los que se le acercan con palabras y sin lenguaje. Sólo puede ser en el silencio y, sin embargo, ayer levantaba el mayor alboroto que se podría imaginar este psicólogo sueco de oficio. 'Contento' y 'emocionado', 'no creía que podía llegar a vivir esto', reconoció su mujer, Monica, a medios digitales suecos desde su casa de Estocolmo.

El poeta de 80 años de edad es un maestro de la claridad, la sencillez, la austeridad, la concreción pasada por el filtro de las vanguardias, devoto del haiku y las metáforas escritas desde lo cotidiano. Sus poemas tratan la necesidad que el individuo contemporáneo tiene de acceder a una naturaleza que le es vetada. La Academia reconoció ayer a uno de los poetas más influyentes del siglo XX, porque 'a través de sus imágenes condensadas y traslúcidas nos ha dado un acceso fresco a la realidad'. Ha sido traducido a más de 50 idiomas (desde el ruso al árabe, pasando por el tártaro, el chino, el persa e incluso el esperanto) y eso le hace ser 'uno de los poetas vivos más traducidos del momento', añadió Peter Englund, secretario permanente de la Academia Sueca.

Sus poemas tratan la necesidad de acceder a una naturaleza vetada

Tranströmer viaja solo. Y escribe desde el silencio. Siete años después de que sufriera un ictus que le paralizó la mitad derecha del cuerpo y le provocó una afasia, que afectó a su capacidad para hablar, trazó un poema que descubre sus intenciones e intereses: 'Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,/ parto hacia la isla cubierta de nieve./ Lo salvaje no tiene palabras./ ¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!/ Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve./ Lenguaje, pero no palabras'.

En una improvisada rueda de prensa frente a su vivienda, el autor señaló que 'sobre todo deseaba que esta vez el premio fuera para un poeta', informó la agencia de noticias DPA. 'Seguro que Adonis se lo merecía', dijo ante la presa en referencia al autor el sirio-libanés que siempre aparece en lo más alto de las apuestas.

Martín López-Vega: 'Sigue una tradición con una poesía nada enjoyada'

Hacía más de 30 años que la Academia no distinguía a un sueco con el Nobel de Literatura. La última vez, en 1974, se armó una gran polémica después de premiar a Eyvind Johnson y Harry Martinson, cuando ambos formaban parte de la institución.

Tranströmer cuenta con una obra poco extensa, pero de una variedad extraordinaria. Y eso le ha convertido en uno de los poetas más influyentes del siglo XX. Incluso el propio Joseph Brodsky, Premio Nobel en 1987, reconoció haberle copiado alguna metáfora. La Academia sueca no concedía su premio, dotado con diez millones de coronas suecas (1,1 millones de euros), a un poeta desde el año 1996, cuando reconoció a la polaca Wislawa Szymborska.

Pero a diferencia de esta autora, de la que no había nada traducido cuando fue premiada, hoy los lectores podrán leer en castellano toda la poesía de Tranströmer. Hace un año la editorial Nórdica puso fin a un ostracismo inexplicable, que alejaba la obra del sueco de los lectores en castellano; la breve antología lanzada por Hiperión en los noventa no era suficiente. Con las selecciones El cielo a medio hacer y Deshielo a mediodía, se pone fin al silencio de un autor universal. De hecho, el poeta más traducido en EEUU después de Pablo Neruda es Tomas Tranströmer, comenta alegre Diego Moreno, editor de Nórdica, a este periódico. Ayer por la mañana valoraba si reimprimir 5.000 ejemplares de cada título o menos. Le parecía demasiado arriesgado, incluso para un Premio Nobel... de poesía.

'Se aleja del lenguaje burocrático', dice Rafael Espejo

Rafael Espejo (Córdoba, 1975) es uno de los poetas en los que Tranströmer ha dejado su impronta. 'Su renovación estilística es fruto de su experiencia personal y de una fe ciega en un lenguaje que sondea los estratos de la individualidad con palabras sencillas, alejándose así de ese otro lenguaje burocrático, periodístico o político que reduce a las personas a cifras dentro de otras cifras', explica. Y destaca el tono confesional y misterioso, cotidiano y surrealista, exacto y metafísico de sus poemas.

'Justamente, que el cielo sea tan gris/ hace que la misma tierra empiece a brillar:/ las paredes con su verde arisco,/ la tierra de barbecho, oscura como pan de morcilla', escribe en el poema Noviembre con matices de noble abrigo de piel y es un buen ejemplo para mostrar la relación con la naturaleza salvaje y extrema en un país nórdico. A nuestros ojos, términos exóticos de un mundo extraño; a los ojos de sus coetáneos, una traición a la contemporaneidad por el cariz evocador y mágico de su lenguaje.

Martín López-Vega (Asturias, 1975), poeta y traductor, asegura que es el poeta más destacado de la generación de Joseph Brodsky y Seamus Heaney. 'Tiene lo mejor de la ironía y de la literatura nórdica', dice, y destaca que mantiene la tradición modernista para crear una poesía nada enjoyada. 'Es un poeta sin moldes, adapta la forma a lo que quiere contar y eso le hace ser muy actual. Además, es un lector muy curioso y eso le hace ser un poeta tan variado', añade. Subraya la capacidad de atención por los detalles para desvelar lo oculto, y reconoce que los poetas españoles están muy contentos, 'a pesar de que no ha dado tiempo a calar'.

Antonio Colinas (León, 1946) también señala que el premio es muy justo. No ve en el galardón de este año una extravagancia ni una provocación a la que suelen acudir. 'Su obra está atravesada por el misterio que se encuentra, en ocasiones, en el lenguaje cotidiano', comentó el poeta.