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Premio Planeta a la madrileña

Eduardo Mendoza presenta la novela ‘Riña de gatos. Madrid 1936' en el hotel Ritz. El acto contó con la presencia de Esperanza Aguirre

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El Ritz es uno de los escenarios de la última novela de Eduardo Mendoza, Riña de gatos. Madrid 1936. Y allí, en este señorial y decimonónico hotel madrileño se presentó esta mañana este libro ganador del último premio Planeta. Una presentación en sociedad en toda regla. Con un José Manuel Lara como maestro de ceremonias, un incontinente Vicente Molina Foix como defensor de la novela finalista, El tiempo mientras tanto, de Carmen Amoraga, un José Sacristán metido en la piel del personaje de Mendoza, Higinio Zamora Zamorano, y un Eduardo Mendoza que sencillamente declaró encontrarse 'mareado' ante tanta parafernalia. Entre el público asistente, compuesto en su mayoría por señoras de traja chaqueta y mechas rubias, no faltó ni la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que aunque llegó tarde tenía un asiento reservado en primera fila.

'Mendoza es el fabulador solitario cabalga de nuevo', definió Sacristán al escritor catalán. Para la presentación de Riña de gatos, el actor hizo una interpretación soberbia del fontanero Higinio Zamora, uno de esos personajes de Mendoza que son 'como una caja de sorpresas. Yo soy fontanero, pero también medio carterista', señaló Sacristán. Entremezclando las voces de un juglar con perfecta entonación con las de un tipo con la lengua un poco suelta, el actor calificó la novela como 'una peripecia impresionante. Aparecen los golpistas, los comunistas, los falangistas... Y luego todos nosotros'.

Riña de gatos transcurre en la primavera de 1936 en un Madrid que como describe Mendoza tiene la suerte de tener 'una fundación renacentista' y no una Virgen románica a la que adorar casi de continuo. De ahí que 'lo madrileños tienen muchos defectos, pero no son unos iluminados'. Y eso es clave en una ciudad que sufrirá pocos meses después un arrebato de locura, sangre y destrucción.

A este Madrid prebélico llega un inglés, Anthony Whitelands, que entabla relación con un marchante de arte, padre de dos hijas. Una de ellas, Paquita, está absorbida por el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera, y será ella la que arrastre al inglés a los mítines del fundador de Falange, un ‘memo' de primera, según el libro.

'Esta no es una novela sobre la guerra civil, sino de la guerra civil'

'Esta no es una novela sobre la guerra civil, sino de la guerra civil', manifestó Mendoza, quien señaló que el conflicto le había perseguido toda su vida. 'Siempre me había resistido, pero me decidí a abordarlo. La guerra civil se estaba convirtiendo ya en una abstracción. En realidad, yo sólo quería contar una historia y esta es mi modesta aportación', argumentó.

La novela ganadora del Planeta es también, y quizás sobre todo, una novela de espías. Una versión castiza de las historias de John Le Carré y de Philip Kerr. En Madrid había demasiados intereses en aquella primavera del 36 y Mendoza dirige a la perfección ese tráfico de dobles mensajes y lecturas entre líneas con un pulso narrativo que recuerda a su primera novela, La verdad sobre el caso Savolta.

En este estado de rifirrafes, el escritor retrata a la ciudad de Madrid con amor. Con la misma ternura que la Barcelona de La ciudad de los prodigios. 'Ha sido una ciudad muy importante en mi vida emocional', confesó el catalán. Por eso Riña de gatos, una tragedia teñida de humor, es un bonito homenaje.

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