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El puro placer de beber una cerveza bien fría… en el cine

Cuando aprieta el calor, beber una bien fría se convierte en un momento placentero y la gran pantalla nos lo recuerda con secuencias inolvidables, desde Paul Newman, el mayor bebedor de cerveza cinematográfico, pasando por los personajes de John Ford, hasta Marilyn Monroe y Chaplin.

La cerveza de Quint en 'Tiburón'
La cerveza de Quint en 'Tiburón'. Cedida / Cedida

Calor abrasador. El capitán Anson ha atravesado el desierto del norte de África pasando mil y una penalidades. Cuando llega a Alejandría, con dos hombres más y una enfermera, y después de entregar los documentos en el puesto de control de la Policía Militar, entra en un bar y pide cuatro cervezas grandes bien frías. El camarero las llena hasta arriba. Anson (John Milles) mira fijamente la copa, desliza el dedo por el hielo que se ha formado y se la bebe de un trago.

La ansiada recompensa de este militar británico es una de las mejores cervezas del cine. Esta secuencia de Fugitivos del desierto (1958), película de J. Lee Thompson, adaptación al cine de la novela de Christopher Landon Ice Cold in Alex, fue tan celebrada que mucho años después la utilizó Carlsberg en un anuncio de televisión. Podría seguir haciéndolo, la escena contagia vívidamente la sed y después, el puro placer de tomarse una cerveza bien fría en medio de los calores del verano.

El cine está lleno de grandes momentos cerveceros. Robin Hood con una sonrisa de oreja a oreja mirando la enorme jarra de cerveza que se va a beber después de una escaramuza (Robin de los bosques 1922), las cervezas… y la marihuana que corren por la fiesta en el último día de clase en Movida del 76 (1993), de Richard Linklater; la lata de cerveza que engulle Quint (Robert Shaw) y que luego aplasta con una mano como si fuera de papel, en Tiburón (Steven Spielberg, 1975); todas las cervezas, lo único que había, en el frigorífico de Dave, Clint Eastwood en Escalofrío en la noche (1971), todas las cervezas que se bebe tranquilamente en el porche en Gran Torino (2008)… Todas las cervezas que se ha pimplado Eastwood en el cine… "He bebido más cervezas… que todos vosotros juntos, capullos".

“Dame una cerveza”

Y a pesar de esta fanfarronada del sargento Tom Highway, nada como algunas inolvidables peleas con cervezas en el cine. El psicópata de Begnie (Robert Carlyle) termina su jarra de cerveza y la lanza hacia atrás... hay sangre y lo siguiente es una monumental bronca a puñetazos en el pub, mientras Renton, Spud, Sick Boy, Tommy y Diane miran desde arriba el alboroto. Y de Trainspotting (1996) a El club de la lucha', donde la primera pelea nace bebiendo reposadamente unas cervezas. Pero ninguna de ellas es tan buena ni tiene tanto sentido como las del cine de John Ford.

'El hombre tranquilo'
'El hombre tranquilo'. Cedida / Cedida

Fin del primer asalto. Sean Thornton y Will Danaher se están pegando una buena tunda desde hace rato, pero cuando llegan a la puerta del bar Pat Cohan's –"una copa antes de que os matéis"-, entran a tomarse un trago. Un par de pintas de cerveza negra y se confiesan que están empezando a caerse bien. Eso hasta que comienzan a discutir de nuevo quién va a pagar las rondas. "¿Qué hora es? / Las cinco y media". Thornton le pega un colosal derechazo a Danaher que le lanza de nuevo a la calle. Unas cervezas y una pelea 'homéricas', de las mejores de toda la historia del cine.

Esas pintas que compartían John Wayne y Victor McLaglen en El hombre tranquilo (1952) eran una clarísima declaración de intenciones por parte de John Ford, que destiló su origen irlandés con cebada fermentada en todo su cine. Poco después volvió a hacerlo en El hombre que mató a Liberty Balance (1962). Tom Doniphon (el gran Wayne) se cabrea con Dutton Peabody (enorme Edmond O'Brian), editor del periódico local y borracho reconocido, porque quiere beber wiskhy en la reunión que tienen todos en el saloon para elegir a los delegados territoriales de una convención.

El mayor bebedor de cerveza del cine

Sí lo era y muy fresquita para Marilyn Monroe, Peggy en Encuentro en la noche (Fritz Lang, 1952), en una escena que compartía con Robert Ryan, que interpretaba a Earl Pfeiffer, el operario del cine de la ciudad. También refrescaba, y mucho más, a Charlie Chaplin en Charlot, campeón de boxeo, donde el líquido que contenía la garrafa -con el rótulo beer - además le servía para limpiarse los oídos y los pies… y para atusarse el pelo. El Nota (Jeff Bridges en El gran Lebowski) echaba mano de ella hasta para apagar las quemaduras que hacía con los cigarros. Y E.T. se cogía una curda de campeonato con las latas que encontraba en la nevera.

De Budweisser eran las que se bebía Paul Newman después de las carreras, en las que corría con el patrocinio de la marca de cerveza. Dicen que le pagaban con cargamentos de latas, aunque antes de eso, era un incondicional de la Coors. Newman es, sin ninguna duda, el mayor bebedor de cerveza de la historia del cine. Caían hasta 24 por día y su fama de cervecero era tal que los alumnos de Princeton celebraron durante mucho tiempo el Día de Newman, en el que se trasegaban sus 24 birras en homenaje.

Newman con un paquete de cervezas en la mano, con Glenn Close y Robert Redford, en el Metropolitan Pavillion, en la celebración de los 25 años del Festival de Sundance; Newman con un abrelatas colgado del cuello en los rodajes; Newman jugando al póker con unas buenas jarras de cerveza delante (El golpe), Newman desayunándose una cerveza y un huevo cocido en Veredicto final… Ya lo dijo Jack Nicholson: "La cerveza es la mejor maldita bebida del mundo".

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