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Retazos de vida en tamaño de bolsillo

La dibujante francesa Aude Picault publica ‘Rollos míos’, una autobiografía cargada de naturalidad y encanto

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'Yo no confiaría demasiado en mí. Soy tan inestable como cualquiera'. Se aburre. Se despereza. Baila. Duda en llamarle. Cambia de opinión. Y se vuelve a la cama. En Rollos míos, de Ediciones Sins Entido , la dibujante francesa Aude Picault (1979) abre la puerta a su mundo para mostrar instantes de su vida a través de trazos inocentes y limpios.

En 188 páginas, y con dibujos que se han escapado de las cuatro paredes de las viñetas, Picault plasma con humor sus estados de ánimo, sus inquietudes y reflexiones sobre el futuro, sus problemas con la familia y con los hombres, el encanto de ligar o los excesos propios de una noche de juerga con un lenguaje natural, como la instantánea de un momento en el que el lector se puede reconocer pero que quizás no se atrevería a confesar. Como una Polaroid en blanco y negro que capta lo esencial de lo sucedido con gran simplicidad.

Y lo hace a través de una obra de pequeño tamaño, ya que, según ha explicado la propia autora a Público, es 'el formato del cuaderno que siempre llevaba conmigo, que tenía que caber en un bolsillo o un bolso'.

'Me censuro lo menos posible'

La frescura del dibujo y del argumento nace directamente de la forma de trabajo de Picault. 'Si me encuentro con una situación que me sorprende, la apunto inmediatamente, pero no suelto cualquier cosa, elijo lo que cuento y me censuro lo mínimo posible', señala la joven dibujante francesa, para la que esta obra supone algo más que una creación artística.

'Empecé a apuntar mis rollos porque no conseguía expresar lo que sentía. Era una manera de aclarar las cosas'. En este sentido, Picault precisa que contar sus propias experiencias a través de los cómics es una forma 'de liberación y de análisis que me ayuda mucho', y, a pesar de que es consciente de que muchas chicas jóvenes se identifican con ella y con sus experiencias, deja muy claro cuál es su objetivo a la hora de crear sus historias: 'Trabajo ante todo para mí misma'.

Estos planteamientos aparecen de nuevo en la continuación de Rollos míos, otro cómic titulado Moi je et caetera, seleccionado en el Festival International de la Bande Dessinée d´Angoulême 2008 , y que todavía no ha sido publicado en España. Es un volumen 'más trabajado', según la propia autora, que recoge 'situaciones apuntadas durante un período de tres años. Había que instalar una narración más presente que en el primer tomo, que retoma cronológicamente situaciones vividas en sólo unos meses'.

Con experiencia en la literatura infantil y en prensa, Picault ya forma parte de ese grupo de mujeres dibujantes que en este momento despuntan en el panorama del cómic.

Sin embargo, ella descarta que haya una visión femenina que caracterice sus trabajos. 'No tengo la impresión de hacer las cosas de manera diferente porque soy mujer', afirma Picault, que reconoce que muchos hombres han hecho un trabajo autobiográfico de introspección del que se siente muy cercana. 'Cada individuo, hombre o mujer, se expresa a su manera. No veo un pensamiento femenino paralelo a un pensamiento masculino. Veo individuos que buscan'.

Siempre en la cama: para “arrebujarse en el edredón”, porque es un refugio cuando está tristona o porque no puede levantarse por la resaca.

Demasiado alcohol: acaba dándose picos con todos “los soplagaitas”, olvida con quién ha hablado y se va sin pagar.

¿Le quiero o no le quiero?: es consciente de que siempre la seducen contándole batallitas y sufre la eterna repetición de la escena protagonizada por un móvil y una duda, la de llamarle o no; la de decirle que le necesita o no;  la de dejarle o no...

El encanto de la soltería: tras la ruptura viene la juerga, en la que cada tío se convierte en “candidato potencial a ser el compañero de toda una vida”.

De atención distraída: sabe que tendría que atender en clase porque tiene que sacarse el título, aunque claro, siempre podría acabar haciendo de “Mickey en Disneyland”. 

La familia, bien, gracias: no le gusta su situación familiar. De hecho, su madre la pone de los nervios y cree que es un enemigo “de su desarrollo intelectual”.

Estoy gorda: tiene que dejar el queso porque tiene tanta tripa que parece que está embarazada. Puede que también se deba a demasiadas salchichas cocinadas en la tostadora, le encantan, pero luego le pasan factura. La solución: “Un martini por la operación bikini”.