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Rock con botox y rock con botes

Rage Against the Machine y el frío protagonizan el penúltimo día de Rock in Rio

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No es una paradoja ni un chiste fácil: el viernes, el rock entró en Rock in Rio. Bon Jovi no cuenta. Ni Pereza. Hablamos del rock como algo con un lado chungo, un cliché como cualquier otro en la industria musical, pero que de una manera u otra han cumplido las tres veteranas bandas programadas para la penúltima jornada (Cypress Hill, Jane's Addiction y Rage Against the Machine). E incómoda fue la noche: tocó lluvia inicial y frío posterior. Más barro y Rock in Rio podría haberse convertido en un Glastonbury de plástico y césped artificial.

A pesar del agua, los seguidores de Cypress Hill movían el cuello bajo el chubasquero y daban saltos, que es a lo que invita su verdoso crossover rap-rock (vía Cuba), hedonista y fumeta. Conocidos por su lucha a favor de legalización de la marihuana, B-Real y Sen Dog presumían y se pasaban un porro XXL mientras metían mano a hits pasados (Hand on the Pump, I Ain't Goin' Out Like That, (Rock) Superstar) y nuevos, como ese Rise Up en el que colabora Tom Morello de Rage Against the Machine (que no salió al escenario: su guitarra estaba pregrabada). Entre unos Wu-Tang Clan desdentados y unos Public Enemy de Miami, sonaron enlatados, como en cassette, lo que hizo que el trabajo del percusionista Eric Bobo solapara su colorido patchwork sonoro.

Lo de Jane's Addiction funcionó al 50%. La banda de Perry Farrell, uno de los grupos de culto de los 80-90, demostró que está desubicada: del festival, del siglo XXI, de su propio legado. Farrell recuerda a la última época de Brett Anderson al frente de Suede: lo que una vez fue sudor y tensión sexual hoy son posturas paródicas de macho rock (coristas, botellas), con una voz al borde de la afonía.

Lo mejor es cuando van al grano (Stop, Been Caught Stealing, Ocean Size, Jane Says, Had a Dad) y lo peor es cuando se dejan en evidencia: la jamaicana Ted, Just Admited It o la psicodélica Three Days tocadas como si fueran Superhero no lucen el lado ambiental, sobrenatural del grupo. Rock con botox, aunque es verdad que sobre ese escenario había un importante ración de cierta manera de entender el rock, con Dave Navarro (Red Hot Chili Peppers) y Duff McKagan (Guns N'Roses) junto a Farrell.

RATM tardaron en hacerse con el público exactamente lo mismo que la guitarra de Morello en empezar a aullar como la alarma de un establecimiento con el escaparate roto. Con un Zack de la Rocha pleno de voz y un público en alerta, esperando agazapado para saltar y hacer pogo, no hubo tiempo para el error: bombazos como Guerrilla radio y Bullet in the Head, una versión a quemarropa de The Clash (White Riot, que recordó a MC5), colaboración de Eric Bobo en dos temas y explosión final con Freedom y Killing in the Name. Lo que siguió fue una superovación del público a un grupo que enseñaba los dientes, pero para sonreír.