Publicado: 30.03.2016 21:04 |Actualizado: 31.03.2016 07:00

Serge Toubiana: “La fuerza de Hitchcock es que él quería al espectador”

Se estrena Hitchcock/Truffaut, película que celebra el histórico encuentro que mantuvieron ambos cineastas y del que surgió una de las ‘Biblias’ del cine. Las grabaciones con las voces de los dos artistas se unen a los testimonios de Scorsese, Bogdanovich o Fincher, entre otros.

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Alfred Hitchcock y Francois Truffaut

Alfred Hitchcock y Francois Truffaut

MADRID.- En 1993, Serge Toubiana, hasta el pasado año director de la Cinemateca francesa y en un tiempo también director de la prestigiosa Cahiers du Cinéma, encontró las cintas de la histórica entrevista que François Truffaut hizo a Alfred Hitchcock en 1962. De aquella semana de conversaciones surgió una de las ‘Biblias’ del cine, El cine según Hitchcock (en la última edición el título es Truffaut Hitchcock). Ahora, cuando se cumplen cincuenta años de su publicación, Kent Jones, sobre un guion escrito mano a mano con Toubiana, y aprovechando la indudable riqueza documental de esas grabaciones, ha hecho una película sobre aquel encuentro, en la que algunos grandes cineastas reflexionan acerca del cine de ambos artistas.

El fotógrafo Philippe Halsman testimonió aquellas sesiones -los dos cineastas, siempre acompañados por la intérprete Helen Scott-, de las que surgió el material para las 500 preguntas del libro. “Truffaut hizo todo el curro por nosotros”, dice Toubiana, que se reconoce como uno de los muchos ‘abducidos’ por el ‘Hitchbook’, que reconoce su gran amor por el cine y que insiste en la necesidad de proteger este arte. “Hoy en Francia todos, las personas de derechas y las de izquierdas, respetan eso. Y el amor por el cine se aprende ya en el colegio”.



Martin Scorsese, Olivier Assayas, Peter Bogdanovich, Paul Schrader, Arnaud Desplechin, Kiyoshi Kurosawa, David Fincher, Wes Anderson, Richard Linklater y James Gray son las otras voces de esta película (Hitchcock / Truffaut).

Con este libro Truffaut quería reivindicar a Hitchcock…

Sí. No solo le admiraba muchísimo sino que le sorprendía que los americanos no le reconocieran su arte. ¿Por qué un joven cineasta de 30 años tenía ese empeño en ir a ver a Hitchcock? ¿Qué quería probar? Es un momento muy importante de la Historia del Cine, como hay momentos importantes en la Historia del Arte. Cuando apareció el libro se convirtió en una enorme influencia para las jóvenes generaciones que querían ser cineastas. Da igual la generación a la que pertenecieran, el libro dio impulso a muchísimos para convertirse en cineastas. Es como si el libro hubiera hecho escuela. El libro cambió la mirada de la crítica americana, de la Universidad, de los cineastas jóvenes…

¿Del público?

Sí, también del público.

¿La era de los directores: Scorsese, Spielberg, Coppola… es heredera de ese reconocimiento a Hitchcock?

Así es. En EE.UU. adoraban y adoran a Truffaut, él estuvo mucho allí y cultivó su amor por el cine y lo mostró. Spielberg, por ejemplo, siente un enorme reconocimiento por lo que Truffaut les legó, el gusto por la independencia, por la libertad. Aquellos directores consiguieron hacer las películas que querían e imponer a los grandes estudios su propia escritura.

Hitchcock se reveló entonces como un artista, además de como un director querido por el público. ¿Hay ahora en el cine más o menos artistas como él?

La fuerza de Hitchcock es precisamente que él quería al espectador

Ahora en el cine hay más arte, pero hay muchos menos espectadores. La fuerza de Hitchcock es precisamente que él quería al espectador, estaba obnubilado por el espectador. Trabajaba con el sistema de los estudios, sabía que había que llenar las salas. Aceptaba la lógica del comercio, pero al mismo tiempo no renunciaba formalmente a nada. Ahora hay muchos artistas, Hsiao-hsien Hou, Apichatpong Weerasethakul, Wong kar wai…, pero no hay espectadores porque esa relación con la industria se ha roto.

Pero hay cineastas que mantienen ese vínculo con la industria…

Sí, Pedro Almodóvar está en la doble lógica de hacer películas para el público y al mismo tiempo sigue siendo muy personal artística y narrativamente. Creo que en España no tiene buenas críticas, que no les gusta. No puedo entenderlo, en Francia le admiramos muchísimo. No está bien la envidia. Nosotros le hemos defendido mucho sabiendo que en España no les gustaba. En su cine hay libertad, estilo, deseo… Todos tenemos la nostalgia de eso.

¿Cuál es el motivo fundamental de ese cambio que se ha producido?

En la época de Hitchcock ese era justamente el desafío. Entonces David O. Selznick (productor mítico de la era dorada de Hollywood) quería que Hitchcock se fuera a trabajar a EE.UU. Hoy las cosas son diferentes, el cine no es el único vehículo de imágenes. Hitchcock, por cierto, fue uno de los primeros que entendió que la televisión iba a ser la competencia. Por eso hizo Hitchcock presenta, donde se metía en la casa de la gente, les hablaba desde la televisión.

Hitchcock, en el cine, Simenon, en la literatura… ¿por qué tener acogida entre el público hace más difícil que se reconozca el talento?

El mismo Simenon no se consideraba un artista, igual que Hitchcock aceptó la ley de los estudios. Simenon lo que quería era llegar al gran público, transmitir emociones. Hoy la sociedad tiene culto por el artista. Es una sociedad en la que Jeff Koons vende por millones de dólares sus obras mediocres. Lo que me gusta de Hitchcock es su humildad. Desde la ley de mercado, trasmitía clandestinamente todo. Curiosamente, la influencia de Simenon y de Hitchcock es Dostoievski, los dos creen en el ser humanos condenado a la culpa y al mal.

¿Reconocimiento y amor por el cine son consecuencia también de protección a la cultura?

En Francia el amor por el cine hoy se aprende ya en el colegio

Por supuesto. En Francia inventamos ya en la posguerra los sistemas de protección del cine. Lo hicimos ya en 1945. EE.UU. dominaba el mercado, así que había que hacerlo. Hoy todos, las personas de derechas y las de izquierdas, respetan eso. Y en Francia el amor por el cine hoy se aprende ya en el colegio.

En España no hemos conseguido eso.

La situación en España era complicada, con el franquismo, la censura, los cineastas en el exilio, las obras prohibidas… Pero ahora…

¿Usted también cayó en las redes del libro de Truffaut?

Sí, pero yo me hice crítico, no quería ser cineasta. Yo aprendí de cine trabajando en Cahiers du Cinéma. Aprendí a amar el cine como me lo transmitieron los maestros de los cincuenta, Truffaut, Vadim, Rivette, Godard… Aprendí a amar el cine de los autores. Aprendimos a amar el cine para defender a los autores, pero hay muchas otras formas de amar el cine, por los géneros, por ejemplo.

Si pudiera hacer una pregunta ahora a Hitchcock, ¿cuál sería?

La verdad es que me hubiera intimidado muchísimo hacerle una pregunta. Mi relación con Hitchcock pasa por Truffaut, lo mismo con Renoir, Rossellini… Les admiro gracias a Truffaut. A él, sí, porque le conocí, era contemporáneo, como un hermano mayor. Pero Truffaut hizo quinientas preguntas, hizo todo el curro por nosotros.

¿Cómo se eligió a los directores que aparecen en la película?

Bueno, Martin Scorsese era evidente, es el cinéfilo más universal, conoce el cine inglés, el italiano, el… ama el cine y transmite ese amor con gran inteligencia. Para mí era evidente también que debía estar Spielberg, pero no quiso. Él tiene ahora un poder en el cine mundial como el que tuvo Hitchcock en su momento. También dijo que no Brian de Palma, por motivos de trabajo. David Fincher es, de entre los directores americanos de menos de cincuenta años, el más interesante. Bogdanovich es otro gran cinéfilo… Pero la condición con todos era que el libro hubiera sido importante en sus vidas.