Publicado: 01.03.2014 09:15 |Actualizado: 01.03.2014 09:15

Series que prometían y no pasaron de la primera temporada

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Con tener una buena idea no basta, hay que saber desarrollarla. Series como Mob City, Rehenes, Alcatraz y Flash Forward son muestra de ello. Partían de un planteamiento más o menos original y con trazas de convertirse en una trama de las que causan adicción. Sin embargo, tras sólo unos pocos episodios la idea se diluyó, el interés desapareció y la audiencia les dio la espalda. Ante un panorama así, las cadenas responsables de su emisión decidieron no seguir apostando por esos títulos que habían anunciado a bombo y platillo y cancelaron unas series que apuntaban bien pero que quedaron inconclusas tras una temporada en antena.

Las última víctimas de este singular fenómeno han sido Mob City y Rehenes, quizá también The Michael J. Fox show. Las tres, canceladas no hace mucho. La primera era una de las apuestas fuertes de TNT para esta temporada. Una miniserie de seis capítulos con el nombre de Frank Darabont como reclamo (The Walking Dead) y una factura impecable. El problema es que Mob City se quedó en eso, en la factura impecable, sin que el texto profundizase y sin salir de los estereotipos prefabricados del género de gángsters.

Protagonizada por Jon Bernthal y Milo Ventimiglia, esta ficción de género negro seguía la estela de la venerada Boardwalk Empire, producida por Martin Scorsese. Ambientada en Los Angeles, mafiosos y policías se confundían en una ciudad dominada por Mickey Cohen y el humo de las balas y los cigarrillos. La idea, el género y la factura eran loables, pero la superficialidad del desarrollo acabó con ella.


En ocasiones, el problema se detecta casi nada más ver el piloto. En otros, se tarda unos episodios más. El de Rehenes es más bien el primer caso. La serie protagonizada por Toni Collette y Dylan McDermott abrió con un primer episodio trepidante. El planteamiento tenía gancho. Un grupo de personas comandadas por un agente del FBI secuestran a la familia de la cirujana que al día siguiente debe operar al presidente de los Estados Unidos. La llave para su liberación es que el político no despierte de la mesa de operaciones.

Detrás, un complot por descubrir con más implicados e implicaciones de las que parece en un principio. La pregunta más común tras ver el piloto era cómo lograrían mantener la tensión durante una temporada entera para una trama que parecía perfecta para una miniserie al estilo, por ejemplo, de Sherlock -tres capítulos de hora y media- como mucho. No lo lograron y la CBS no tiene planes de continuación para ella.


Aunque sorprendente, es algo que le puede pasar a cualquiera, incluso a dos genios de la televisión como Aaron Sorkin y J.J. Abrams. Al primero le cancelaron Studio 60 (2006), una serie sobre un programa de televisión semanal protagonizada por Matthew Perry y Bradley Whitford que acabó cayendo en el cajón de las canceladas víctima de una propuesta inicial llamativa y un desarrollo que a veces se dejaba arrastrar demasiado por el sentimentalismo y la épica.

Lo mismo le pasó a J.J. Abrams como productor de Alcatraz. Se tiende a pensar que cuando una nueva serie aterriza en el poblado panorama televisivo con la leyenda ‘producida por el creador de Perdidos' esta ha de ser, por fuerza, sobresaliente. Y no siempre es así. Hasta Abrams tiene sus ‘patinazos'. El más clamoroso es el de Undercovers, una serie sobre un matrimonio de agentes de la CIA retirados que era un despropósito desde el primer episodio. No así Alcatraz (2012), serie con misterio incluido (como gustan Abrams y sus seguidores).

Creada por Steven Lilien, Elizabeth Sarnoff y Bryan Wynbrandt, partía de la premisa de que cuando la famosa prisión situada en una isla frente a la bahía de San Francisco cerró en 1963 sus presos no fueron evacuados y recolocados en otras cárceles, sino que estos desaparecieron misteriosamente y ahora, en la actualidad, van apareciendo poco a poco con el aspecto que tenían entonces. Una joven agente (Sarah Jones) y un experto en Alcatraz (Jorge García) tendrán que unir fuerzas en el equipo creado por Sam Neill para desvelar el misterio y devolver a sus celdas a los presos reaparecidos. Pero, ¿quién está detrás de todo? ¿Cómo es posible que aparezcan los reos con su apariencia de 1963? Preguntas básicas que se iban olvidando de resolver, casos que perdían interés y al final Alcatraz fue cancelada después de 13 episodios y un final tan decepcionante como el desarrollo de una trama que sobre el papel prometía. 


Similar es el caso de Terra Nova (2011). La de Steven Spielberg era una apuesta tan interesante como arriesgada: llevar los dinosaurios a la televisión. Se planteaba un futuro contaminado hasta tal punto que era necesario replantearse la existencia del ser humano. Sólo hay una esperanza, conseguir un billete al paraíso. Un paraíso llamado Terra Nova y que se encuentra a millones de años de ese futuro (presente para los protagonistas) poco halagüeño para las nuevas generaciones. Un complicado sistema de viajes en el tiempo transportaba a los protagonistas a la época de los dinosaurios alojándolos en una especie de campamento con disciplina militar en el que algo no encajaba.

Fuera de las rejas de esa ciudad idílica donde la tecnología más avanzada ha viajado con ellos, un grupo de rebeldes tiene otra opinión de lo que está ocurriendo. Aunque el argumento quizás estaba ya demasiado manido, los dinosaurios estaban muy conseguidos y, sin ser una serie altamente adictiva, tenía su público. No el suficiente para una producción de tal calibre. Trece episodios emitidos y al saco de las canceladas.  


El de la ciencia ficción es un género al que tristemente afecta más este problema de las grandes ideas que se desinflan. Después de todo, es el que más juego y margen da a la hora de innovar y elaborar planteamientos más complejos, que, por otra parte, también tienen un desarrollo y una resolución más complicad de llevar satisfactoriamente a puerto. Eso fue lo que le pasó, también, a Flash Forward. Hace ya cinco años desde que la serie creada por David S. Goyer -autor en parte del resurgimiento de Batman y Superman en el cine- junto a Brannon Braga (Terra Nova) se estrenase para perder el norte irremediablemente al poco tiempo de ver la luz. En total, 22 episodios que pocos llegaron a seguir hasta el final después de un inicio prometedor.

Un día como otro cualquiera se produce un desvanecimiento a nivel mundial. Todos los habitantes del planeta caen en una especie de coma del que despiertan tras algo más de dos minutos habiendo tenido una visión de cómo será su futuro. El agente del FBI Mark Benford (Joseph Fiennes) es la cabeza visible de una fuerza especial destinada a investigar qué ha ocurrido. Pronto descubre que no todos los habitantes del planeta fueron víctimas del desvanecimiento.

Lo cierto es que la idea era tan interesante como complicada de desarrollar para llegar a una explicación satisfactoria de lo que había ocurrido. Pero de ahí a que, emitidos unos episodios, los responsables decidieran frenar para que los guionistas se tomasen un tiempo para replantearse la serie y dar con el camino correcto, distan muchas páginas de guión. Hicieron lo primero, pero no lo segundo. Es decir, se replantearon lo que estaba ocurriendo, pero no dieron con la fórmula correcta y Flash Forward acabó cancelada.  


Uno de los peores vicios en los que puede caer una serie (y cualquier narración) es repetir trampas y giros argumentales. A pocas les funciona. Ese fue, precisamente, uno de los males de Último destino (2012), ficción que planteaba la resistencia de los componentes de la tripulación de un submarino estadounidense a borrar del mapa a un supuesto enemigo. Se niegan a cumplir la orden y se ven condenados al exilio en una isla en la que no dejan de acosarles ni dentro ni fuera. La trama se fue enredando cada vez más, dando mayor importancia a algún que otro triángulo amoroso y repitiendo acontecimientos hasta el punto de perder todo interés. De ahí a la cancelación, un paso.  


La conclusión, tras este repaso a esas series que apuntaban al éxito y se quedaron en nada, es una simple fórmula: una buena idea más un mal desarrollo da como resultado la cancelación.