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Todas las vidas que Ayala escribió sobre sí mismo

Galaxia publica 'Autobiografia(s)' en el primer aniversario de la muerte del escritor

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Francisco Ayala (1906-2009) siempre ofrecía buena conversación. Sentado en el sofá de su casa, le gustaba charlar sobre los temas que estaban de actualidad en los periódicos, la literatura o las ideas políticas. Para él era un placer recorrer con la palabra un siglo XX del cual había sido testigo directo. Y siempre con la presencia del whisky. Nada de agua. 'Decía que con ella había que ser muy moderado', recordó ayer con humor el escritor Luis García Montero.

A Francisco Ayala, del que hoy se cumple un año de su muerte, también le gustaba escribir sobre aquello que había visto u oído. De esa pulsión surgieron Recuerdos y olvidos (1906-2006), El tiempo y yo o El mundo a la espalda y De mis pasos en la tierra, textos biográficos ya publicados que Galaxia Gutenberg acaba de reunir por primera vez en el volumen Autobiografía (s), segundo tomo de sus Obras Completas.

'En este libro está la conversación de Ayala. Ese testigo que vivió el siglo XX en primera fila, que conoció a los escritores de la Generación del 27, la Alemania del nazismo, el esplendor de la ciudad de Buenos Aires y el Nueva York de la cultura contemporánea', explicó García Montero.

Los artículos remiten a capítulos de la historia más reciente. En Mi Berlín relata cómo se bajó en la estación central de Friedrichstrasse en 1929 y le chocó la presencia de dos travestis. 'En aquella época, España estaba tocando ya la modernidad, por lo que lo único que le podía sorprender a un intelectual de entonces eran dos travestis', aclaró García Montero. En otros textos aborda el peronismo, con el que, como su amigo Jorge Luis Borges, fue bastante crítico por su calado nacionalista.

No faltan textos en los que describe los tiempos de la II República, un régimen que defendió y por el cual tuvo que vivir en el exilio. De estos años hay varios retratos de figuras como la de Manuel Azaña a quien conoció en el café La Granja de la calle Alcalá en 1925, cuando Ayala sólo tenía 19 años. 'Su presencia estaba impregnada de austeridad', le define en Recuerdo de Azaña.

'La verdadera realidad es la que encuentra expresión bajo forma literaria'. Esa era una de las máximas de Ayala, según recuerda Carolyn Richmond, su mujer durante 35 años, en el prólogo de esta Autobiografía (s). Ayer también insistió en que todos estos textos 'suponen una indagación en la vida humana'. De ahí que, como señaló García Montero, 'el legado de Ayala sigue totalmente vigente'. Tómense un whisky y compruébenlo.

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