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Wilco, los restos de una explosión controlada

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Para entender por qué Wilco se ha convertido en uno de los grupos más reverenciados del planeta y que cada nuevo disco se salude como la punta de lanza del rock del siglo XXI es necesario analizar el conjunto de su carrera. Porque, ¿tan decisivo es The WholeLove, su octavo álbum, publicado esta semana? ¿Hay algo esencialmente renovador en él? ¿Qué es, en definitiva, lo que eleva al grupo por encima del resto?

La respuesta no está en The Whole Llove, sino bastantes años antes. Hasta 2001, Wilco era un destacado grupo de lo que se llamó country alternativo, etiqueta asociada a un grupo de bandas que se alejaban de la corriente más comercial del country, género que todavía a día de hoy disfruta de gran éxito en EEUU. Lo de Wilcotampoco se podía llamar country: más bien hacían folky rock de raíz americana un tanto desaliñado y rebelde por la influencia del punk y el sonido indie que se comenzó a fraguar en los ochenta.

Fue Jim O'Rourke el que llevó el sonido de Wilco a un lugar inesperado

Sus notables tres primeros álbumes A.M. (1995), Beingthere (1996) y Summerteeth (1999) obtuvieron un éxito importante, pero principalmente restringido a los fans del rock. La transversalidad de su repercusión y el asalto a la escena indie llegó ya con el siglo XXI y se debió principalmente a dos factores, ambos encarnados en el sobresaliente Yankee Hotel Foxtrot(2002).

Por un lado, el conflicto con su discográfica, Reprise, encla-vada en un plan de reducción de costes y de cambio de directivos que terminó con el rechazó de Yankee... por no ser lo suficientemente comercial. La banda de Jeff Tweedy se quedó con el máster y lo colgó gratuitamente en internet, lo que les convirtió en pioneros de la distribución de música a través de la red, con la consiguiente avalancha de adhesiones de cientos de miles de aficionados que veían a las grandes multinacionales como el enemigo a derrotar en un ecosistema musical que comenzaba a deteriorarse.

El relato tomaba forma: Wilco, un grupo auténtico, le da la patada a la industria, cuelga su disco en internet y termina vendiendo más álbumes que nunca. Es ahí donde entra el segundo factor: lo que había dentro del disco, una pequeña revolución de rock deconstruido, de pop y ruido, de caos controlado y collage melódico, inspirada y cimentada por Jim O'Rourke, el colaborador en la sombra que retorció y elevó el sonido de Wilco a un lugar inesperado.

Tweedy reordena filas y vuelve a lo suyo: rock frenético y pop vibrante

Con O'Rourke, músico experimental que era miembro a pleno derecho de Sonic Youth en aquellos años, Wilcotambién grabaría A Ghost is Born (2004), su segunda (y última) jugada maestra. Por supuesto, las excelentes canciones de Jeff Tweedy estaban ahí, pero difícilmente hubieran logrado el estatus de referencia sin la ingeniería sonora de O'Rourke.

Cuando este abandonó el barco, Tweedy, que a lo largo de su carrera en Wilco, y antesen Uncle Tupelo, siempre ha necesitado un fiel escudero (o no tan fiel, recordemos el tomentoso desenlace de su relación con Jay Bennett), eligió como mano derecha al virtuoso guitarrista Nels Cline, cuyo concurso reorientó el sonido de la banda hacia referencias más clásicas en Sky Blue Sky (2007).

Jeff Tweedy renegaba entonces de la etiqueta de rock experimental que colgaba de la solapa del grupo, pero algo no le debe cuadrar del todo cuando en The WholeLove parece querer revivir el vértigo de sus aventuras junto a O'Rourke. Lo confiesa en los siete minutos iniciales de Art of Almost, tema en el que la electrónica, lejos del exquisito gusto de antaño, no termina de empastarse con la carga orgánica, mientras los arreglos de cuerda y piano rozan lo vulgar.

Tras este quiero y no puedo, Tweedy reordena sus filas y vuelve a lo suyo: el rock frenético (Standing O), el pop vibrante (Born Alone), la balada folk emotiva (Open Mind) y el eco del country rural (Capitol City). Sus fans disfrutarán de esta colección de grandes canciones que compagina piezas explosivas con marchamo de hit (I Might, Dawned on Me) con tramos más oscuros y melancólicos (ojo con el clasicismo teatral de Sunloatheo la desértica Black Moon). Lo más decisivo, sin embargo, hay que buscarlo en otro sitio, tanto si hablamos de Wilco, como si lo hacemos de la música en general.