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Ala sideral contra ala infernal

La banda derecha del Barça, con Alves y Messi, no tiene comparación con la pírrica línea defensiva zurda del Madrid

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Estamos en puertas del clásico más desigual de la historia. Pep Guardiola ha conseguido dotar a su equipo de todos los valores de un campeón: respeto a un estilo (Dream Team), hambre, solidaridad, buen gusto y algunos de los diez mejores jugadores del mundo (Messi, Etoo, Xavi, Alves, el nuevo Henry) para marcar diferencias.

El Barça tiene la personalidad de quien lo dirige: un equipo pulcro, inteligente e ilusionado. Pep está manejando todos los registros con maestría. Dentro del campo se nota su mano. Fuera, también. No hay más que leer entre líneas sus ruedas de prensa, su manera de motivar, tamizando la opinión del entorno. Todos sus jugadores parecen hoy dos puntos mejores: Henry recuerda al Arsenal, Etoo tiene sangre en el ojo, los canteranos brotan con frescura. Hasta Joan Laporta parece mejor presidente.

Enfrente, la transición del cambio de entrenador, con el efecto gaseosa de Juande Ramos, que afronta un primer examen desproporcionado. Los equipos del técnico manchego se caracterizan por el método, por saber moverse sin balón, por mantener el partido en 40 metros para intentar dar el zarpazo al contragolpe. Son equipos que necesitan tiempo, ricos en automatismos.

Juande tendrá a once comprometidos, pero le falta jerarquía en todas las líneas. Le sobra sentido común, como prueba el hecho de llevar a cuatro canteranos en la convocatoria, pero le faltan mimbres para jugarle de tú a tú a este gran Barça, que suma 20 partidos oficiales sin perder.

Encuentro muy cuestionable el cambio de posición de Sergio Ramos al lateral izquierdo. Hace más débil al Madrid en el centro de la defensa, donde el Barça es letal con la irrupción de los jugadores de segunda línea y no arregla el problema de parar a Messi. Al mejor jugador del mundo sólo se le puede frenar con faltas o con ayudas, esté quien esté en ese lado.

Si la decisión de ubicar a Sergio Ramos en la izquierda es definitiva, habrá que ver si acaba el partido. Hubiese sido más lógico hacer debutar al joven Antón en su posición natural. No desmerece a Marcelo en tareas defensivas.

La diferencia de la banda izquierda del Madrid con el lateral que sea y Drenthe, la que es conocida como ala infernal, frente a la pareja Alves-Messi, el ala sideral de Pep Guardiola. Es la diferencia que existe hoy entre el Barça y el equipo blanco.

En la dirección deportiva del Real Madrid se están tirando aún de los pelos. Cuando se planteó el fichaje de Dani Alves y Mijatovic creyó que ya tenían al mejor lateral derecho de Europa, Sergio Ramos. Casi es metafórico que puede ser el jugador de banda izquierda en este clásico. La polivalencia de Sergio admitía la duda, pero sobre todo la importancia del brasileño, el jugador sobre el que pivotaba el mejor Sevilla de la historia, merecía otro análisis.

Desde Roberto Carlos no hay otro lateral en el mundo que otorgue una salida de balón a su equipo tan limpia y tan diferenciadora. Juega y hace jugar. Su despliegue es uno de los espectáculos garantizados de este clásico.

Frente a la riquísima propuesta barcelonista, el único aval del Real Madrid es que es el Real Madrid, porque individualmente, salvo en la portería, donde Casillas es mejor que Valdés, pierde en todas las posiciones del campo. Si tenemos en cuenta los lesionados y los sancionados, individualmente el equipo que Juande alineará en el Camp Nou podría tener problemas para luchar por estar en la mitad de la tabla.

No se puede obviar que al Madrid le ha faltado suerte con las lesiones y que no podrá contar con algunos de sus principales ejes (Pepe, Diarra, Heinze, De la Red, Van Nistelrooy), además de su jugador más en forma, Robben.

El gran drama para los blancos es que se juegan mucho más que colocarse a doce puntos con respecto al Barça y despedirse de la Liga. Una derrota dolorosa en terreno azulgrana reabriría el debate en un club fracturado socialmente, tocado en su gestión, con el lamentable protagonismo de los ultras y tomando decisiones traumáticas en todos los ámbitos.

Lo peor es que al presidente Ramón Calderón se le han acabado los paracaídas. El Camp Nou parece, hoy por hoy, el peor sitio para aterrizar de emergencia.