Publicado: 29.05.2015 21:50 |Actualizado: 30.05.2015 08:00

Aquella final del 84 que nos hace daño recordar

Dani y ‘El Lobo’ Carrasco jugaron la misma final de Copa que se juega esta noche (21,30, Camp Nou) hace 31 años y que entonces acabó a palos. “Ojalá nunca más se repita una final tan bélica y agresiva”, coinciden los exfutbolistas. 

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Momento de la trifulca desatada en la final de Copa del 84.

Momento de la trifulca desatada en la final de Copa del 84.

MADRID.- Esta historia retrocede 31 años atrás, a una noche de mayo de 1984 cruel para el Barça, maravillosa para el Athletic hasta que el árbitro pitó el final. Entonces los futbolistas se liaron a patadas y hasta la Policía tuvo que intervenir entre ellos. Carrasco, el extremo del Barça, tenía 25 años y todavía sigue pidiendo perdón. “Ojalá nunca más se repita una final tan bélica y agresiva. El fútbol no está hecho para eso”. “Fue algo que, afortunadamente, no se repitió más”, añade Dani, que era el capitán del Athletic.

A pesar de sus 34 años, seguía siendo un goleador de primer nivel, capaz de levantar esa Copa, la última de su vida y la última del Athletic. “Entonces no era más fácil que ahora vencer al Barcelona. Al contrario: el Barça tenía un equipazo con Maradona y Schuster, los dos mejores jugadores del mundo. Pero nosotros acabábamos de ganar la Liga y sentíamos una motivación invencible”, recuerda Dani, 31 años después, a un mes de cumplir los 64, todavía hambriento de celebraciones con tan solo ver a Xavi, su nieto, que vive en La Rioja. "Tenías que ver a ese bicho de tres años, se lo sabe todo del fútbol, se sabe hasta quién es Delofeu y quiere tanto al Athletic como su abuelo… Se merecería tanto ver a la Gabarra en la ría…"



“No me haga llorar, no me pida que me envalentone y empiece a imaginar esta noche al Athletic campeón", recuerda Dani

En realidad, si algo pretende esta historia es sentir emociones, recuperarlas o anticiparse a ellas como hace Carrasco cuando habla de aquella final del 5 de mayo del 84. “La nostalgia ya pasó”, explica. "Nunca fui amigo de ella. De hecho, de todo lo que logré con el Barça no guardo nada más que el ‘Premio a la asistencia’ que gané con 17 años. Vivía a 100 kilómetros de Barcelona y no faltaba un solo día lo que luego me permitió lograr 10 títulos en los once años que jugué con el Barça". Una época que perteneció a los años ochenta, a imágenes que Dani todavía ve y se le sigue poniendo “la carne de gallina”, quizá porque no entiende que el tiempo pueda pasar tan rápido. “Parece que fue ayer…” Pero la realidad es que no fue ayer, sino hace 31 años cuando Endika marcó ese gol, Athletic 1, Barça 0, en el Bernabéu. “No me haga llorar, no me pida que me envalentone y empiece a imaginar esta noche al Athletic campeón…, es tan difícil, uno no puede ser ajeno a la evidencia, a lo que pasa hoy, a la diferencia”.

2 minutos y 43 segundos

Carrasco rememora una época en la que fue capaz de  "retener el balón junto al córner 2 minutos y 43 segundos en una final de la Recopa"

 31 años, sin embargo, era otra cosa. Carrasco retrocede a otro fútbol en el que fue capaz de “retener el balón junto al córner 2 minutos y 43 segundos en una final de la Recopa”, un récord que hasta ahora no le ha quitado nadie. “Por eso cuando algún chico se lleva el balón a la banda entonces sí me acuerdo de mí y me entra esa cosa…"

Y claro que retrocede a esa época suya, “en la que aún quedaban reminiscencias de Garrincha”, que ya no quedan. “Había futbolistas que no sabíamos vivir sin regatear.  Hoy, sin embargo, sale un chico que regatea y lo primero que le dicen es que sea largo… Por eso estoy tan enfervorizado con Messi en un momento como éste, porque él conserva esa esencia y porque ha llegado donde no ha llegado nadie por repetición. Ni siquiera mi amigo Diego Maradona. Por eso espero que cuando se retire su hijo Thiago coja el relevo, porque sino voy a sentir una añoranza terrible”.

Son futbolistas de ayer y hombres de hoy. Carrasco tiene 56 años y, aunque sigue tan delgado como entonces (“mantengo el mismo peso, hago deporte a diario”), cambiaron demasiadas cosas. Hoy, Carrasco es un hombre de los medios de comunicación, un discurso brillante y razonable, que se niega a pensar que la Copa del Rey se haya convertido en un título menor. “Para mí, no, al revés. Es el partido de la verdad o de la mentira, porque en mi época desde que empecé en infantiles en el Lleida me convencieron de que era así”.

Dani: "Mi Athletic vivía una situación emocional de primera línea y en el fondo el fútbol también son emociones"

Dani en el Athletic ni se plantea ese debate, “no tiene sentido en Bilbao”, y lo único es como lograr que el resultado de la final de esta noche se parezca al de 1984. “Nosotros éramos once chicos de Bilbao con un grandísimo entrenador, Javier Clemente que, por encima de todo, nos pedía que no corriésemos a lo loco. Y los de ahora no es que sean peores que nosotros, pero esto ha cambiado tanto… Mi Athletic vivía una situación emocional de primera línea y en el fondo el fútbol también son emociones”.

"Me horrorizaba perder"


Así que Dani ha cogido el coche, a la familia, y se ha ido esta mañana de sábado desde Bilbao a Barcelona, “son cuatro horas”, para ver un partido como el que él o Carrasco jugaron en mayo del 84. “Entonces me horrorizaba perder”, admite Carrasco. “Pero hay que saber felicitar al adversario. Si no eres capaz de hacer eso es que no has aprendido nada, entre otras cosas porque es el adversario el que te hace más grande”.

Carrasco, sobre su corta experiencia como entrenador: "El fútbol por dentro no me gustó nada y preferí quedarme con el recuerdo de lo que había hecho con un balón"

La diferencia es que ya no está él ni Maradona ni Marcos ni Julio Alberto ni Migueli…, “que nos convertimos en jubilados a partir de los treinta y tantos años”. Y cada uno buscó una solución para su vida que ni Dani ni Carrasco encontraron como entrenadores. “Yo sí tuve una pequeña experiencia”, recuerda ‘El Lobo’, “pero el fútbol por dentro no me gustó nada y preferí quedarme con el recuerdo de lo que había hecho con un balón”.

Dani siempre pensó en “entrenar a infantiles”, pero el Athletic encontró un puesto para él “como enlace entre los jugadores y la junta directiva. Estuve ahí hasta que Macua llegó como presidente. Y ahora me dedico a comentar partidos, a mis negocios y a recuperarme de una rotura del talón de Aquiles que me hice el día que despedíamos al viejo San Mamés. Bajé a jugar al campo y en un día, lleno de sentimiento, acabé con un disgusto horrible”.

Pero así son las emociones en la vida y en el fútbol, vienen y se van, incapaces, en cualquier caso, de olvidarse de lo que somos o de lo que fuimos. Por eso volver a hablar con los futbolistas de ayer siempre tiene algo diferente. Te recuerda, entre otras cosas, que no tienes que pedir permiso a nadie, más que a ellos mismos, para hablar con ellos. Y, claro, las emociones, hasta las peores, se recuerdan mejor así.