Publicado: 15.01.2016 12:42 |Actualizado: 15.01.2016 12:42

El balonmano europeo demuestra
su homofobia al prohibir al capitán sueco llevar un brazalete arcoiris

Tobias Karlsson quería reivindicar la lucha contra la discriminación de los homosexuales en el Europeo que se celebra en Polonia, país que rechaza los matrimonios gays.

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:
Combo de Tobias Karlsson sosteniendo el brazalete y con su selección.

Combo de Tobias Karlsson sosteniendo el brazalete y con su selección.

MADRID.- Un simple gesto como el de portar un brazalete con los colores del arcoiris, símbolo de apoyo a los homosexuales, todavía encuentra trabas y vetos en pleno 2016. Es lo que le ha pasado al capitán de la selección de Suecia de balonmano, Tobias Karlsson, comprometido con los derechos de los gays y lesbianas y que había mostrado su determinación a lucir estos colores en su brazalete durante el Europeo que comienza este viernes en Polonia.

El jugador esgrimió sus intenciones la semana pasada e incluso ya vistió la prenda durante los amistosos que disputó su selección en España en el Memorial Domingo Bárcenas. Ante la disputa del campeonato continental, el capitán nórdico había logrado el apoyo de otros capitanes como los de Noruega e Islandia, que se iban a sumar a la iniciativa.



Karlsson -heterosexual, casado y con una hija- afirmó que "es una manifestación a favor de la igualdad y aceptación de todas las personas" y solicitó el pertinente permiso para "no perjudicar a mis compañeros en caso de sanción".

Sin embargo, se ha encontrado con la prohibición de la Federación Europea de balonmano (EHF), que ha esgrimido que "el brazalete es parte de la equipación y deben dominar los colores del país al que representa el jugador". La prohibición conlleva ímplicita la amenaza de una sanción si Karlsson prosigue con su voluntad de portar el brazalete.

Hay que recordar que el torneo se disputa en Polonia, país antihomosexual y cuyo Parlamento ha rechazado el matrimonio homosexual recientemente por tercera vez. Un hipotético conflicto diplomático entre Suecia, país del jugador, y el anfitrión polaco también ha elevado las presiones para vetar el gesto. Un veto que, lejos de lograr ocultar la reivindicación, no ha hecho más que amplificarla.