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El Barça se deja coger

Los azulgrana toman ventaja por dos veces (0-2 y 2-3) gracias a los errores defensivos del Atlético, pero acaban noqueados por los arreones estelares de Forlán y el Kun. El líder deja al Madrid a solo cuatro puntos

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Volvió al Calderón el aroma de los viejos Atleti-Barça, esos encuentros imperfectos y desajustados, rebosantes de incertidumbre y ocasiones, apasionantes, de los que hacía tiempo no había noticias.

Volvió ese delicioso olor cosido a defensas que renegaron de su condición y a futbolistas que demostraron la importancia del talento, que gritaron por qué tienen que jugar siempre. Volvió la fiebre del gol, el marcador atacado de histeria, la fe por encima del juego, y la Liga recibió un decisivo golpe de vida. El Madrid está a cuatro puntos. El Barça tiembla.

El Madrid no jugaba en el Calderón, pero estuvo presente. Se notó en la cara del Barça, en su aspecto tembloroso y dubitativo, mucho más afectado por el aliento de su perseguidor de lo que reconocen sus actores. No pareció el Barça, nada que ver con el fiero rival que ya goleó con saña a los rojiblancos en este ejercicio. No fue reconocible de salida, ni con el tanteo plácidamente a favor, tampoco cuando el Atlético tocó la corneta hacia la remontada.

No jugó bien, desenchufado de su leyenda, cuando tocaba ganar el partido. Y ni siquiera fue capaz de protegerlo, manejarlo, conservarlo cuando tenía la victoria en el banquillo. El Barça duda realmente de sí mismo y su juego lo acusa. El problema no está en su modelo, ni en la calidad de sus jugadores. Reside en su cabeza. Le duele el Madrid, que viene.

El Atlético debió favorecerse antes de esos fantasmas que atenazan al Barça, pero su defensa no se lo permitió. Existe un problema psicológico en la demarcación que invita a una urgente sesión sobre el diván, pero sus ocupantes necesitan también unas cuantas lecciones de táctica y puro fútbol. Al Barcelona asustadizo, lento e impreciso que pisó el Calderón le arregló la tarde el temblor de centrales que padece el Atlético. Especialmente los regalos de Pablo.

Tuvo que ver en el despegue azulgrana la indiscutible calidad de su gente de arriba, el impecable remate curvado de Henry, las incursiones de Messi por la autopista del medio y algún que otro pase de Xavi. Pero ayudaron lo suyo los favores previos de Pablo, de Ujfalusi y de Heintiga, que no cerró nunca, que no acudió a la ayuda desde el lateral, que vivió los asuntos defensivos como si no fueran con él.

El caso es que sin juego y sin posesión, perdiendo la pelota sin que el Atlético le apretara demasiado, el Barcelona se las ingenió para tener el partido cerrado a la media hora. Y fue justo entonces, con la victoria presuntamente guardada en el bolsillo, cuando el partido se le atragantó.

La culpa fue de su propia fragilidad anímica, por supuesto, y quizás de las tres ocasiones francas que Etoo desperdició ante Leo, pero realmente el milagro sólo cabe atribuírsele a Forlán. Recién leída la derrota en el rostro de sus compañeros y hasta en el runrún de la grada, el uruguayo sintió la necesidad de buscar el milagro por su cuenta. Intentar el gol de la nada. Ya ocurrió el martes ante el Oporto. Una conducción individual de apariencia inofensiva y, de repente, un zapatazo lejano pero brutal. Lo hizo tan cerca del 0-2 que el gol rescató al Atlético del hundimiento y convenció al Barcelona de lo cerca de él que se mueve la fatalidad.

El Barça recibió la segunda parte con sus mejores diez minutos, abrochado al balón ante un Atlético apagado. Pero los rojiblancos no viven del juego, sino de su gente importante. No necesitan del trámite de la elaboración, faceta para la que definitivamente se han demostrado incapaces. Necesitan de Forlán. Y sobre todo del Kun, un genio del que algunos se empeñan en dudar.

Bastó un saque de puerta en largo de Leo para que Agüero doblara por la mitad a la zaga azulgrana, también desastrosa y desordenada, un manojo de nervios. Para que encendiera al Atlético y a las tribunas. Otro error defensivo de Heitinga y Pablo le permitió al Barça creer en la victoria, pero su suerte ya estaba echada. El Atlético estaba decidido a coserse al Kun, a su fe, al espíritu de las noches olvidadas del Calderón. Llegó el empate, de penalti, y la obra final de Agüero, que resolvió porque estaba en el campo. Ahí debe estar siempre.

4 - At. Madrid: Leo Franco; Heitinga, Pablo, Ujfalusi, Antonio López; Maxi (Sinama m. 66), Assuncao, Raúl García (Maniche m. 77), Simao; Forlán (Banega m. 88) y Kun Agüero.

3 - Barcelona: Victor Valdés; Alves, Márquez, Puyol, Silvinho (Cáceres m. 77); Xavi, Gudjohnsen, Toure Yaya; Henry, Eto'o y Messi.

Goles: 0-1: m. 18, Henry, de disparo desde fuera del área. 0-2: m.30, Messi en jugada personal. 1-2: m. 32, Forlán de disparo lejano. 2-2: m. 55, Agüero, tras fallo de Márquez. 2-3:m. 73, Henry. 3-3: m. 78, Forlán, de penalti. 4-3: m. 86, Agüero.

Arbitro: Bernardino González Vázquez (Colegio Gallego). Enseñó tarjeta amarilla a Heitinga, Raúl García, Assuncao, Alves, Messi.

Incidencias: Partido de la vigésima quinta jornada de Liga, disputado en el estadio Vicente Calderón de Madrid, ante unos 55.000 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Diego Alcalá Rivero, jugador de alevín del Atlético de nueve años que falleció el pasado jueves tras estar seis días en coma después de sufrir un trágico accidente al golpearle la cabeza la cubierta de un banquillo en Las Rozas.