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Borja castiga la ternura del Betis

Los de Mel han sumado un punto en ocho jornadas

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El Villarreal fue el enésimo equipo que aprovechó esa candidez que sonroja al Betis en este regreso a Primera. En otra modalidad de fútbol en el que no contaran las porterías, es muy probable que los verdiblancos no tuvieran rival. Pero hasta que los 7,32 x 2,44 metros diluciden el triunfador de cada cita, al equipo de Mel debe replantearse su relación con la zona más caliente del campo.

Son ocho jornadas sin ganar, un punto de los últimos 24. Todo por esa falta de feeling con los tres palos porque el juego tampoco es para sumar a cuenta gotas. A los levantinos les vino de perlas ese atrevimiento de los béticos. Las bajas han rapado al equipo al cero, le han arrebatado ese estilo que ya es norma de los amarillos sea quien sea el entrenador. Por suerte para Juan Carlos Garrido, le queda la frente despejada de Borja Valero para sobrellevar de la mejor manera posible esta época tan atribulada.

El Betis presionó muy arriba desde el primer sprint, tuvo la pelota y no le asustó la mala racha. Lo que les sale a los entrenadores en estos casos es sacar la manta. Arropar al equipo y minimizar los riesgos. Parece evidente que Mel va a seguir con su plan hasta el final, hasta que le dejen. El problema es que se encontró con un rival al que le venía de perlas que le jugara así. En otras circunstancias, el debate por la posesión hubiese sido arduo, al Villarreal ayer le sacó la sonrisa ese descaro de los sevillanos.

Bruno y De Guzmán se dedicaron más a barrer que a dar brillo ante esa pose de los béticos. Garrido optó por esa pareja y aliviar a Borja de la disciplina del medio centro. Con tanto jugón en la enfermería hay que dejar que los sanos se arrimen lo más posible a la portería.

El Betis bailaba y bailaba con la pelota, aunque sin demasiada profundidad. En una de esas posesiones a Beñat, enfiló mal el pase y se lo entregó a Hernán Pérez. La contra dejó a la defensa verdiblanca traspuesta. Marco Rubén dejó solo a Borja con un gran pase para que el pelón elevara la pelota con dulzura por encima de Casto.

El gol no cambió un centímetro el plano por el que se movía la tarde. Los papeles estaban ya repartidos mucho antes de que la película empezara a rodarse. Rubén Castro se movió con gusto por la banda derecha. Su mejor ocasión la sacó con una gran mano clavada en el suelo Diego López.

Quedaba toda una segunda parte por delante para que el Betis despejara sus ideas de cara a puerta. No se quedó con nada en el banquillo Pepe Mel. Tardó poco en podar el centro del campo y meter gente con visión más clara cerca del área. Otra vez Castro se encontró con el empate muy cerca hasta que Gonzalo le birló el balón en una maniobra en la que se jugó el penalti.

El Villarreal jugaba a pasar el tiempo. Borja Valero era el encargado de sacar provecho a lo poco de balón que dejaba el Betis. Su buena sensación en este arte del juego se queda en nada ante la nula efectividad en la zona sagrada.