Publicado: 03.10.2016 13:53 |Actualizado: 03.10.2016 13:53

Las cantadas de Ter Stegen y la apatía del Real Madrid encaraman al Atleti

El equipo rojiblanco se coloca al frente de la Liga por méritos propios y aprovechando los fiascos de madridistas y azulgranas. No era líder desde enero. Gran exhibición en Mestalla. El Eibar propició el cuarto empate de un Madrid sin alma y el Celta hizo trizas al Barça.

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Pablo Hernández celebra el cuarto gol del Celta ante el portero Ter Stegen. /EFE

Pablo Hernández celebra el cuarto gol del Celta ante el portero Ter Stegen. /EFE

MADRID.- El Atlético de Madrid no pudo festejar de mejor manera el medio siglo que cumplía el Vicente Calderón. 50 años con un liderato que sabe a gloria. El plan rojiblanco sigue su curso, sin alteración pese a los cambios de nombres. Simeone maneja todos los registros del equipo y los jugadores entran y salen sin que se resienta el rendimiento colectivo. Y así, logró una enorme victoria en Mestalla por 0-2 y aprovechó los tropiezos del Real Madrid y del Barcelona para situarse como líder de LaLiga Santander.

Dos tropiezos, a cual más sorpredente. La tarde arrancó con un Real Madrid que sesteó tanto contra el Eibar que acabó empatando (1-1) por cuarto partido seguido. Al equipo blanco no se le atisba reacción a una apatía que se alarga peligrosamente. Con la BBC seca y con la enfermería cada vez más cargada, no hay plan B en el dibujo de Zidane.

Pero el batacazo fue mayor para el Barça en Balaídos. Un 3-0 en la primera parte dejó encaminado el choque. Piqué, de cabeza, intentó la remontada. Pero Ter Stegen se empeñó en seguir jugueteando con los pies y la pifió (4-3). El Celta de Vigo es un virus para Luis Enrique.



Tras siete jornadas disputadas, el Atlético lidera la clasificación empatado a 15 puntos con el Real Madrid. Pero su balance de goles es mejor. Los rojiblancos han marcado 14 goles y solo han recibido 2, por los 16 marcados y 7 encajados por los madridistas. Hacía 24 jornadas que los de Simeone no eran líderes. La última vez fue el 17 de enero de este año, al término de la jornada 20 de la pasada campaña.

En Mestalla se volvió a ver a un Atlético de lo más solvente. Cuajó un partido muy completo y dejó al Valencia más hundido si cabe. Los dos goles rojiblancos los firmaron sus puntas Griezmann y Gameiro, al final del choque. Y no fue mayor la goleada porque Diego Alves lo evitó parando otros dos penaltis, uno a Griezmann y otro a Gabi. El único debate que se abre es la fiabilidad del '7' francés desde los once metros. Ha fallado tres de sus cuatro lanzamientos en su trayectoria en la Liga.

Antoine Griezmann celebra su primer gol junto a Carrasco en Mestalla. /EFE

Antoine Griezmann celebra su primer gol junto a Carrasco en Mestalla. /EFE

Por lo demás, fue una mañana redonda con la que el Atlético celebró en la distancia los 50 años del estadio Vicente Calderón. En el feudo rojiblanco, al que le queda este año de vida, sí lo celebraron decenas de miles de fieles colchoneros. Todos recordaron aquel 2 de octubre de 1966, día en el que nació con un 1-1 entre el Atlético y el Valencia. Ayer, se jugó el mismo partido pero en terreno valencianista. 

Un Real Madrid sin tensión ni ambición

Las buenas sensaciones que desprende el Atlético se han esfumado en el Real Madrid. En un partido que parecía propicio para dar carpetazo a la racha de empates, sólo sirvió para aumentar las dudas y los nervios. El Eibar sacó un empate (1-1) del Santiago Bernabéu ofreciendo una apuesta valiente y de la mano de un Pedro León que se reivindicó ante su antigua afición. En el Real Madrid nadie apareció. Solo Bale, de cabeza, logró contrarrestar el gol de Fran Rico. Y punto. Los madridistas no encajaban tres empates seguidos en la competición doméstica desde hace ocho años.

Una falta de intensidad alarmante, como reclamaba Pepe al final del partido, un inicio tembloroso, una sequía goleadora preocupante y una rotura del equipo por el medio llevaron al Real Madrid a ofrecer una imagen pobre y anodina. No hay excusa que valga en un equipo con una plantilla con tanta calidad como la del conjunto dirigido por Zidane, pese a que la enfermería se llene cada vez más. James se lesionó en el entrenamiento y Benzema y Varane no pudieron salir tras el descanso. A lo que se une la reciente operación de Modric o la lesión de Casemiro. Aun así, el Madrid tiene amplitud de banquillo para aportar muchísimo más.   

Ter Stegen allana el camino al Celta

Pero si el Eibar dio la sorpresa en el Bernabéu, el Celta dio la campanada contra el Barça. Y eso que ya comienza a estar acostumbrado. No en vano le ha ganado ya en tres ocasiones al equipo de Luis Enrique y es el equipo que más veces se ha impuesto al conjunto azulgrana con el asturiano en el banquillo. Berizzo parece haber tocado la tecla adecuada para hincarle el diente al vigente campeón de Liga, que tampoco puede escudarse en la ausencia de Messi.

La primera parte del Celta fue primorosa. El Barça hizo aguas por todas partes en 45 minutos para olvidar. Los goles de Pione Sisto, Iago Aspas y Jeremy Matthieu en propia puerta certificaron el descalabro azulgrana en una lección viguesa de presión alta y de definición al contraataque. Con todo en contra, el Barça aprovechó el coraje de hombres como Piqué para intentar enmendar la plana. El central, con un cabezazo, y Neymar de penalti acortaron las distancias. Pero Ter Stegen, que ya había propiciado el primer gol del Celta, con un envío comprometido a Busquets, se unió a la fiesta local cuando el Barça amenazaba con el empate.

El alemán controló con los pies dentro del área y en su afán recurrente por salir con el balón jugado como si se tratara de un líbero, se vio atropellado por Pablo Hernández y mandó un pase a la banda que cortó el jugador celeste poniendo el 4-2 en el marcador. Tras el partido, se disculpó: "Lo siento mucho: luchamos y se perdió por un error mío". "Es un pase que vi claro. Este tipo de errores no se pueden cometer".  Pero también advirtió que seguiría jugando de la misma manera. El 4-3 final lo volvió a poner Piqué, que llevó los nervios a las gradas de Balaídos hasta el pitido final.