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Chygrynskiy chirría

El Barça no vuelve la cara a la ruda propuesta de Osasuna, pero exhibe cierta fragilidad defensiva

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Es sólo un síntoma inicial, quizás pasajero y sin importancia, pero a Guardiola le urge atajarlo antes de que mute en pandemia fatal. Sin estridencias ni traumas, el Barça necesita un par de retoques para afrontar partidos ásperos. Lo que se discute no es su superioridad, cimentada en un estilo innegociable, sino la necesidad lógica de ajustar dos nuevas e importantes piezas. Ibrahimovic y Chygrynskiy aún chirrían de forma intermitente. Y, lo que es más preocupante, su descoordinación provoca dudas fugaces y, a ratos, sensación de debilidad transitoria.

Ante rivales como Osasuna, que interpretan con maestría la partitura de la presión como origen de todo su juego, las figuras del central y el delantero no admiten titubeos ni lagunas. El sueco y el ucranio se perdieron en las reducidas dimensiones del campo pamplonés. Sobre todo, el defensa. Aranda, un rebelde con causa, un calvo al que la vida ha vestido de pillo, atisbó la debilidad del melenudo rival y le buscó una y otra vez. Surtido por Juanfran desde la banda derecha, ambos convirtieron la zona izquierda de la defensa azulgrana en un sobresalto constante. Sin demasiado peligro, pero con preocupante insistencia.

No se discute el superior estilo azulgrana, sino un par de ajustes

Tales fueron los síntomas de fragilidad que Guardiola, discreto y alérgico al ruido, se vio obligado a señalar públicamente a Chygrynskiy cuando le sustituyó por Márquez media hora antes del final. El destino, caprichoso y cruel, quiso que de un error postrero del mexicano naciera el gol del empate.

Lo de Ibrahimovic es otra historia. En su caso, quizás sea el equipo el que debe adaptarse a él. Habituados a la rapidez atacante y a la solidaridad defensiva del despedido Etoo, el Barça aún está aprendiendo a vivir con el poderío global y bipolar del sueco: o aparece majestuoso o no se presenta.

Con 0-1, Messi tuvo dos claras ocasiones de gol, pero perdonó

La propuesta anunciada por Camacho, minar el campo desde el comienzo, surtió efecto. Les llevó unos minutos reponerse de la ocasión inicial de Messi, pero en cuanto recompusieron el ánimo lograron cerrar las vías de llegada del Barça hacia Ricardo y, esporádicamente, miraron con descaro a Valdés.

El encuentro se convirtió en una apasionada, y un punto insulsa, representación de dos mundos contrapuestos. En una generosa escenificación de lo que es el fútbol, un deporte donde conviven conceptos tan antagónicos como el del Barça y el de Osasuna, los navarros tiraron de casta para, sin una mala patada, hacer sudar a los contrarios, y los catalanes se negaron a superar esa presión con fealdad. Antes muertos que al patadón.

La segunda parte amaneció idéntica, con un punto menos de fuerza por parte de los locales y con dos gotas más de profundidad azulgrana. Guardiola mandó apretar y, prudente, desconfió de Chygrynskiy y lo cambió. Lo que no esperaba, sobre todo tras varias oportunidades claras para el 0-2, era la pifia de Márquez y la desgracia de Piqué. Ayer, los centrales se juntaron para provocarle al barcelonismo un molesto dolor de cabeza.