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Fran devora el clásico

Los blancos encajan la derrota más severa en su cancha ante el Barça (57-79), que reafirma su liderato. Ricky cuaja su mejor actuación del curso en su debut liguero ante el Madrid

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Aplausos para el Barça, pitos para el Madrid. En Vistalegre. Tras asistir a la derrota más severa, 22 puntos de diferencia, nunca antes encajada por los blancos ante el máximo rival, el Barça. El equipo que le arrebató el liderato y ayer lo reafirmó con una exhibición que no alcanzaba semejante reflejo desde 1980. Debutaba Ettore Mesina en un clásico en la ACB y no tuvo más remedio que rendirse a Ricky Rubio, el otro debutante en liga, a la inmensidad de Fran Vázquez, y al lastre de sus propias bajas, que le convirtieron en un equipo menor frente a la máquina azulgrana, que le lleva un año de ventaja en engrase.

Nunca se sabrá si, con otros mimbres, el Madrid habría sido capaz de responder a la voracidad de Fran Vázquez, que emergió como un gigante, con sus brazos infinitos, capaces de llegar a la bola más inverosímil y, por supuesto, a todas cuantas le envió Ricky, absoluto dominador del ritmo de juego en su estreno en un clásico liguero. Lavrinovic, que mientras tuvo enfrente a Ndong se manejó bien, no halló manera de estorbar los movimientos de Fran, poseedor de un repertorio inagotable.

Su efectivo tiro de dos, a media distancia; sus mates, espectaculares a veces, salvación de un tiro fallido, otras; los alley-oop, en combinación con Ricky o con quien fuera su asistente en el mando; sus rebotes y su intimidación defensiva; y hasta un tiro final, sobre la bocina, cuando esta indicaba el camino del vestuario en el descanso. Con semejante despliegue de Fran, el Barça apenas necesitó de la aportación ofensiva del resto de sus jugadores, más dedicados a labores defensivas y a ejecutar los movimientos precisos para la exhibición del lucense, que explotó la ausencia de Reyes.

Privado el Madrid de Llull, lesionado, y de Jaric, su nuevo fichaje, al equipo de Mesina le costó un mundo armar su ataque estático cuando Prigioni no estuvo al mando, pues el recurso a Bullock como director tampoco resultó. Ninguno de los dos fue capaz de superar la telaraña defensiva tejida por Pascual, una red tan tupida que el Madrid fue incapaz de superar los 25 puntos al descanso, mientras los azulgrana se iban hasta los 43.

La rotación del Barça, con casi todos sus piezas disponibles, fue impecable. Nadie desmereció. La constatación de la eficiencia azulgrana resultó desesperante para Mesina, que sólo halló a Dasic como recurso para oponer a Mickeal. Aunque los problemas no le vinieran por ahí. La pesadilla del Madrid fue un conjunto que, cuando Fran se tomó un respiro sumó tres faltas, abortó la tímida reacción blanca (31-43) desde el perímetro.

Descargado de responsabilidades hasta entonces, Navarro tomó gustoso el relevo y se turnó con Ricky para torpedear la canasta madridista. El amago de recuperación blanca quedó sofocado en un abrir y cerrar de ojos para desesperación del técnico del Madrid cuyas consignas resultaron vanas. Desbordado tácticamente, el italiano recurrió al orgullo para limar diferencias y evitar una derrota sonrojante. Fracasó.

La movilidad defensiva del Barça siguió siendo tan acuciante como si el partido estuviera en un pañuelo. Navarro se empeñó en conseguir, al menos, los diez puntos que siempre asegura. Y Ricky decidió salir de su primer clásico firmando la mejor actuación ofensiva desde que viste la zamarra azulgrana. Sus 18 puntos esconden una estadística sobresaliente: 75% en triples, 60% en tiros de dos, 100% en libres, dos rebotes y tres asistencias para un 24 de valoración, la mejor del partido.