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Un fútbol en estado de guerra

La mano dura de Blazevic sustituyó al ídolo Kodro

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A Miroslav Blazevic los periodistas bosnios le estaban esperando con el cuchillo entre los dientes el día que fue presentado como nuevo seleccionador de Bosnia. Aunque nacido en 1935 en Travnik (Bosnia), siempre se definió como un hijo de Croacia. Tanto que fue uno de los personajes más cercanos al ex presidente croata Franco Tudjman, opositor a la independencia de Bosnia. Una de las primera preguntas que le hicieron fue encaminada en esa dirección. “No mezcle la política con esto, hijo”, respondió ‘Ciro’ Blazevic, que iba para cura y al que nadie creyó.

Desembarazarse de su beta política le será complicado porque desde siempre estuvo muy ligado a ella. Hace cuatro años, Blazevic llegó a presentarse como candidato independiente a las elecciones presidenciales de Croacia. No llegó al 2% de los votos. Blazevic ha aterrizado en la selección bosnia con ese estigma pro croata y con un fútbol lastrado por la corrupción y el boicot tras la destitución de su antecesor Meho Kodro y con el reto de clasificar a una selección que no ha estado en la fase final de una gran competición desde su independencia de la antigua Yugoslavia.

En agosto, dos dirigentes de la Federación bosnia fueron a juicio acusados de haber metido mano en la caja federativa. La destitución de Kodro fue más problemática, porque acabó por dinamitar el fútbol bosnio. “La destitución de Kodro es uno de los ejemplos de la ruina en la que vive el fútbol de Bosnia”, dijo el internacional Dzeko (Wolfsburgo). Su despido desencadenó un alud de protestas de aficionados y jugadores que se negaban a volver a vestir la camiseta bosnia. Papac (Rangers) fue uno de ellos: “La Federación mostró con su decisión de destituir a Kodro que era una organización privada de aficionados”.

Kodro se negó a jugar un amistoso ante Irán, programado sin su consentimiento. Fue la excusa perfecta para destituirle. El presidente de la Federación Bosnia, Iljo Dominkovic, le tenía enfilado. Le mandaba sms cuestionándole las alienaciones, y eso que apenas había dirigido a Bosnia en dos partidos. Con lo que no contaba Domkovic era con la popularidad de Kodro. Éste organizó un partido en Sarajevo junto a sus amigos, el mismo día que Bosnia se enfrentaba a Azerbaiyán en Zenica el 1 de junio pasado. A este último encuentro acudieron un centenar de personas, mientras al de Sarajevo, que amaneció inundada de carteles a favor de Kodro, fueron 18.000.

También una decena de jugadores renunciaron a la selección, aunque Blazevic ha convencido a la mayoría. “Sólo con mi presencia la mayoría de los que se negaban a jugar, han vuelto”, dijo altivo Blazevic. Subotic, del Dortmund, sí parece decidido a no ponerse la camiseta: “Decirle a Blazevic que no me convoque. Estoy triste porque no acabo de comprender cómo los jugadores no quieren jugar para el país en el que nacieron, el país de sus padres y abuelos, pero eso parece ser el destino de Bosnia”. A parte del boicot, Blazevic también tendrá que lidiar con la convivencia en la selección de los musulmanes bosnios, croatas y serbios. “Todos tienen que entender que el camino es ir juntos”, asevera el hombre que se rige por la mano de hierro.

Prosinecki, Suker y compañía no podían levantarse de la mesa sin su permiso, aunque les recomendaba el sexo “siempre y cuando fuera con hombres. Yo no hablo nunca a los jugadores, les ordeno. Soy el jefe”, dice.