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Gavilán alienta a Míchel

Javier Aguirre arranca un empate en Getafe en su debut con el Zaragoza

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Codina tal vez no sea alérgico a los desengaños. De otro modo no arriesgaría tanto en noches en las que parece aconsejable reducir la velocidad. Pero a los 33 minutos, el portero desató su corazón, fue hasta donde no debía y facilitó el gol de Bertolo casi desde el extremo izquierdo. Fue un error muy perro, que dividió aún más a un Getafe incapaz de soñar despierto. Sus intentos murieron casi siempre en los pies de esa pareja de centrales, Jarosik y Contini, que actuó como una caja fuerte.

Los pitos regresaron al Coliséum, que temblaba de miedo cada vez que Bertolo se asociaba con la pelota. Es uno de esos tipos anárquicos que, en sus tiempos del Atlético, no parecían gustar a Aguirre, el nuevo entrenador, así que habrá que ver a partir de ahora. Pero en el Zaragoza de anoche hubo dos velocidades, una la de Bertolo y otra la del resto, incluido Lafita, que falló una gol de los que no se perdonan ni en la calle. Fue el momento en el que Codina aprovechó para convencer a su gente de que él no es tan malo. Sólo tiene esas locuras de arquero, que dirían los argentinos, entre ellos Bertolo, al que Miguel Torres no advirtió la intención nunca.

La noche apuntó lo peor para el Getafe y no digamos para Míchel, su entrenador. Pero el inicio de la segunda parte tuvo el aire benéfico que provocó Gavilán, la primera zurda del Coliséum. Salió y aumentó el apetito general. La primera vez que pisó área provocó un penalti en el que Sinama debería explicar por qué se comportó con tanta crueldad. El caso es que Colunga marcó y el partido se descosió sin miedo. Aparecieron las opciones de gol por las dos partes y, en este apartado, Colunga volvió a sumar más que nadie. Hizo de todo, lo mejor por abajo y lo peor frente a la portería. Se batió al mismo precio con esas dos torres que el Zaragoza tiene en el centro de la defensa, pero quizá le cueste menos comerse un solomillo que marcar un gol. Al menos, desde que está en el Getafe.

Así que el partido cedió al empate, que el Zaragoza consintió, sobre todo desde la expulsión de Ponzio, un hueso durísimo de roer. La noche se despejó para Gavilán, al que sólo le faltó gasolina. Pero no hubo manera. Míchel y Aguirre tienen trabajo por delante.

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