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Guardiola marca la línea, pero cede poder de decisión

El preparador azulgrana dice que trabaja mejor con contratos cortos, asegura que tuvo que aceptar la venta de Chygrynskiy, deja el futuro de Ibra en sus manos y censura el 'caso Cruyff'

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Compareció con una media sonrisa, enfundado en una camisa de leñador y unos tejanos semigastados, con aspecto relajado, como si el descanso le hubiera cundido. En su cabeza rapada, poco cabello y muchas ideas. Todas claras, como siempre. 'Han sido unas vacaciones largas', dijo. Han sido dos meses. Ocho semanas sin Pep Guardiola, con cambios en la presidencia del Barcelona, con ventas y compras, y negociaciones, no todas favorables, aunque la más importante culminara la semana pasada asegurando su continuidad como técnico azulgrana por una temporada más.

Tiempo escaso y motivo de inquietud futura a decir de muchos; tiempo suficiente para Guardiola, más cómodo en plazo corto que en el macro que le ofrecía Sandro Rosell: seis años ligados a su mandato. 'Ofertas así son de agradecer por la confianza, pero yo pedí un favor personal: trabajo mejor con contratos cortos', dijo el técnico del Barça, en su regreso al trabajo, para justificar su insistencia en firmar sólo por una temporada.

Su aseveración fue el inicio de un largo repaso a la actualidad azulgrana. Una hora en la que Guardiola clarificó posturas, estableció las reglas del juego y reivindicó su condición de mero empleado de club para justificar la asunción de decisiones no compartidas como la venta de Chygrynskiy.

'Necesito saber que las cosas funcionan, que nos entendemos, sobre todo con los jugadores', razonó el técnico. Si es así, si la plantilla está a la altura de su exigencia y las relaciones con la nueva junta fluyen, Guardiola seguirá. Así lo ha acordado con Rosell. Y su renovación no supondrá un nuevo culebrón: 'Este año es diferente: no hay elecciones' .

'No hay otro lugar donde pueda estar mejor que aquí, y si todo va bien y me siento con fuerza, seguiré un año más. Si estoy saturado o no hay feed-back, me iré. Pero lo haría igual aunque tuviera contrato o ganara un título. No hay diferencia entre firmar por cuatro años o renovar año a año', afirmó el técnico. Guardiola, en cualquier caso, no será como el longevo Arsène Wenger. 'Aquí no es cultural, esas cosas no funcionan. La estabilidad no la da el técnico sino la institución', aseveró. No en todos los clubes: Wenger maneja el Arsenal y tiene la sartén por el mango en el complejo fichaje de Cesc. 'Queremos que venga y ellos lo saben. Pero costará mucho y lo entiendo. Es un jugador muy importante para el Arsenal', señaló Guardiola.

El técnico ha asumido el discurso de la nueva junta sobre la delicada situación económica de club. No le ha quedado más remedio. La falta de liquidez revelada por la directiva y la política de austeridad le han obligado a renunciar a Chygrynkiy, fichado el curso pasado por su insistencia y vendido esta a su pesar. 'Soy un mentiroso porque dije que no se movería de aquí y yo no quería venderlo, pero hay una cosa que está por encima de todo: los intereses del club', explicó Guardiola. 'Y sé que estoy solo en esto, pero estoy seguro de que nos habría dado mucho. Pero la liquidez económica del club estaba por encima: hubo que venderlo para pagar las nóminas del club o algo así y no pude hacer nada', insistió el técnico.

La sentencia fue apenas el avance de una circunstancia confirmada posteriormente por el propio Guardiola: el poder del técnico no es omnipotente; las directrices de la junta y del presidente se imponen, al menos en algunos asuntos. 'Yo no soy el amo de la barraca. Parece que tenga las llaves y lo decida todo, pero no es así', sostuvo Guardiola.

Tanto es así, que el técnico del Barça aseguró que nada ha tenido que ver en la marcha de Henry, en la más que probable de Márquez, ni en la posible de Ibrahimovic. 'Son jugadores tan importantes y han dado tanto al club que deciden ellos', aseguró Guardiola. 'Yo no he puesto a Ibra en el mercado y no sé si se quiere ir o no, pero ni el Barça ni yo podemos decidir su futuro. Hizo una temporada muy buena y, si se queda, tiene que ser un referente. Pero es él quien tiene que decidir qué quiere', añadió el preparador azulgrana, tras mantener una reunión de 45 minutos con el sueco.

Sabe que, con la llegada de Villa y la pujanza de Bojan, no le puede garantizar un papel protagonista. Que el sueco podría no asumirlo. Y que al Bar-ça le vendría bien la venta. Como sucedió con Touré, otra baja no deseada. Precisamente, la marcha del marfileño, la incógnita de Cesc y la estrechez económica condicionan la confección de una plantilla que será, al menos, tan ajustada como la del curso pasado.

'Como no tenemos ni un duro, no ficharemos a nadie más', dijo Guardiola medio en serio, medio en broma. 'Prefiero una plantilla ajustada: trabajo mejor con menos gente. Y, si tengo que tirar del filial, lo haré. Hay una generación muy buena y confío mucho en ella', apuntó. 'Quizá falte alguna pieza, pero no demasiadas', concedió después. Fichados Villa y Adriano, a Guardiola le preocupa sobre todo el centro del campo. Si el Arsenal acaba cediendo y Cesc se incorpora, Keita podría actuar ocasionalmente de mediocentro defensivo, pieza que trataría de contratar de no llegar a un acuerdo por el catalán.

Con esos mimbres, Guardiola confía en seguir compitiendo con el Madrid de Mouri-nho. 'Como en ceros no podemos ganarlos, intentaremos hacerlo en entusiasmo. Espero que pensemos que somos pequeños para ser de nuevo grandes, para ser competitivos', anheló el técnico, antes de censurar la gestión del caso Cruyff. 'Algo se ha hecho mal, no sé si en la propuesta, en la aceptación o dónde. Pero Johan no se lo merece y el Barça, tampoco. Deberían solucionarlo', concluyó Guardiola, tras asegurar que él seguirá pidiéndole consejo siempre que lo considere oportuno.