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El Madrid goza de crédito ilimitado

El Madrid arrasa al Caja Laboral y jugará la final con el Barcelona

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Desapareció San Emeterio y el Madrid entendió el mensaje. Aderezó su ausencia, porque hasta los talismanes pierden el resuello, con un continuo juego de reivindicaciones. Es como si en este Madrid, más que en ningún equipo, haya que tener contento al jefe para seguir siendo protagonista en pista. Nadie lo sabe mejor que Velickovic. Negado en el primer partido ante el Joventut y abochornado por la crítica reiterada de Messina, una dinámica que el técnico italiano defiende como camino a la madurez, Novica exteriorizó su examen de conciencia. Avispado en la ayuda defensiva, su descaro en ataque prosiguió con el llamamiento que habían reivindicado el parcial de ocho puntos de Lavrinovic con el que el Madrid encontró el primer margen (21-26, min 14) más allá de una canasta de ventaja.

El desparpajo de Velickovic, que concluía con la primera felicitación de Messina, contagió a todos. Cada uno quiso destapar lo que mejor sabe hacer. Hansen alardeó de triples. Llull, de precisión vehemente. Kaukenas, de su carácter de marine. Garbajosa, de esas soluciones que tanto se valoran desde la pizarra. Prigioni, de temple. Poco importaba que Jaric, el héroe en el debut, o Felipe, blanco del exceso de celo arbitral, no soportasen el pistón de sus compañeros.

El descanso regalaba una ventaja lo suficientemente cómoda (27-40) para pensar en un cambio de dinámica. Ni siquiera ayer San Emeterio tenia bula para la heróica. Su estadística, la mejor de todo su equipo, de nada sirvió ante la falta de acompañamiento. Ante los ramalazos de Teletovic o Pau Ribas, más efectistas para la grada, que efectivos en la búsqueda de la final, el Madrid encontró su espacio para reconciliarse con su apuesta de equipo ganador.

Kaukenas armó la segunda fase de la escapada (36-52, min. 35), ante la bronca de la marea roja del baskonia por el duelo entre el pasado y el presente de sus bases. Un robo de Pau Ribas a Prigioni despertó a la masa. El ‘homenaje' encorajinó al argentino para armar la paliza ante su ex-equipo. Dueño de todo, de los tempos del ataque, de las sonrisas y hasta del dibujo de los olés de la grada blanca, Prigioni no se sintió egoísta. Dejó hacer a Lavrinovic desde el perímetro.

El dominio del rebote madridista, a pesar de manejar un quinteto más bajito, animó al pívot lituano a mostrarse fuera de su hábitat. Su vigésimo punto significaba el abismo (47-67, min, 36) para el Madrid y el sonrojo para el Baskonia. Un equipo que acabó desorientado y lamiéndose las heridas de un castigo que la clasificación de la ACB (dos victorias por encima del equipo de Messina) hacía de difícil vaticinio.

Una derrota que debe obligar a una reflexión profunda a Ivanovic, el técnico cuya excesiva mano de hierro ha desarticulado la fórmula del éxito en tan solo un año. Su carácter ha obligado a construir un nuevo proyecto alrededor de unos mimbres que necesitan aún de más cocción. Sin Splitter, y con un Teletovic fuera de punto, el Baskonia se muestra como un equipo al que se le complica asaltar el debate que han planteado esta temporada Barcelona y Madrid.

Si los de Pascual llegaban a Bilbao con un crédito ilimitado, el grupo de Messina, castigados por dos derrotas en Siena y Vistalegre, ha reconfigurado su dimensión de equipo ganador, al que se le puede exigir títulos.

La misma dinámica en la que está instalado el Barça desde que superó al Madrid en la final de la Súpercopa. Porque ellos son las dos únicas franquicias que han conseguido lidiar con el gafe, que persigue al campeón de Copa, y repetir título un año después del éxito en esta competición. El bipolarismo llega hasta esos extremos.

Baskonia (50): Singletary (-), San Emeterio (10), English (5), Teletovic (6), Barac (7) -cinco inicial-. Ribas (6), Huertas (2), Eliyahu (10), Oleson (4) y Hermann (0).

Real Madrid (78): Prigioni (2), Jaric (1), Kaukenas (15), Garbajosa (5), Lavrinovic (21) -cinco inicial-. Llull (8), Hansen (8), Bullock (-), Velickovic (10), Reyes (8) y Vidal (-).

Árbitros: Arteaga, Martín Bertrán y Conde. Eliminaron a Singletary (min. 37).

Bizkaia Arena: 14.403 espectadores.