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Mariposas chinas

El país anfitrión logra oro y plata en los 200 mariposa femeninos con récord mundial de Liu Zige. El francés Bernard se impone en los 100 libre

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El Cubo de Agua se puso boca abajo en la final de los 200 mariposa femeninos. La australiana Jessicah Schipper partía por la calle 5, justo al lado de la china Liu Zige. Schipper salió muy bien, la china, no. Al paso por el ecuador de la prueba, la australiana tocó la pared con 1.12 de adelanto sobre el récord del mundo.

Todo indicaba que Jessicah Schipper se iba a llevar la victoria, sin embargo, la vista indicaba que la progresión de la calle cuatro iba recortando la diferencia de forma constante. Y el oído también. El público de la piscina comenzaba a corear el nombre de Liu Zige. La china iba a más, realizó un tercer largo sensacional, tocó la pared con 87 centésimas de avance sobre el récord y se dispuso a afrontar la última piscina.

En los últimos 50 metros, el griterío aumentó porque la otra china, Jiao Liuyang, progresaba también con fuerza en la calle tres. En los últimos 30 meros superó con facilidad a Schipper y la piscina se vino abajo. Venció Liu Zige, con un nuevo récord mundial de 2:04.18 y la plata fue para Jiao Liuyang, también por debajo del récord mundial. Schipper, ya explusmarquista mundial, fue tercera con 2:06.26.

Había una gran expectación para ver la final de los 100 libre masculinos. Por un lado, el francés Bernard y el estadounidense Lezak, para reeditar su duelo del 4x100 libre, sin duda, el momento más mágico de los Juegos de Pekín hasta ahora. Y por otro lado, el joven australiano Eamon Sullivan, que marcó en semifinales unos impresionantes 47.05, récord mundial.

Lezak no estuvo nunca en la lucha por el oro, lo cual aporta aún más valor a su actuación en el 4x100, cuando voló poseído por el espíritu de Phelps. La final se redujo al duelo entre los dos hombres que se disputan el trono de la velocidad mundial, un australiano de 22 años y un francés de 25. Ganó Bernard con 47.21, gracias a que cubrió la segunda mitad de la prueba 16 centésimas de segundo más rápido que Sullivan. Lezak marcó 47.67 y empató en el bronce con el brasileño César Cielo. Habrá que seguir de cerca a este nadador, de sólo 21 años.

Ni siquiera hoy pudo descansar Phelps. El mayor deportista olímpico de la historia no debía disputar ayer ninguna final, pero sí se lanzó a la piscina para las semifinales de los 200 estilos. El de Baltimore salió muy cauto, ahorró muchas energías, volvió a exhibirse en los virajes (el último fue antológico) y logró el mejor crono para la final. Atención a la actuación de su compatriota y rival en la final, Ryan Lochte. Se quedó a una centésima de Phelps.

La mañana comenzó con una nueva victoria del japonés Kosuke Kitajima, el japonés que se diera a conocer hace cuatro años por sus gritos en la piscina per ha moderado ya su comportamiento, tanto dentro como fuera de la pista. Kitajima buscaba, además de su segundo oro, el récord del mundo. Enganchó una gran salida (su tiempo de reacción, 0,69 segundos fue el mejor de los ocho finalistas), tomó la cabeza y ya nadie fue capaz de desbancarle hasta el final.

Kitajima pasó los 100 metros en un crono de 1:01.13, un parcial de 14 centésimas mejor que el del récord mundial. Pero a partir de ahí, la fatiga, esas acumulaciones de lactatos en la musculatura, ese ambiente de acidez generalizada en el metabolismo que bloquea el rendimiento, se apoderó de él. Perdió mucho tiempo en la segunda mitad de la prueba, que nadó en 1:06.51, y se quedó a 13 centésimas de su propio récord mundial. Pero se va de Pekín con dos medallas de oro.

El segundo récord mundial de la mañana llegó en los 4x200 libre. Australia, pese a nadar por la calle siete, cuajó una actuación soberbia y rebañó 5,78 segundos al récord del mundo, una diferencia impensable. El cuarteto estuvo compuesto por Stephanie Rice, Bronte Barrat, Kylie Palmer y Linda Mackenzie. China, dispuesta a mandar en el medallero hasta el final de los Juegos, logró la plata. Cuatro naciones nadaron por debajo del récord del mundo.