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Mou, el entrenador malcriado

Al portugués se le han perdonado cosas en el Madrid que enterraron a otros técnicos que ganaron más que él. Antic fue despedido siendo líder; Toshack y Schuster salieron por culpa de unas declaraciones; a Benito Flor

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Rafael Benítez vive en Wirran, a las afueras de Liverpool. Allí es un ciudadano feliz a pesar no tener trabajo. Y, si por él fuese, nunca abandonaría Inglaterra. Sus hijas se adaptaron rápido. Su mujer colabora en obras sociales. Pero si le llamase el Real Madrid, la familia no se plantearía la mudanza ni un momento. Sabe que tendría menos calidad de vida que en cualquier club de la Premier. Benítez se educó en la Ciudad Deportiva. Fue a primeros de los noventa. No había tantos focos. Pero entonces los entrenadores del Madrid ya estaban juzgados cada minuto. Y no era fácil vivir así. De hecho, Benítez se acordará de Del Bosque, que era su jefe y que entonces no concebía la idea de ser primer entrenador. 'Eso queda para los jóvenes', le decía a Rafa.

El destino, sin embargo, procuró que años después Del Bosque se enamorase del cargo. No sólo fue un romance. También aceptó decisiones duras como elegir a César en vez de a Casillas en la final de una Copa de Europa. Pero lo hizo bien. Consiguió títulos y no se recuerda una sola discusión suya con la prensa. Entonces ya existía una legión de medios, pero Del Bosque siempre respondía al teléfono. El cargo no cambió su idea de la vida. Fue un hombre de empresa, como su padre, que fue ferroviario. Después, aplicó lo que aprendió de Molowny, que jamás fracasó en el banquillo del Madrid, o lo que le contaron de Miguel Muñoz, que duró 14 años (1959-74). Del Bosque no pasó de los cuatro. Pero, desde entonces nadie le ha superado.

A Del Bosque no se le recuerda ninguna discusión con la prensa

Casi desde que llegó al Madrid, Mourinho representa el contraste. Su fotografía pública no tiene felicidad. Su arrogancia, que siempre fue importante, ha cruzado mares. Sus discusiones con el periodismo ya han provocado las sospechas de la grada. El domingo una parte del Bernabéu se sintió en contra de él, posiblemente lo que más le excite. 'La presión me hace sentir más cómodo'. Pero si realmente es así, ¿por qué cada día que pasa es un personaje más susceptible? Del Bosque no era así y, como entrenador del Madrid, tuvo más calidad de vida. ¿Acaso eso no hace mejores a los entrenadores? Quizá el domingo, cuando analizó los silbidos del Bernabéu, Mourinho dio la respuesta sin querer. 'Fue algo que nunca me sucedió en el Oporto, Chelsea o Inter'. Casualidad o destino, allí le costó menos tiempo ganar la Copa de Europa de lo que le costará en Chamartín.

En cualquier caso, ¿ese estado de ánimo es culpa sólo de Mourinho o de lo que significa dirigir el Madrid? La pregunta tiene su lógica. Máxime si se valora lo que el Madrid ha significado para entrenadores de enorme prestigio en los últimos tiempos. Mourinho tendría acceso a una lista importante de gente, que murió sin probar su autoridad como Queiroz, Hiddink o Pellegrini. Cosas que no se conciben si se atiende a su reputación. Antes de llegar, Hiddink hizo campeón de Europa al PSV. Después, lideró a Corea en el Mundial 2002 y triunfó en el Chelsea. Pero en el Bernabeú fue un personaje enclenque y sin futuro. Salió en silencio a las semanas de ganar la Copa Intercontinental. Naturalmente, no recuerda esa época con simpatía. 'El Madrid me resultó un club extraño'.

Heynckes, campeón de Europa 32 años después, salió sin reputación

El pasado también encuentra a un entrenador como Radomir Antic. Sin ser sospechoso de crear mal ambiente en el vestuario, fue cesado siendo líder. Sin embargo, a Mou-rinho se le ha perdonado que el Barcelona arrase en el Bernabéu. Jupp Heynckes también podría recordar que, en su primer y único año, él ganó la séptima Copa de Europa para el Madrid. No le valió de nada. Salió del cargo a los dos meses como un hombre sin personalidad, incapaz de domesticar los egos de una plantilla que entonces tenía a Mijatovic, Suker o Raúl y que demuestra que con Cristiano no empezó el mundo.

Hay más ejemplos. Fabio Capello vivió una segunda etapa traumática (2006-07). En cada rueda de prensa entraba en una contradicción. Sacrificó hasta a Beckham sin avisar a nadie. Toshack salió debido a unas declaraciones en las que dijo que era 'más fácil ver a un cerdo volando en el Bernabéu' a que él rectificase. Una errónea previsión le costó el puesto a Schuster. 'Ganar ahora mismo en el Camp Nou es imposible'. Hay más casos que se quedaron sin perdón. Una bronca en un vestuario de Lleida sacrificó para siempre a Benito Floro. Luxemburgo se pregunta, desde Brasil, qué hubiera pasado ahora con él si el Barça le hubiese metido esas palizas. Hubiera durado semanas, no meses... Algo que, sin embargo, no ha ocurrido con Mourinho, que a menudo se siente tan ofendido. Quizá porque se le olvidó mirar al pasado.