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"Yo no haré lo del Kun"

El jugador, al que pretende el Barça, dice, sin embargo, estar "muy contento" en Londres

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El verano pasado, Cesc aprendió que no se pueden anteponer los sentimientos de las hinchadas y de los clubes a los intereses personales. Aquel 'quiero jugar en el Barça'que pronunció en el parque temático de Portaventura para forzar su traspaso, terminó por volverse en su contra. Por entonces, dio un paso que ahora no está dispuesto a dar. Le conviene tener tacto con el Arsenal. Pero, sobre todo, no provocar la ira de Wenger y dinamitar la operación como sucedió en su intentona de fuga del año pasado. Cesc ha terminado por asumir que su futuro en el Barça pasa por las manos de su actual entrenador y entiende que no debe desairarle, que los tiempos y las condiciones las maneja Wenger.

Barba descuidada, vaqueros raídos por diseño, americana negra y deportivas, la cautela con la que Cesc se manejó ayer ante la prensa en un acto publicitario en Madrid fue un ejercicio muy medido de contricción verbal. Una pista de que la operación de retorno al club en el que se formó hasta los 15 años está en marcha y de que cualquier distorsión o salida de tono por su parte podría frenarla. En este sentido, sus palabras también fueron una crítica velada contra las estrategias de los clubes más poderosos, que obligan a los jugadores que pretenden a declararse en rebeldía o hacer públicos sus deseos de fuga antes de entrar ellos en escena.

Cuando fue preguntado por si no era más convenientemente elaborar un discurso más claro y directo como ha hecho Agüero, la respuesta de Cesc destapó esa lección aprendida el verano pasado: 'Yo no haré lo del Kun. Toda persona tiene valores o no. Después de ocho años, después de lo que he trabajado y de lo que he sentido y vivido en ese club [el Arsenal], con esa gente, no voy a hacer que se pierda todo por decir una palabra. No lo voy a hacer. Mi manera de trabajar siempre ha sido la discreción'.

El mismo Cesc fue víctima de esas artimañas hace un año. Movió ficha y al final tuvo que quedarse en el Arsenal porque el Barcelona no llegó hasta el final. 'El verano pasado me equivoqué al posicionarme de manera tan clara y de los errores se aprende', reconoció el centrocampista.

Cesc teme que cualquier palabra de más por su parte irrite a Wenger, que el año pasado, pese a que prometió que le ayudaría a salir del Arsenal, le acabó por cerrar las puertas. Este verano también cuenta con esa promesa del entrenador francés, pero el futbolista que se ha convertido en una prioridad para Guardiola ha asimilado unas reglas de juego menos agresivas para poder abandonar Londres. Si lo hace, sólo será por las buenas: 'No todos los días voy a estar diciendo que quiero jugar en el Barcelona. Desde los 11 años, mi sueño es jugar allí, ¿a quién voy a engañar? Si luego pasa o no ,es otra cosa, porque no tengo el poder'.

Cuando Cesc habla de poder se refiere exclusivamente a su actual entrenador: 'Me lesioné al final de temporada y no hablo con Wenger desde hace seis semanas. Él es el jefe, quien toma las decisiones, y no sé si me quieren vender o no. Lo que sí tengo que decir es que soy jugador del Arsenal y que estoy muy contento allí'.

La realidad ganadora del Barça fue lo único de lo que Cesc no huyó: 'El Barça es el mejor equipo del mundo e ir allí garantiza títulos. Cualquier jugador que diga que no se siente frustrado si no gana títulos, miente. Yo soy ambicioso'.