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Los nobles de la Liga

Mientras el Barça hace las delicias de toda Europa, el Real Madrid se pelea con la UEFA por la chapuza de sus fichajes de invierno

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Mucho hablar de la Premier, pero el mejor equipo de Europa en la actualidad juega en la Liga BBVA. Es una gozada ver a Alves y Messi en la misma banda, casi deberían llevar una señal de peligro en lugar del dorsal para avisar de lo que se le avecina a sus rivales. Xavi está en el momento cumbre de su carrera y es un primor. Etoo ha recuperado la autoestima. A Henry parece que se le han pasado los problemas familiares. Hasta Touré Yayá se atreve. Vuelve Iniesta. Solidarios en defensa. Aprietan desde muy arriba. Vamos, Alicia en el País de las Maravillas.

Pero, claro, en todo siempre hay un pero. Los jugadores del Barcelona han salido a pedir que no se fría a Messi a faltas en vísperas del partido de Pamplona. Es la vieja pretensión de mediatizar al entorno, especialmente al arbitral, antes de un partido que se presume feo. Osasuna, farolillo rojo de la tabla, sólo puede plantear un partido para cortar el ritmo del rival, donde Messi no reciba el balón y si lo hace, no progrese. Habrá muchas faltas por orden de Camacho. No hablo de violencia, sino de ese otro fútbol al que tanto apeló el de Cieza cuando fue seleccionador y que ahora parece el único esquema capaz de parar a un arsenal de fútbol ofensivo como tiene el equipo azulgrana. Este Barça es demasiado grande como para andarse con chuminadas de ese tipo. Nobleza obliga.

El Real Madrid no es el mejor equipo de Europa, ni mucho menos. Aunque su presidente se haga la foto con la orejuda Copa de Europa en Algete. No critico la imagen. Faltaría más. Si un presidente puede retratarse junto a ese trofeo es el del Real Madrid, por las nueve que adornan sus vitrinas y por ser el club más laureado de la historia de la competición. El Madrid fue equipo pionero en la Copa de Europa, participó en su creación. Por eso, me parece triste que ahora esté litigando como si fuese el Gloria Bistrita (con todos los respetos) con el máximo organismo europeo, la UEFA. Si eres el Real Madrid y has cometido un error de bulto al no consultar una norma antes de fichar, pues reconócelo con humildad, pero no agotes todas las opciones.

Si el TAS no le da la razón, puede ser uno de los bochornos más grandes de la historia del club, después de la presencia de los Ultras en una Asamblea. Es el precio o la grandeza de llamarse Real Madrid. Nobleza obliga.

También me llama la atención que el valencianismo se aferre a las figuras de David Villa y David Silva como intocables. La grandeza del Valencia llegará cuando sanee su deuda y esto pasa por vender a sus estrellas, con todo el dolor del corazón.

Si algo ha hecho bien Del Nido en el Sevilla es entender que, para ser grande, había que ser un equipo vendedor. De allí han salido Sergio Ramos, el mejor Baptista, el impresionante Dani Alves, Poulsen y Keita esta misma temporada. Mucha caja para comprar buenos futbolistas, tirando a baratos, para luego revalorizar tu equipo. Así ha ganado cinco títulos, pero sobre todo se ha ganado el prestigio y el respeto. Valencia, por ciudad y por afición, debe ser un grande, pero sin quemar todo lo que se mueva. Nobleza obliga.

No puedo dejar de hacer una reflexión sobre el Atlético de Aguirre. Un equipo, según Jorge DAlessandro en Punto Pelota, mal trabajado tácticamente. Tremenda separación de líneas, mal equilibrio entre la defensa y el ataque, además de la eterna carencia de un jugador por el que fluya el fútbol en el centro del campo.

El Atleti tiene un ataque que casi compite con el del Barcelona Maxi, Simao, Forlán y Agüero y una defensa que, a día de hoy, compite con la del equipo de mi barrio. Pero no es problema de futbolistas, es problema de trabajo y entrenador. Parece que ante el Athletic llega su ser o no ser. Convendría que cayese en la cuenta de que en su casa tiene un chaval llamado Camacho que, a falta de trabajo táctico, lleva al Atleti en su piel. Cuando las cosas van mal, mejor tirar de ADN. Y en el caso de Camacho, el fluir rojiblanco es superlativo.

En este caso, a diferencia del Barça de Messi o del Madrid de Calderón, no es cuestión de nobleza. La lógica obliga de forma aplastante.