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Un ojo puesto en Casillas

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Al sexto día, 15 partidos después, le toca a España mostrarse, empezar, entrar de lleno en Suráfrica 2010. Lo necesitaba. No es más que un acto inicial, en absoluto decisivo, pero ya cansaba la espera. El Mundial es jugar. Con la roja y los de su grupo se cierra la primera jornada, que no es concluyente, pero sí orientativa. Un indicio fiable.

Sirve, por ejemplo, para asegurar que Francia no está ni se la espera. Y que Domenech, su entrenador, con razón o no, va a ser el mártir de este campeonato. Sirve para aceptar una vez más a Alemania entre los fuertes, ahora con gol, juego por abajo y un dominio de la nueva pelota que le pone en ventaja con respecto a todos los demás. Sirve para imaginarse grande a Argentina, a la que Messi, solo o en compañía de otros, está dispuesto a llevar de la mano. Sirve para confundirse con Italia, flojo en el inicio, luego, fiel a su particular lógica, temible en el final. Sirve para descubrir que a Inglaterra le vuelve vulnerable su portero. Sirve para sospechar de la Portugal de Cristiano y, reducidas definitivamente las distancias, para comprender que África y Asia están ahí. Y también, claro, para confirmar que Brasil mantiene el talento y la paciencia. Que será el aspirante a batir y a evitar en cuartos.

De los tocados para ganar, sólo queda escrutar a España. Y también a su portero, un puesto que la primera jornada ha dilapidado. Suráfrica está siendo el Mundial de las cantadas. Los encuentros se resuelven en su mayoría por errores de los guardametas, de los que el nuevo vuelo de la pelota ha debido sorprender. Brasil también se benefició de un fallo rival en la portería, pero el balón tuvo menos culpa en el primer gol que la desastrosa colocación del portero coreano.

Los porteros están contra las cuerdas. Por eso hay que observar a Casillas, que puso la venda antes de la herida y acertó. Por eso y por más. Porque el meta ya tenía las miradas encima antes de que la pelota se pusiera a volar raro. Y conviene que se las quite de encima nada más empezar. No estaría de más que España se estrenase con un golpe encima de la mesa. Sobre todo de su portero.