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El rapto de Banega da rédito al Sevilla

Kanouté da el triunfo a los locales ante un Valencia desmejorado

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El Valencia se escurrió del tobogán al que se había encaramado el pasado miércoles para plantarle cara al Barcelona. Pasó el ogro vestido de azulgrana y el equipo se dejó caer sin reparar en que a menos de 72 horas aguardaba el Sevilla. Ni cuando las circunstancias del partido le fueron favorables el conjunto de Emery, reservón en el once, supo cómo darle el bocado a la tarde. La verbena de expulsiones de la segunda mitad no tapa el decorado de un visitante con muchas menos calorías que en la jornada previa.

Después de los garrotazos por el planteamiento del martes en Pamplona y también, claro está, por la presión que llega desde el otro lado de la ciudad, el Sevilla se ponía ayer bajo el microscopio en busca del ansiado sello Marcelino. Con mayor clarividencia que en encuentros pasados pudieron detectarse algunos de los órganos vitales que pretende implantar el técnico: presión arriba, líneas juntas y transición veloz.

Al argentino le sacó del partido la presión adelantada de los locales

Lo más trascendente de su puesta en práctica fue el secuestro de Banega. Los locales crearon un desasosiego en la salida de balón valencianista huérfana del oxígeno del argentino. Maduro y Tino Costa fracasaron en el auxilio, tampoco hubo demasiada colaboración de los centrales. Así que lo que comenzó en intranquilidad empeoró en imprecisión y derivó en rápidas llegadas del Sevilla al área de Guaita.

En una de las aproximaciones, Navas le regaló una asistencia inmejorable a Kanouté. Frente al portero, resulta muy complicado contemplar un fallo del africano. El Valencia ni rechistaba. El socorro de Piatti y Jonas servía de muy poco cuando el equipo se aturdía en pases que otras tardes casi salen solos.

En el segundo tiempo se cumplió la probabilidad matemática que hacía inverosímil presenciar una interpretación tan descolorida de los de Emery. El equipo tuvo una mejor actitud, además de contar con el regalo de la absurda expulsión de Trochowski. Todavía se aclaró más el cielo con la roja directa a Escudé por derribo a Aduriz dentro del área. Sin embargo, Banega rubricó su rapto con el penalti fallido. El empate y los nueve jugadores del Sevilla hubieran dejado el triunfo listo para servir. Todavía tuvo Muñiz que mandar a la caseta a un jugador más por el pisotón de Aduriz a Spahic. El bosnio le buscó las cosquillas y el punta se metió en el lío.

Muñiz expulsó a tres jugadores en una movida segunda parte

En el diez contra nueve también salió mal parado el visitante. Poca claridad para encontrar los espacios ante un rival encerrado en la guarida. Tiró el técnico vasco ya de Soldado, pero se topó el goleador con otra tarde de Varas bajo palos.