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Stoner canta bajo la fina lluvia

Desinflado Simoncelli, Jorge Lorenzo consigue la segunda posición y logra mantener el liderato del Mundial

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Fueron apenas cuatro gotas, una leve lluvia, una ventana entreabierta, en el tramo final, a un ansiado cambio en el inalterable estado de las cosas. El agua, pensaron algunos, tal vez riegue Montmeló con la dosis de emoción que reclama: una caída inesperada; una pérdida de tiempo al cambiar de moto; un intento de adelantamiento que sacuda la carrera. Nada de eso sucedió. Casey Stoner, el de casi siempre, acabó cantando también bajo la fina lluvia porque, ausente Dani Pedrosa, Marco Simoncelli tampoco rentabilizó la cita que se suponía suya, y la Yamaha de Jorge Lorenzo no da para más.

El vigente campeón del mundo, segundo de nuevo, maximizó el insuficiente jugo de su máquina. El italiano, en cambio, se encogió: cedió la pole con el verde del semáforo y, cuando emergió del tumulto, se encontró en la sexta posición. Ya nada la alteró. Porque la carrera fue tan anodina que ni la fina lluvia la sacudió. Tuvo, eso sí, un efecto disuasorio: desconcertados y temerosos, los pilotos optaron por guardar la ropa y conservar.

No arriesgó Jorge Lorenzo, pues no tenía ningún motivo para hacerlo: sólo una caída de Stoner habría mejorado la segunda posición desde la que el mallorquín seguía contemplando como líder el Mundial. El australiano estaba demasiado lejos (a 2,4 segundos en la clasificación final) como para que el vigente campeón del mundo pudiera disputarle el triunfo. Y Ben Spies, tercero, tampoco parecía una amenaza real: enfrentado a la primera posibilidad en su carrera de alzarse al podio, el estadounidense no quiso ponerla en riesgo emprendiendo una persecución de su compañero de equipo.

Por detrás, el clan italiano tampoco estaba en condiciones de amenazar al trío de cabeza. Andrea Dovizioso impuso el poderío de su Honda a la fulgurante arrancada de Valentino Rossi partía séptimo para instalarse en la cuarta posición, y Simoncelli fue incapaz de relegar a la Ducati de Il Dottore del quinto lugar. Bravo en la calificación, el denostado italiano 'Simoncelli, te queremos fuera del Mundial. ¡Ánimo Dani!', rezaba una pancarta que el público dejó colgada en la tribuna principal una vez concluida la prueba se desinfló como un globo sin que nadie acertase a encontrar más explicación que su pésimo arranque y las cuatro gotas caídas. Después de todo el revuelo y expectación que había generado, Simoncelli desapareció junto a sus guardaespaldas sin decir esta boca es mía.

El estado de las cosas se había establecido bien pronto, pese a la fabulosa salida de Lorenzo, la mejor desde que compite en MotoGP, según sus palabras. El mallorquín pasó del tercer lugar al primero en un abrir de ojos y dio todo el gas que su Yamaha le permitió, pero insuficiente para mantener la cabeza más allá de la primera vuelta. Stoner le pasó al término del primero giro y fue poniendo décimas de por medio hasta ver rodar al vigente campeón a tres segundos y medio de distancia.

Fue más o menos entonces cuando el negro cielo dejó caer las primeras cuatro gotas, los equipos prepararon la segunda moto para agua en sus boxes, y los pilotos bajaron su ritmo de carrera en un segundo por temor a una caída. Sólo Lorenzo se mantuvo en sus tiempos. Consiguió rebajar ligeramente la diferencia respecto a Stoner, pero nada más. Su objetivo, lo había advertido, era otro: abandonar Montmeló aún como líder del Mundial. Logró su propósito, aunque, con su tercer triunfo en lo que va de curso, Stoner se colocó a tan sólo siete puntos (98 frente a 91). Con Pedrosa aún fuera de combate, Lorenzo persiste y reza por que las mejoras de su máquina lleguen como tarde en Brno.