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Bolivia traslada las tareas consulares a los locutorios

Los inmigrantes bolivianos renuevan sus pasaportes en estos comercios

GUSTAVO FRANCO

Con muros de pladur se creó el despacho, la recepción y la sala para la entrega de pasaportes. Dentro de un locutorio, los bolivianos residentes en Catalunya hacen esta gestión desde el 23 de enero. “El aire es pesado cuando esto se llena de gente, pero próximamente instalaremos un aire acondicionado”, explica Mario Camacho, vicecónsul de Bolivia en Barcelona.

En este local del barrio Sant Antoni –108 de la calle de Floridablanca–, donde los clientes habituales ahora se encuentran con un flujo constante de personas apuradas, hay que atravesar las cabinas y los ordenadores para encontrar la provisional sede consular. Se trata de una medida adoptada por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Cultos del país sudamericano para abastecer una demanda de 3.000 solicitudes en lista de espera y hasta 100 nuevas cada día, sólo en la Ciudad Condal.

También en Madrid se habilitó un locutorio con el inusual servicio consular. Está en el número 3 de la calle de la Escalinata, con dos ambientes, uno para las solicitudes y otro para las entregas. Desde el 14 de enero se han entregado 2.000 pasaportes. “Lo hacemos en este lugar porque queremos descongestionar las oficinas del Consulado y acabar con las interminables colas. Hasta el 15 de abril esperamos tramitar 8.000 documentos”, señala la titular del consulado en la capital, Erika Marcani.

Igual en Valencia y Murcia

La funcionaria aseguró que el servicio se extenderá a Valencia y Murcia, donde se trasladará el personal que ahora presta el servicio extraordinario. “Aún estamos estudiando las alternativas, pero seguramente será en locales similares”, aseguró la Cónsul. En estas ciudades los bolivianos contarán sólo con una semana, en la segunda quincena de marzo.

Además de la supuesta comodidad, Camacho explica que la insólita decisión responde “al interés que representa para los usuarios contar con Internet y telefonía en un mismo lugar”. Pero la buena intención no cala en todos. Como María Mendoza que finalmente, después de un año de colas y suspiros de impaciencia, obtendrá su pasaporte. “Es muy extraño que lo hagan aquí, lo veo muy mal, debería ser en otro lugar. Pero al menos tendré el documento”, explica la boliviana, empleada en el servicio doméstico.

Diez funcionarios atienden a decenas de usuarios, en jornada intensiva, en las capitales madrileña y catalana. Este plan de choque, que los cónsules llaman “descentralización consular”, pretende agilizar las solicitudes. Pero para otros usuarios como Carlos M., el gobierno de su país tarda demasiado en dar respuesta a la demanda. Aunque reconoce que el fenómeno migratorio en Bolivia ha superado cualquier expectativa. Carlos M. coincide con Camacho en la ventaja de realizar en un mismo sitio la “cita en la página web y llamar a mi familia para que me envíen algún documento”.

Gran parte de esta población llegó antes del 1 de abril de 2007, fecha en que se les cerraron las fronteras de la Unión Europea. Poco antes de la exigencia del visado, miles emigraron libremente y se establecieron en España. Desde entonces, la demanda de pasaportes creció exponencialmente y desbordó las oficinas del Consulado.

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