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"¿Por qué estoy en la cárcel?"

La actitud del padre de los niños de Córdoba desconcierta a los funcionarios de prisiones

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El funcionario le lanzó la pregunta rutinaria el viernes por la tarde, al poco de ingresar en la cárcel de Córdoba: '¿Sabe por qué está usted aquí?'. Y el recluso recién llegado le respondió casi sin inmutarse. 'No, no sé por qué estoy en la cárcel. Yo no he hecho nada'.

José Bretón, el padre de Ruth y José, los niños de 6 y 2 años desaparecidos el pasado 8 de octubre supuestamente en un parque de la ciudad andaluza, ha mantenido durante sus primeros días entre rejas la misma actitud desconcertante que tuvo durante las jornadas anteriores con los policías que investigan la pérdida de sus hijos y que lo detuvieron.

Cuando ingresó en prisión preguntó si podría cenar esa noche en su casa

'¿Derrumbarse por estar en la cárcel? Está más fresco que muchos delincuentes veteranos cuando ingresan. Parece que no le ha impresionado verse entre rejas', apuntaban ayer a este diario fuentes penitenciarias que han seguido con detalle la evolución del recluso durante estos primeros días. De hecho, José Bretón parece haberse adaptado bien a la rutina carcelaria. Recluido en el módulo de ingresos, sale a pasear cada día entre cuatro y seis horas, lee novelas, y come y cena en su celda.

Eso sí, desde el primer día, y por expresa indicación del juez que investiga la desaparición de los menores, está sometido al Protocolo de Prevención de Suicidios, un programa de Instituciones Penitenciarias que permite tener bajo control, con la ayuda de presos de confianza, a los reclusos de los que se teme pueden intentar acabar con su propia vida. En el caso de José Bretón, son dos los reos que se encargan de cuidarlo.

Uno, el que comparte celda con él, lo vigila por las noches. El segundo, que pernocta en otra cercana, durante los paseos por el patio. Cuando fue informado de que le iban a aplicar dicho protocolo, el padre de los menores contestó cortesmente al funcionario: 'Muchas gracias por preocuparse por mí'. Hasta ahora, no consta que haya intentado quitarse la vida.

Come en la celda, pasea por el patio y lee novelas que le facilitan en el centro

No obstante, el médico del centro penitenciario añadió otra medida adicional: impedirle ver la televisión, oír la radio y leer la prensa, para evitar que entre en contacto con lo que se está publicando casi a diario sobre el caso de la desa-parición de sus hijos y pueda afectarle. Lo único que puede hacer es leer los libros y revistas culturales que le entregan los funcionarios procedentes de la biblioteca del propio centro. Según fuentes penitenciarias, por ahora parece decantarse por la novela para llenar el tiempo. 'A algunos presos les da por escribir; a Bretón, ni eso', señalan las fuentes penitenciarias consultadas.

Sin embargo, el detalle que más ha llamado la atención de los responsables de su seguimiento en prisión es su supuesto alejamiento de la realidad. De hecho, la misma tarde que ingresó en prisión preguntó cuánto tiempo iba a tener que estar allí. 'No me gusta llegar tarde a cenar a casa', dijo como si no fuera consciente de lo que significaba la orden de prisión dictada por el juez.

Prisiones estudia cambiarle de cárcel en breve por motivos de seguridad

'Habla poco, pero tampoco se le ve abatido', apuntan fuentes penitenciarios. A veces se ha mostrado distante, cortante incluso, con los funcionarios que han intentado iniciar conversación con él. Las menos, ha comentado su situación, pero sin mencionar a sus hijos. En estos casos, ha señalado a la familia de su mujer, de la que está en trámites de separación, como la culpable de su situación: 'Ya intentaron hace tiempo meterme en un lío', asegura sin dar más detalles.

Mientras, Instituciones Penitenciarias no descarta trasladarlo por motivos de seguridad a otro centro penitenciario. Algo a lo que se opone José María Sánchez de Puerta, su abogado: 'Eso dificultaría mi defensa. De todas formas, espero sacarle en libertad en poco tiempo'. El letrado, que hoy lo visitará en prisión por primera vez, niega la supuesta frialdad de su cliente 'está bajo de moral', y descarta someterle a un examen psicológico que tampoco el juez ha pedido. Mientras tanto, su cliente continúa con la rutina carcelaria. Pasear, comer, leer novelas y preguntarse por qué está entre rejas.