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El 'caso de los trajes' devora el código ético

Las normas del PP impiden aceptar regalos que no sean fruto de los usos sociales

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En febrero de 2009 estallaba el caso Gürtel. Y los conservadores, que por estas fechas se afanaban en extender la idea de que se trataba de 'una trama contra el PP, no del PP', se pusieron manos a la obra para abanderar el discurso de la limpieza en el ejercicio de la política. Como resultado, idearon un producto, una especie de vacuna contra la corrupción: el Código de buenas prácticas.

El documento, que vino a sustituir el código ético elaborado en la etapa de José María Aznar, fue presentado el 21 de diciembre de 2009. Es decir, que cuando Francisco Camps dijo adiós a la Generalitat el pasado martes, estas normas internas del PP llevaban en vigor un año y siete meses. Un periodo de tiempo en el que la investigación judicial por el caso de los trajes no ha dejado de avanzar hasta poner a Camps y a otros tres dirigentes del partido en la Comunitat a meses del banquillo.

El president estuvo a punto de admitir que fue sobornado por la trama corrupta

Es el mismo periodo de tiempo en el que se han ido difuminando artículos del código ético como el que insta a los cargos del partido a abstenerse de conductas que puedan 'dañar la imagen u honorabilidad' del PP. O ese que prohíbe la aceptación de regalos que no respondan a los 'usos sociales'.

Desde que estalló este escándalo, el PP ha restado importancia a la posibilidad de que Francisco Camps, Ricardo Costa, Víctor Campos y Rafael Betoret hubiesen aceptado que los cabecillas de la trama Gürtel les agasajaran con trajes y otras prendas de vestir. 'Nadie se vende por tres trajes', han recitado hasta la saciedad desde el primer al último dirigente del partido.

El juez sostiene que regalar trajes trasciende lo 'inocuo y admisible'

Pero la mayor prueba de que este documento que nació, según se vendió el día de su presentación, para 'ir más allá de lo que marca la ley' ha caído en saco roto la ha servido el partido en bandeja esta misma semana.

Si la presión familiar y el miedo a perder a mitad de camino el apoyo de Rajoy no hubieran surtido efecto en el ya expresident, hoy Camps seguiría al frente del País Valencià habiendo reconocido ante el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV) que efectivamente había cometido un delito de cohecho pasivo impropio. Es decir, que la red de Francisco Correa le había regalado esos trajes que siempre dijo que había pagado.

A diferencia del expresident, sí firmaron la conformidad Víctor Campos y Rafael Betoret, aunque la marcha atrás de Camps les devuelve al banquillo.

Con esta firma, que en principio iba a ser unánime por parte de los cuatro imputados, el PP estaba dispuesto a enterrar ya del todo su Código de buenas prácticas, principalmente en lo relativo a la prohibición de recibir regalos.

La página 13 del auto del juez Flors lo deja muy claro. Los regalos 'merecen la conceptuación de dádiva a los efectos de lo establecido en el artículo 426 del Código Penal, sin que pueda equipararse, dada la peculiaridad del objeto regalado, la reiteración en su entrega y su mismo valor, a los presentes o a las atenciones de cortesía o de mero reconocimiento que los usos sociales aceptan como inocuos y admisibles'.

Tal afirmación del juez, que el PP recomendó a Camps reconocer, se da de bruces con el punto siete del código ético. Ese que decreta 'la prohibición de aceptar cualesquiera regalos, atenciones o liberalidades que no respondan, por su importe o causa, a los usos y costumbres sociales'. Es decir, que el caso de los trajes no sólo se ha llevado por delante a Camps, también al código ético de Rajoy. Y que la vacuna no ha funcionado.